
Lo que se vivió la otra noche en Filipinas parece sacado directamente de una superproducción de Hollywood, pero nada más lejos de la realidad. Las cámaras de seguridad que monitorizan el volcán Mayón de forma ininterrumpida captaron un momento que ha dejado a todo el mundo con la boca abierta: un meteoro cruzando el firmamento justo cuando el cráter escupía lava. Es de esas carambolas del destino que ocurren una vez cada mil años, uniendo la furia de la tierra con un visitante del espacio profundo en un solo encuadre.
El suceso tuvo lugar exactamente el pasado 25 de mayo de 2026, dejando a los vecinos de la isla de Luzón con una mezcla de asombro y un poco de miedo en el cuerpo, que no es para menos. Eran las diez y media de la noche cuando un destello cegador iluminó el cielo nocturno, compitiendo en brillo con el resplandor rojo de la propia erupción. La escena, grabada por el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología, se ha vuelto viral en cuestión de horas porque no todos los días se ve una bola de fuego verde pasar tan cerca de un volcán en activo.
Análisis de los expertos sobre el supuesto impacto

Al principio hubo bastante lío con lo que había pasado realmente, ya que las primeras informaciones apuntaban a que el objeto había chocado contra la ladera norte. Sin embargo, tras echar un ojo a los registros sísmicos y de infrasonido, los científicos rectificaron y confirmaron que la fricción atmosférica deshizo el objeto mucho antes de que pudiera tocar el suelo. Menos mal, porque un impacto en un volcán que ya de por sí está dando guerra habría sido un problema gordo para las poblaciones cercanas.
Vaya tela con la potencia del bólido, porque según los cálculos realizados a posteriori, se estima que la energía de millones de kilos de pólvora fue liberada en apenas un segundo de incandescencia. Aunque desde España o Europa nos pille un poco lejos, este tipo de eventos son seguidos muy de cerca por la comunidad científica internacional, ya que ayudan a entender cómo nuestra atmósfera actúa como un escudo protector ante las rocas que deambulan por el sistema solar.
El misterio del resplandor verde en el cielo

Una de las cosas que más ha llamado la atención de los curiosos es el color esmeralda tan intenso que desprendía la roca al caer. Los astrónomos explican que ese tono verdoso se debe principalmente a la presencia de magnesio en la composición del meteoroide, que al entrar en contacto con el aire a temperaturas altísimas acaba brillando de esa manera tan característica. Es un fenómeno similar al que vemos en los fuegos artificiales, pero a una escala natural y muchísimo más potente.
Para no hacernos un lío con los términos técnicos, es fundamental distinguir que lo que vimos fue un meteoro, pues se trata de un fenómeno luminoso que no llegó a convertirse en meteorito al no impactar contra la superficie terrestre. A decir verdad, la atmósfera terrestre recibe millones de fragmentos de escombros espaciales a diario, pero que uno coincida de esta forma tan precisa sobre un volcán tan emblemático como el Mayón es, sencillamente, una chulada estadística.
Una erupción que no parece tener fin
Mientras el cielo daba su propio espectáculo, el volcán Mayón seguía a lo suyo, manteniendo una actividad que ya dura meses. De hecho, el gigante filipino lleva más de 140 días en erupción efusiva, con ríos de lava descendiendo por sus pendientes y un registro de más de 340 desprendimientos de rocas en un solo periodo de 24 horas. Esta vigilancia extrema es la que ha permitido que hubiera tantas cámaras apuntando en la dirección correcta en el momento justo.
Al final, este cruce de caminos entre la geología y la astronomía nos enseña la enorme capacidad de protección de nuestro planeta frente a las amenazas externas. El Mayón seguirá bajo la lupa de los científicos por su peligrosidad, pero este destello verde quedará grabado como uno de los momentos más curiosos de su historia reciente, recordándonos que la naturaleza siempre tiene un as bajo la manga para dejarnos sin palabras cuando menos lo esperamos.