
La selva amazónica, uno de los pulmones verdes del planeta, está entrando poco a poco en un nuevo escenario climático mucho más extremo. Investigaciones recientes alertan de que este gran bosque tropical, adaptado al clima tropical clásico, se dirige hacia un régimen denominado clima hipertropical, marcado por temperaturas muy altas y una sequía más prolongada e intensa de lo habitual.
Este cambio no es un simple matiz dentro del clima tropical clásico, sino una alteración de fondo que, según los científicos, no se veía en la Tierra desde hace decenas de millones de años. La combinación de calor y falta de agua está sometiendo a los árboles de la Amazonia a un estrés fisiológico severo, con un repunte claro de la mortalidad y un impacto directo sobre la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono.
Qué es el clima hipertropical y por qué preocupa a la comunidad científica
Los expertos han acuñado el término “hipertrópicos” para describir este nuevo régimen climático que empieza a perfilarse en la selva amazónica. Se trata de zonas que se vuelven más cálidas que el 99% de los climas tropicales históricos, superando los límites en los que tradicionalmente se movían los bosques ecuatoriales.
En estas condiciones, la típica estación seca de la Amazonia, que suele concentrarse entre julio y septiembre, se alarga y se vuelve más rigurosa. El aumento global de la temperatura intensifica las olas de calor, de modo que los episodios de sequía dejan de ser puntuales y se convierten en períodos de sequía extremadamente calurosa, mucho más dañina para la vegetación.
Hasta ahora, este ambiente hipertropical solo se daba de forma esporádica, durante unos pocos días o semanas en sequías excepcionales. Sin embargo, los modelos climáticos apuntan a que, si se mantienen los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero, estas condiciones podrían normalizarse a lo largo del siglo, transformando progresivamente el paisaje y el funcionamiento ecológico de la Amazonia.
El estudio liderado por la Universidad de California en Berkeley, publicado en la revista Nature, plantea un escenario en el que el clima que hoy consideramos tropical podría verse desplazado por este nuevo bioma hipertropical, ausente del planeta desde eras geológicas remotas y con consecuencias difíciles de revertir a escala humana.
Más calor, menos agua: cómo se estresa la selva amazónica
El eje del problema está en la combinación de incremento térmico y déficit hídrico. Durante las sequías más fuertes registradas en las últimas décadas, la humedad del suelo en algunas áreas de la Amazonia ha llegado a descender hasta un tercio de su contenido habitual. A partir de ese umbral, los árboles dejan prácticamente de absorber carbono y entran en una fase crítica.
Cuando el suelo se seca en exceso, los sistemas de raíces no pueden suministrar suficiente agua a la copa, lo que provoca un colapso hidráulico. En la savia aparecen burbujas de aire, un fenómeno comparable a una embolia, que impide el transporte de agua y nutrientes. Si estas embolias se acumulan, el árbol termina muriendo, aunque en algunos casos la planta intente “sacrificar” ramas para mantener con vida el tronco y las partes más importantes.
Este proceso se ve agravado por las temperaturas anómalamente altas, que aumentan la evaporación y la transpiración de las hojas. En un clima hipertropical, la demanda de agua por parte de la atmósfera es tan elevada que los árboles no consiguen compensarla, incluso en zonas que antaño se consideraban relativamente húmedas todo el año.
Los sensores instalados en torres de observación, de unos 50 metros de altura, han permitido registrar durante más de tres décadas temperatura, humedad, radiación solar y contenido de agua en el suelo. A partir de estos datos, el equipo de investigación ha comprobado que, tras sequías extraordinarias como las asociadas a los episodios de El Niño de 2015 y 2023, se produce un aumento claro de la mortalidad de árboles.
El seguimiento continuo del flujo de savia, la temperatura de las hojas y la transpiración ha revelado que, una vez que la humedad del suelo cae por debajo de un determinado valor, alrededor de 0,32 en volumen, las tasas de transpiración se desploman. Para los investigadores, este comportamiento marca una frontera crítica a partir de la cual el bosque deja de funcionar como hasta ahora y se aproxima al umbral hipertropical.
Un aumento del 55% en la mortalidad de árboles y un ciclo del carbono en jaque
Una de las conclusiones más inquietantes del trabajo es que las condiciones de clima hipertropical provocan un aumento aproximado del 55% en la tasa de mortalidad de los árboles durante los episodios de sequía extrema. Aunque la mortalidad anual en un bosque maduro suele situarse en algo más del 1%, un incremento de este calibre tiene un efecto acumulativo notable sobre décadas.
Los bosques tropicales, y la Amazonia en particular, son un sumidero clave de carbono: absorben más dióxido de carbono procedente de las actividades humanas que cualquier otro tipo de ecosistema terrestre. Cuando la selva pierde árboles a gran escala, no solo disminuye su capacidad para capturar CO2, sino que parte del carbono almacenado en la biomasa muerta acaba volviendo a la atmósfera.
Tras las últimas grandes sequías amazónicas se ha observado precisamente un repunte en las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico, lo que indica que el balance de carbono puede inclinarse hacia emisiones netas en lugar de absorción. Si este patrón se consolida con un clima cada vez más hipertropical, el papel amortiguador de la Amazonia frente al calentamiento global podría debilitarse de forma estructural.
El estudio también pone el foco en la diferencia de respuesta entre tipos de árboles. Las especies de crecimiento rápido y madera poco densa resultan notablemente más vulnerables a la sequía extrema que aquellas de crecimiento lento y madera más densa. En la práctica, esto significa que los bosques secundarios y las áreas regeneradas, muy frecuentes en zonas deforestadas, podrían sufrir un impacto aún mayor bajo condiciones hipertropicales.
Este cambio selectivo en la mortalidad puede alterar la composición de especies, favoreciendo árboles más resistentes pero quizá menos eficientes en la captura de carbono. A largo plazo, el propio funcionamiento ecológico de la selva amazónica podría transformarse, con consecuencias que van más allá de la región y afectan al equilibrio climático global.
Proyecciones para 2100: del trópico al hipertrópico
Las simulaciones realizadas por el equipo internacional de investigadores, en un escenario de emisiones de gases de efecto invernadero sin grandes recortes, apuntan a que hacia finales de siglo las sequías extremadamente calurosas podrían alcanzar hasta unos 150 días al año en amplias áreas de la Amazonia.
En un contexto así, los días de calor y sequía severa dejarían de concentrarse únicamente en el pico de la estación seca. Los modelos señalan que podrían extenderse incluso a los meses tradicionalmente más lluviosos, lo que supone una ruptura con el patrón climático al que se ha adaptado la vegetación tropical durante milenios.
Los autores del estudio advierten de que, si no se reduce de forma contundente la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero, la transición hacia un clima hipertropical podría acelerarse. Bajo ese escenario, muchas zonas de la Amazonia experimentarían condiciones de estrés hídrico y térmico de manera recurrente, con un riesgo creciente de mortalidad masiva de árboles y de degradación del bosque.
Este cambio no necesariamente implicaría una desaparición instantánea de la selva, pero sí una transformación progresiva hacia ecosistemas menos densos, con pérdida de biodiversidad y de biomasa.
Los científicos subrayan que este panorama no está escrito en piedra: el desenlace depende en gran medida de las decisiones que se tomen en las próximas décadas en materia de clima, tanto a nivel global como regional. Reducir de forma drástica las emisiones y proteger los bosques que aún se mantienen en pie se consideran pasos esenciales para limitar la expansión de los hipertrópicos.
Un fenómeno con ecos fuera de la Amazonia: África y sudeste asiático en el punto de mira
Aunque la investigación se centra en la Amazonia, las conclusiones tienen implicaciones directas para otras grandes selvas tropicales. Las proyecciones climáticas sugieren que bosques lluviosos de África occidental y del sudeste asiático podrían empezar a experimentar también condiciones hipertropicales a medida que avance el calentamiento global.
Estos ecosistemas comparten rasgos clave con la Amazonia: alta biodiversidad, gran capacidad de almacenamiento de carbono y una dependencia muy fuerte de un equilibrio delicado entre lluvia y temperatura. Si ese equilibrio se rompe, el patrón de mayor mortalidad de árboles, pérdida de biomasa y menor captación de CO2 podría reproducirse en otras regiones tropicales críticas para el sistema climático mundial.
Para Europa y, en particular, para países como España, esta posible expansión del clima hipertropical no es una cuestión lejana. El deterioro de los grandes bosques tropicales afecta a la circulación atmosférica global y a la evolución del calentamiento, lo que influye a su vez en olas de calor, sequías e impactos climáticos sobre el Mediterráneo y el continente europeo.
De hecho, la ciencia del clima ya ha mostrado que episodios extremos en los trópicos, como las fuertes sequías amazónicas, pueden relacionarse con alteraciones en patrones de lluvia y en la intensidad de fenómenos como El Niño, que tienen efectos indirectos sobre el tiempo en Europa. El avance de los hipertrópicos, por tanto, se integra en una cadena de procesos que acaban repercutiendo en la vida cotidiana de regiones alejadas de la selva.
Por ello, los autores insisten en que la protección de los bosques tropicales debe entenderse como una pieza central de la respuesta global frente a la crisis climática. No solo por su valor ecológico intrínseco, sino porque su estabilidad ayuda a amortiguar cambios que, de otra manera, podrían ser aún más bruscos a escala planetaria.
La fotografía que dibujan los estudios sobre el nuevo clima hipertropical en la Amazonia es la de un sistema natural puesto al límite por el calentamiento global. A través de datos de campo recogidos durante más de 30 años y de modelos que proyectan la evolución del clima hasta final de siglo, los investigadores muestran que el binomio de calor extremo y sequía prolongada ya está aumentando la muerte de árboles, reduciendo la capacidad de los bosques para absorber CO2 y abriendo la puerta a un bioma desconocido en tiempos recientes de la Tierra. Las decisiones que se tomen en las próximas décadas determinarán en buena medida si la Amazonia, y otras grandes selvas tropicales, se consolidan como hipertrópicos o si se logra frenar esta deriva hacia un clima mucho más hostil para los propios bosques y, en última instancia, para el conjunto del planeta.