
Los episodios de calor intenso se han convertido en una situación frecuente en España y otros países afectados por el cambio climático. Más allá de las molestias que genera el calor, la preocupación por su impacto en la salud cardiovascular aumenta, especialmente cuando se combina con altos niveles de contaminación ambiental.
Según investigaciones recientes, la combinación de olas de calor y altos niveles de ozono en el aire puede elevar el riesgo de infarto agudo de miocardio, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas. Aunque suele relacionarse con mayores o personas con enfermedades previas, los adultos jóvenes también están en riesgo, especialmente en zonas urbanas con gran contaminación.
Aumento del riesgo cardiovascular durante olas de calor
Varios estudios han confirmado que las altas temperaturas incrementan la carga en el corazón. El cuerpo intenta disipar el calor mediante sudoración y un aumento del ritmo cardíaco, lo que puede desencadenar problemas en quienes tienen predisposición o no tienen diagnósticos previos. La situación empeora cuando el calor se acompaña de altos niveles de ozono troposférico, un contaminante que irrita las vías respiratorias y dificulta el correcto funcionamiento cardiovascular.
En ciudades como Madrid, donde la mayoría de la población está expuesta a niveles preocupantes de ozono, el riesgo se intensifica. La investigación indica que, en estas condiciones, la probabilidad de sufrir un infarto aumenta hasta un 33% en comparación con días más frescos y con menor polución. Este fenómeno afecta especialmente a personas entre 18 y 64 años, un grupo que no suele considerarse en los riesgos tradicionales.
Diferencias entre hombres y mujeres ante los factores ambientales
Uno de los aspectos más llamativos de los estudios es que la respuesta al calor y la contaminación varía según el sexo. En las mujeres, el riesgo de infarto aumenta principalmente cuando ambos factores –temperatura elevada y ozono– actúan conjuntamente. En cambio, en los hombres, la presencia de uno solo de estos factores ya representa una amenaza significativa para la salud cardiovascular.
En definitiva, los varones parecen ser más sensibles a cada factor por separado, mientras que en las mujeres, la combinación de ambos es la que provoca un mayor número de casos de infarto en épocas de calor.
Limitaciones de los datos y grupos más expuestos
Los expertos advierten que, aunque los datos aportan información valiosa, existen limitaciones para generalizar los resultados. Por ejemplo, el estudio principal analizó una población asegurada, lo que excluye a quienes no tienen cobertura médica, un grupo potencialmente más vulnerable por vivir en zonas más contaminadas o contar con menos recursos para protegerse del calor.
Además, no siempre se consideran variables como otras enfermedades (como diabetes o hipertensión), que pueden agravar las consecuencias del calor y la polución. Sin embargo, los investigadores insisten en que, tanto para personas sanas como para quienes tienen factores de riesgo, es fundamental adoptar medidas preventivas durante episodios de altas temperaturas y contaminación.
Recomendaciones para reducir el riesgo de infartos durante el calor intenso
La evidencia indica que los profesionales sanitarios deben informar a la población sobre los peligros de la exposición a temperaturas elevadas y a la contaminación atmosférica, especialmente en quienes tienen menos información. Algunas acciones simples, como evitar el ejercicio intenso en las horas más calurosas, mantener una correcta hidratación, buscar lugares frescos y limitar la exposición al aire libre en días con mala calidad del aire, pueden marcar una diferencia.
Para quienes ya presentan problemas cardiovasculares o factores de riesgo, las precauciones deben ser aún mayores. Se recomienda seguir las indicaciones médicas, evitar desplazamientos innecesarios en días muy calurosos y estar atentos a síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar o palpitaciones.
La creciente frecuencia de olas de calor y la contaminación urbana resaltan la importancia de tomar medidas para afrontar las olas de calor. Tomar precauciones adicionales puede salvar vidas y prevenir complicaciones en quienes, en un principio, no se consideran en riesgo.