
Parece que el clima nos va a dar un respiro muy corto antes de meterse en harina con lo que viene. Tras una etapa de relativa calma con una fase neutra y una Niña que no ha dado mucha guerra, los mapas del tiempo están empezando a teñirse de rojo. La comunidad científica está mirando de reojo al Pacífico porque todo apunta a que un calentamiento anómalo de las aguas está a la vuelta de la esquina y no va a ser precisamente una broma ligera para nuestros termómetros.
La verdad es que el panorama pinta movidito para los próximos meses. Las predicciones que manejan los expertos sugieren que, a medida que avance el año, entraremos de lleno en una fase de El Niño que podría alcanzar niveles de intensidad que no veíamos hace tiempo. No es solo que el agua se caliente un poco, es que algunos ya se atreven a hablar de un fenómeno de categoría histórica que podría poner patas arriba los patrones de lluvia y calor a los que estamos acostumbrados en medio mundo.
¿Qué está pasando realmente en las profundidades del Pacífico?
Para entender este jaleo, hay que fijarse en lo que ocurre bajo la superficie del mar. Actualmente, una masa de agua caliente conocida como onda Kelvin se está desplazando hacia el este, y lo cierto es que las temperaturas detectadas son superiores a las que se vieron antes de los grandes episodios de finales del siglo pasado. Cuando los vientos alisios pierden fuelle, toda esa energía acumulada se desplaza hacia las costas americanas, alterando la presión atmosférica y creando un efecto dominó que acaba afectando a todo el planeta.
Lo que diferencia esta situación de otras anteriores es el contexto en el que nos encontramos. Con la atmósfera ya bastante cargada de gases de efecto invernadero, al sistema climático le cuesta horrores disipar el calor extra que libera El Niño. Es como si intentaras enfriar una habitación que ya está caldeada abriendo un horno; el resultado es un aumento de la temperatura global que podría hacernos sudar de lo lindo durante las próximas temporadas, superando récords que creíamos lejanos.
Predicciones y probabilidades para el territorio europeo

Si nos centramos en lo que nos toca de cerca, en España y en el resto del Viejo Continente, la señal de este fenómeno siempre ha sido un poco más difícil de leer por nuestra geografía. Sin embargo, cuando El Niño viene con tanta fuerza, lo habitual es que notemos un invierno bastante más suave de lo normal, con temperaturas que no corresponden a la época. Pero ojo, que esto no significa que todo sea sol y buen tiempo, ya que la inestabilidad suele aumentar de forma considerable en la cuenca del Mediterráneo.
Vaya tela con las previsiones pluviométricas, porque cuando el Pacífico se calienta de esta manera, la probabilidad de que veamos episodios de lluvias torrenciales en el sur de Europa se dispara. No es raro que se produzcan DANAs o borrascas muy profundas que descargan mucha agua en poco tiempo, algo que ya hemos visto que puede ser bastante peligroso. Así que, aunque el fenómeno nazca a miles de kilómetros, aquí también vamos a tener que preparar el paraguas y el aire acondicionado.
Un impacto que va mucho más allá del simple termómetro
Aparte del calor que vamos a pasar, este fenómeno tiene una cara B bastante más seria relacionada con la economía y la salud. Se ha comprobado que los eventos más potentes de El Niño pueden afectar incluso a la esperanza de vida en las regiones más vulnerables debido a la alteración de las cosechas y la propagación de enfermedades. Cuando la agricultura falla por culpa de sequías extremas o inundaciones imprevistas, el precio de la comida sube y eso lo acabamos pagando todos en el supermercado, da igual donde vivas.
La gestión del agua se va a convertir en el gran quebradero de cabeza para los gobiernos. Con millones de hectáreas de cultivo en riesgo por todo el globo, la seguridad alimentaria se pone en entredicho, especialmente en zonas que ya andan justas de recursos. Lo que empezó siendo una curiosidad de los pescadores peruanos hace siglos, hoy se ha convertido en una pieza clave del engranaje climático que nos obliga a estar prevenidos ante lo que podría ser un cierre de año con meteorología extrema.
En definitiva, la situación actual del Pacífico indica que nos acercamos a un ciclo climático de gran magnitud que pondrá a prueba nuestra capacidad de adaptación. Con una probabilidad muy alta de que se consolide este verano, los efectos se dejarán sentir globalmente, trayendo consigo un aumento de las temperaturas medias y una mayor incertidumbre en las precipitaciones. No se trata solo de un año más cálido, sino de un recordatorio de cómo la conexión entre el océano y la atmósfera define nuestra vida cotidiana, obligándonos a vigilar de cerca cada pequeño cambio en la superficie marina para anticiparnos a los desafíos ambientales que se avecinan.

