El cometa interestelar 3I/ATLAS revela su quĂ­mica y su peculiar actividad al pasar por el Sistema Solar

  • 3I/ATLAS es el tercer cometa interestelar confirmado y se ha estudiado a fondo desde observatorios europeos, especialmente en Canarias y Cataluña.
  • Su composiciĂłn muestra proporciones inusualmente altas de metanol y cianuro de hidrĂłgeno, ingredientes clave para la quĂ­mica prebiĂłtica.
  • Las observaciones con el Two-meter Twin Telescope han detectado chorros oscilantes y una anticola hacia el Sol, lo que ha permitido medir su rotaciĂłn.
  • El cometa no supone riesgo para la Tierra, pero ofrece una oportunidad Ăşnica para comparar la fĂ­sica y la quĂ­mica de otros sistemas planetarios con la de nuestro entorno.

cometa interestelar en el espacio

El cometa 3I/ATLAS se ha ganado un hueco en la historia de la astronomía como el tercer visitante interestelar confirmado que atraviesa nuestro Sistema Solar. Su paso fugaz ha dejado tras de sí una avalancha de datos científicos que van mucho más allá de la simple anécdota cósmica: desde su química rica en moléculas orgánicas hasta unos chorros de gas y polvo que revelan cómo gira su núcleo helado.

Lejos de ser un simple punto borroso en el cielo, 3I/ATLAS se ha convertido en un auténtico laboratorio natural para estudiar materia procedente de otro sistema estelar. Observatorios europeos, con un papel destacado de las instalaciones en España y las Islas Canarias, han seguido de cerca su trayectoria hiperbólica, su composición y su actividad, aprovechando la ventana única que ofrece un objeto que, una vez se aleje, no volverá a pasar por aquí.

Un visitante interestelar que viaja de paso por nuestro vecindario

3I/ATLAS fue identificado oficialmente el 1 de julio de 2025 por el sistema de alerta ATLAS, con sede en Chile, y comunicado al Minor Planet Center. Revisiones posteriores de archivos de observación permitieron localizar imágenes previas desde mediados de junio, incluyendo datos obtenidos desde el observatorio de Palomar en Estados Unidos.

El máximo acercamiento al Sol (perihelio) se produjo el 30 de octubre de 2025, a unos 210 millones de kilómetros de la estrella. Semanas más tarde, el 19 de diciembre de 2025 alcanzó su mínima distancia a la Tierra, en torno a 269-270 millones de kilómetros, una separación suficientemente amplia como para descartar cualquier riesgo, pero lo bastante cercana para que los telescopios pudieran exprimirlo al máximo.

Desde el momento de su detección, la NASA, la ESA y numerosos observatorios en tierra han seguido su movimiento y su brillo. Su velocidad respecto al Sol es extremadamente alta, propia de un objeto que no está “atrapado” por la gravedad solar y que simplemente cruza nuestro vecindario antes de perderse otra vez en el espacio entre estrellas.

imagen de un cometa interestelar

La quĂ­mica de un cometa que trae ingredientes para la vida

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la composición química de 3I/ATLAS. Las observaciones realizadas con el radiotelescopio ALMA entre agosto y octubre de 2025 han permitido estudiar con gran detalle el gas que se desprende del cometa a medida que se calienta al acercarse al Sol.

Los datos muestran que el metanol representa alrededor del 8% del vapor liberado, una proporciĂłn que contrasta de manera clara con la de los cometas tĂ­picos del Sistema Solar, donde este compuesto suele rondar el 2%. Esta diferencia sugiere que el cometa se formĂł en un entorno con condiciones quĂ­micas algo distintas a las de nuestra nube protoplanetaria.

Además del metanol, se ha detectado cianuro de hidrógeno y otras moléculas que resultan clave para la química prebiótica. Estas sustancias participan en la formación de aminoácidos y azúcares, precursores de estructuras tan fundamentales como el ADN y el ARN. El hallazgo refuerza la idea de que los ingredientes básicos para la vida no son exclusivos de nuestro rincón de la galaxia.

Los análisis también indican la presencia de hielo de agua en el interior del cometa. El hielo, combinado con compuestos orgánicos y otras especies volátiles, convierte a 3I/ATLAS en una pieza especialmente valiosa para entender cómo pueden distribuirse por la galaxia los elementos esenciales para la biología. Todo ello, sin necesidad de abandonar nuestro propio sistema estelar.

Los equipos que han liderado estas observaciones insisten en que, pese a lo llamativo de su química, no hay indicios de un origen artificial o tecnológico. Se trata de un cuerpo natural, expulsado de su sistema de origen y conservado durante miles de millones de años en el frío interestelar hasta su encuentro con el Sol.

Chorros oscilantes y una anticola que apunta hacia el Sol

Si la composición química ya era interesante, la actividad de 3I/ATLAS ha resultado aún más sorprendente. Varias campañas de observación han detectado un chorro estrecho de gas y polvo que nace en la zona iluminada por el Sol y que cambia de orientación de forma periódica, distinto de la cola de polvo convencional que se extiende en dirección opuesta a la estrella.

Este patrón se ha observado con especial detalle gracias al Two-meter Twin Telescope (TTT), un telescopio robótico ubicado en el Observatorio del Teide, en Tenerife, operado por Light Bridges en colaboración con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Durante 37 noches, entre julio y septiembre de 2025, se siguió la evolución del cometa con técnicas de procesado específicas para resaltar la coma interna y las estructuras de baja intensidad.

Los resultados muestran una estructura estrecha orientada hacia la región iluminada, mientras la cola de polvo clásica se extiende en sentido antisolar. Vista desde la Tierra, esta configuración da lugar a lo que se conoce como “anticola”: una cola que, por efectos de perspectiva y geometría orbital, parece apuntar hacia el Sol aun cuando las partículas siguen siendo empujadas en dirección contraria por la radiación y el viento solar.

Durante varias noches de agosto se detectaron claramente chorros que oscilaban con un movimiento regular. Este “baile” del material expulsado, visible en la propia anticola, constituye la primera evidencia de actividad localizada y repetitiva en un cometa de origen interestelar. Algo que sí se había visto en cometas de nuestro sistema, pero nunca antes en un visitante procedente de otra estrella.

CĂłmo rota el nĂşcleo de 3I/ATLAS

La oscilación de estos chorros no es solo un detalle curioso: ha permitido medir el periodo de rotación del núcleo del cometa. A partir del ritmo con el que cambiaba la orientación del chorro, los astrónomos han estimado que el núcleo de 3I/ATLAS completa una vuelta sobre sí mismo en unas 14-17 horas, con análisis que afinan el valor en torno a 15 horas y media.

En los cometas, la actividad depende en gran medida de cómo el calor solar incide sobre regiones concretas del núcleo. Cuando una zona rica en hielos pasa de la oscuridad a la luz, el material se calienta, sublima y arrastra polvo, generando chorros que pueden aparecer y desaparecer conforme el cometa gira. Si la fuente activa está cerca de un polo, la variación aparente del chorro será más suave; si se sitúa en latitudes medias, el vaivén se hace mucho más evidente.

Los datos obtenidos con el TTT encajan bien con esta imagen: un núcleo relativamente estable con una o varias zonas activas localizadas que producen un chorro fino y persistente. El comportamiento observado, coherente con estimaciones independientes, sugiere que la estructura interna del cometa no es caótica, sino más bien la de un cuerpo que mantiene su integridad a pesar de la intensa radiación solar.

Todo ello convierte a 3I/ATLAS en el primer cometa interestelar del que se ha podido medir con detalle la rotación a partir de su propia actividad. Esta información es fundamental para comparar su comportamiento con el de cometas “domésticos” y para mejorar los modelos que explican cómo se activan y evolucionan estos cuerpos a medida que se acercan a una estrella.

El estudio de la rotación también ayuda a valorar la estabilidad a largo plazo del núcleo y su posible fragmentación futura. De momento, las observaciones apuntan a un cometa sorprendentemente “normal” para tratarse de un visitante de fuera, algo que en ciencia suele ser una buena noticia, porque permite aplicar modelos conocidos en un contexto nuevo.

ÂżSupone un riesgo para la Tierra el material expulsado por el cometa?

La presencia de cianuro y cianuro de hidrógeno en la envoltura gaseosa de 3I/ATLAS ha generado inevitablemente cierta inquietud fuera del ámbito científico. No es extraño que, coincidiendo con su máximo acercamiento, hayan surgido preguntas sobre si parte de ese material podría llegar a la Tierra y tener algún efecto sobre nuestra atmósfera o la superficie.

Los cálculos indican que el gas emitido por el cometa es rápidamente barrido por el viento solar. A partir de la tasa de pérdida de masa medida, por ejemplo con el Telescopio Espacial James Webb, se estima que la nube gaseosa que rodea al cometa es frenada y arrastrada a distancias de solo unos pocos millones de kilómetros del propio objeto, muy por dentro de la órbita terrestre.

Las partículas de polvo menores de una micra son aún más vulnerables a la presión de la radiación solar, por lo que se dispersan y desvían antes de poder seguir una trayectoria que intercepte la órbita de la Tierra. En el extremo opuesto, fragmentos sólidos de tamaño milimétrico o algo mayores apenas se ven afectados por el viento solar, pero su número es limitado y la probabilidad de que alguno de ellos alcance nuestro planeta es extremadamente baja.

Incluso en el caso de que pequeñas partículas procedentes de 3I/ATLAS entrasen en la atmósfera, lo normal es que se desintegren completamente antes de llegar al suelo, siempre que su tamaño esté muy por debajo del metro de diámetro. Lo que desde tierra veríamos, en el mejor de los casos, serían meteoros muy discretos asociados a un flujo débil de polvo interestelar.

En cambio, esta situación abre una posibilidad interesante desde el punto de vista científico: recoger partículas de escala milimétrica mediante experimentos en órbita, por ejemplo en satélites o en la Estación Espacial Internacional, por encima de las capas más densas de la atmósfera. Capturar y analizar directamente material desprendido de un cometa interestelar sería un salto cualitativo para estudiar su composición sin depender únicamente de la luz que refleja o emite.

Europa y, en especial, España, en primera línea de observación

El paso de 3I/ATLAS ha puesto de manifiesto la importancia de la red de observatorios europeos para estudiar fenómenos rápidos y poco frecuentes como la visita de un cometa interestelar. España, gracias a su posición geográfica y a la calidad de sus cielos, ha tenido un papel especialmente relevante.

Desde las cumbres de Tenerife, el Observatorio del Teide y el Two-meter Twin Telescope han logrado secuencias de imágenes que han permitido descubrir y caracterizar el chorro oscilante, inferir el periodo de rotación del núcleo y seguir la evolución de la coma y de la anticola a lo largo de más de un mes de campaña intensiva.

En la Península, instalaciones como el Observatorio Astronómico del Montsec, en Cataluña, han contribuido con observaciones complementarias que ayudan a reconstruir el brillo y la actividad global del cometa. Aunque algunos resultados preliminares sobre composiciones muy exóticas están todavía bajo revisión, la coordinación entre centros españoles y europeos está siendo clave para afinar los modelos.

Incluso observatorios de menor tamaño, como el Observatorio Z39 en Lanzarote, acreditado por el Minor Planet Center, han aportado imágenes y vídeos que ilustran visualmente el rápido desplazamiento de 3I/ATLAS sobre el fondo estrellado. Estas contribuciones no solo tienen valor científico, sino también un fuerte componente divulgativo, acercando a la ciudadanía un fenómeno que, pese a su escala cósmica, se ha seguido muy de cerca desde suelo europeo.

El esfuerzo coordinado entre grandes telescopios profesionales y observatorios más modestos demuestra cómo la astronomía europea puede reaccionar con rapidez ante eventos transitorios, maximizando el retorno científico de visitas que, como la de 3I/ATLAS, no se repetirán.

Lo que 3I/ATLAS nos cuenta sobre otros sistemas planetarios

Más allá de la curiosidad por un visitante “forastero”, el interés profundo por cometas como 3I/ATLAS es comparativo. Cada uno de estos objetos ofrece una muestra directa de material que se formó alrededor de otra estrella, bajo condiciones que pueden diferir, en mayor o menor medida, de las que dieron lugar a nuestro Sistema Solar.

Al analizar su núcleo, su coma y sus colas, los astrónomos pueden probar hasta qué punto los procesos de formación planetaria son universales. La proporción de moléculas orgánicas, la abundancia de hielo de agua o la forma en que se activa la superficie al recibir radiación ayudan a reconstruir el entorno original en el que se aglutinó el cometa.

3I/ATLAS se suma así a la corta lista de visitantes interestelares conocidos, pero lo hace con un nivel de detalle observacional sin precedentes. Las campañas fotométricas, espectroscópicas y de imagen profunda han permitido caracterizar su rotación, su tasa de pérdida de masa y sus peculiaridades geométricas con una precisión impensable hace solo unos años.

A medida que mejoren los telescopios terrestres y los sistemas de alerta temprana, se espera detectar más cometas y asteroides procedentes de otros sistemas estelares. Cada nuevo objeto permitirá comprobar si las propiedades de 3I/ATLAS son habituales o si, por el contrario, estamos ante un caso especialmente singular dentro de una población muy diversa.

Mientras el cometa se aleja ya hacia el espacio interestelar, los datos recopilados seguirán siendo una mina para la comunidad científica durante mucho tiempo. 3I/ATLAS ha servido para afinar técnicas de observación, poner a prueba modelos de actividad cometaria y, sobre todo, recordar que los ladrillos químicos de la vida y los mecanismos físicos que moldean los cometas no entienden de fronteras entre sistemas estelares.

seguimiento de la ONU al cometa 3I/ATLAS
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