El New Glenn de Blue Origin salta por los aires en una prueba: Jeff Bezos se enfrenta a un nuevo revés espacial

  • La explosión ocurrió durante un ensayo de encendido estático de los motores en la plataforma Launch Complex 36 de Cabo Cañaveral.
  • A pesar de la espectacular bola de fuego y los daños materiales, no se han registrado heridos entre el personal de la compañía.
  • El accidente supone un retraso crítico para el despliegue de la red de satélites Leo de Amazon y los planes lunares de la NASA.
  • La única plataforma de lanzamiento preparada para este cohete ha sufrido daños estructurales importantes, incluida la caída de una torre de protección.

Explosión del cohete New Glenn en la plataforma

La noche en Florida se iluminó de forma inesperada cuando una gigantesca bola de fuego envolvió al New Glenn, el cohete estrella de Blue Origin. El incidente ocurrió alrededor de las tres de la madrugada, hora peninsular española, mientras el equipo técnico realizaba una prueba de encendido estático de sus motores en la mítica base de Cabo Cañaveral. Lo que debía ser un ensayo rutinario para verificar la potencia de los propulsores terminó en un estallido que se pudo sentir a varios kilómetros de distancia de la costa estadounidense.

Tras el suceso, la empresa fundada por Jeff Bezos no tardó en calificar el evento como una «anomalía», un término muy socorrido en el sector aeroespacial cuando las cosas no salen según lo previsto. Por suerte, y a pesar de lo aparatoso de las llamas, todo el personal se encuentra a salvo y localizado, lo que ha supuesto un alivio inmediato para los responsables de la misión. El propio Bezos reconoció en sus redes sociales que ha sido un día realmente duro, pero mantiene la mirada puesta en la reconstrucción necesaria para volver a intentar el despegue lo antes posible.

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Graves daños en la plataforma Launch Complex 36

El problema no es solo la pérdida del vehículo, sino el estado en el que ha quedado el Complejo de Lanzamiento 36. Esta infraestructura es la única en todo el planeta diseñada específicamente para que el New Glenn pueda despegar, y las primeras imágenes tras el incendio muestran un escenario preocupante. Una de las torres de protección contra rayos se ha desplomado debido a la onda expansiva, lo que sugiere que las reparaciones y la posterior certificación de la base podrían demorarse durante varios meses.

Los analistas del sector coinciden en que este parón técnico es un jarro de agua fría para las aspiraciones de la compañía. Al no tener una plataforma de repuesto, cualquier fallo estructural en el LC-36 bloquea por completo el calendario de lanzamientos previstos para este año. No basta con fabricar un nuevo cohete; hace falta que el suelo desde el que debe partir sea seguro, y ahora mismo esa seguridad está en entredicho hasta que concluya la investigación oficial coordinada con las autoridades de aviación.

Daños tras la explosión del cohete de Blue Origin

Consecuencias para Amazon y el programa Artemis de la NASA

Este tropiezo afecta de lleno a los planes de Amazon y su constelación de satélites Leo, que busca competir directamente con el servicio Starlink de Elon Musk. El cohete accidentado tenía la misión de poner en órbita 48 nuevos satélites a principios de junio para reforzar la red de banda ancha de la multinacional. Aunque la carga útil no estaba montada en el momento de la explosión, el retraso logístico es inevitable y deja a la red de Bezos un paso por detrás en la carrera por el internet satelital global.

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Por otro lado, la NASA mira con lupa lo sucedido, ya que el New Glenn es una pieza fundamental para el programa Artemis. La agencia espacial cuenta con Blue Origin para desarrollar los sistemas que deben llevar de nuevo a seres humanos a la Luna en los próximos años. Jared Isaacman, administrador de la NASA, ha recordado que el espacio no perdona errores y que desarrollar cohetes de carga pesada es una tarea titánica, por lo que trabajarán codo con codo con la empresa para evaluar el impacto real en las misiones lunares programadas.

Desde el punto de vista económico, el golpe es considerable si tenemos en cuenta que cada propulsor principal tiene un coste de fabricación superior a los cien millones de dólares. A esto hay que sumar los problemas previos que ya arrastraba el motor BE-4, que en misiones pasadas no logró colocar la carga en la órbita deseada. El objetivo de Blue Origin de crear vehículos reutilizables para abaratar costes se ve empañado por un suceso que obliga a replantear la fiabilidad de sus componentes ante el empuje de sus competidores directos.

La situación actual obliga a Blue Origin a centrarse ahora mismo en descubrir qué falló exactamente en los motores antes de volver a llenar los depósitos de combustible. Las miradas están puestas en la fatiga de los materiales y en los sistemas de control de tierra que no pudieron contener el incendio inicial. El camino hacia el espacio exterior sigue demostrando ser una de las aventuras más arriesgadas y costosas para la iniciativa privada, que ahora deberá demostrar su capacidad de resiliencia para no perder el tren de la nueva era de exploración lunar.