El agujero de la capa de ozono registra su quinto menor tamaƱo desde 1992

  • El agujero de ozono de 2025 ha sido el quinto mĆ”s pequeƱo desde la entrada en vigor del Protocolo de Montreal.
  • Su extensión media en el pico de la temporada fue de 18,71 millones de km² y el mĆ”ximo diario llegó a 22,86 millones de km².
  • NASA y NOAA relacionan esta mejora con la reducción de sustancias que agotan el ozono gracias a los acuerdos internacionales.
  • Se prevĆ© que la capa de ozono antĆ”rtica no se recupere por completo hasta finales de la dĆ©cada de 2060.

Ilustración del agujero de la capa de ozono

El agujero en la capa de ozono sobre la AntÔrtida ha vuelto a dar una pequeña tregua en 2025. De acuerdo con los datos recién publicados por la NASA y la Administración Nacional OceÔnica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el tamaño alcanzado esta temporada lo sitúa como el quinto mÔs reducido desde 1992, año en el que empezó a aplicarse de forma efectiva el histórico acuerdo internacional para frenar los químicos que dañan esta barrera natural.

Aunque la cifra sigue describiendo un fenómeno de dimensiones continentales, los especialistas subrayan que el agujero de este año se queda por debajo de muchos de los registrados en décadas anteriores. Este comportamiento encaja con la tendencia a una lenta recuperación que se viene observando en la estratosfera, fruto de la aplicación del Protocolo de Montreal y sus posteriores enmiendas, en las que también participan la Unión Europea y España.

Un agujero todavƭa gigantesco, pero mƔs pequeƱo que en los peores aƱos

Durante el periodo en el que el agotamiento del ozono se hace mÔs intenso, conocido como la temporada de agotamiento, que este año se extendió del 7 de septiembre al 13 de octubre, el agujero registró una extensión media de unos 18,71 millones de kilómetros cuadrados. Para hacerse una idea, equivale a aproximadamente el doble de la superficie de los Estados Unidos contiguos y a una zona mucho mayor que toda Europa.

En su día de mÔxima extensión, el 9 de septiembre, la superficie afectada por la disminución severa de ozono llegó a 22,86 millones de kilómetros cuadrados. Aun así, según las mediciones divulgadas, se trata de un agujero un 30 % mÔs pequeño que el récord histórico observado en 2006, cuando la destrucción de la capa fue especialmente acusada.

Los registros de este 2025 confirman que el agujero no solo ha sido mÔs contenido en Ôrea, sino que ademÔs ha comenzado a desintegrarse antes de lo habitual. NASA y NOAA señalan que la reducción significativa del agujero se ha producido casi tres semanas antes de lo que venía siendo normal durante la última década, un detalle que los científicos observan con cautela, pero que encaja con la estabilización paulatina del sistema atmosférico antÔrtico.

Otra de las comparaciones ofrecidas por los organismos estadounidenses hace referencia al Ôrea promedio de los años en los que el agujero llegó a su mÔximo histórico. Frente a los valores próximos a 26,6 millones de kilómetros cuadrados en los peores episodios, el comportamiento de este año se interpreta como un síntoma de que las políticas internacionales estÔn surtiendo efecto, aunque la recuperación sea todavía incompleta.

Mapa del agujero de la capa de ozono

Qué dicen NASA y NOAA sobre la evolución del agujero de ozono

Los equipos científicos que siguen la evolución del ozono desde satélites y estaciones terrestres remarcan que los agujeros de los últimos años tienden a ser mÔs moderados que en los primeros 2000. Paul Newman, investigador de la Universidad de Maryland y responsable del grupo de ozono en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, apunta que en esta fase se observa que el agujero se forma algo mÔs tarde en la temporada austral y comienza a cerrarse antes.

Pese a esa mejora relativa, Newman advierte de que todavĆ­a queda ā€œun largo caminoā€ para regresar a los niveles de la dĆ©cada de 1980, cuando la destrucción de la capa de ozono antĆ”rtica todavĆ­a no habĆ­a alcanzado los niveles crĆ­ticos que desencadenaron la alarma internacional. La comunidad cientĆ­fica insiste en que el proceso de reparación de esta capa protectora es muy lento y depende de la eliminación progresiva de los compuestos quĆ­micos mĆ”s daƱinos.

Desde la NOAA, el especialista Stephen Montzka recuerda que el avance no habría sido posible sin la aplicación rigurosa de los compromisos del Protocolo de Montreal, firmado en 1987 y reforzado en años posteriores. Según los datos que maneja el Laboratorio de Monitoreo Global de este organismo, desde su mÔximo alrededor del año 2000, la cantidad de sustancias que agotan el ozono en la estratosfera antÔrtica se ha reducido en torno a un tercio respecto a los valores previos al descubrimiento del agujero.

Los científicos ponen como ejemplo que, de no haberse limitado el uso de clorofluorocarbonos y otros gases similares, el agujero de este año sería mucho mÔs grande. Newman calcula que, si en la atmósfera siguiera habiendo tanto cloro como hace unos 25 años, la superficie afectada podría haber sido mÔs de un millón de millas cuadradas mayor que la observada en 2025, lo que en la prÔctica habría supuesto un nuevo episodio extremo.

El papel del Protocolo de Montreal y el impacto en Europa y EspaƱa

La mejora paulatina de la situación se entiende, en buena parte, como resultado directo del cumplimiento del Protocolo de Montreal y sus enmiendas, acuerdos internacionales que obligan a eliminar progresivamente los compuestos que degradan el ozono. Entre ellos se incluyen muchos refrigerantes, aerosoles y productos utilizados en la industria de la climatización y la espuma aislante.

La Unión Europea, en la que España participa activamente, ha sido uno de los bloques mÔs estrictos en la aplicación de estas restricciones a las sustancias agotadoras de ozono. Esa normativa ha impulsado la sustitución de los antiguos gases por alternativas menos dañinas, tanto en el sector doméstico (neveras, aires acondicionados, sprays) como en Ômbitos industriales como la refrigeración comercial o el aislamiento de edificios.

En países europeos, las políticas derivadas de Montreal se han combinado con otras iniciativas de eficiencia energética y reducción de emisiones, lo que ha acelerado la renovación de equipos antiguos que aún podían liberar compuestos peligrosos para la capa de ozono. Sin embargo, los expertos recuerdan que todavía quedan materiales y aparatos en uso o en vertederos que contienen estos químicos prohibidos, por lo que es clave una gestión adecuada de los residuos.

Para España, situada en latitudes medias, la destrucción de ozono en la AntÔrtida no se traduce de forma directa en valores tan extremos como los registrados en el Polo Sur, pero sí tiene repercusiones en la radiación ultravioleta que llega a la superficie a escala global. De ahí que las autoridades sanitarias mantengan las recomendaciones habituales de protección frente al sol y vigilancia de la exposición, especialmente en verano y en zonas de gran altitud.

Factores meteorológicos y horizonte de recuperación hasta la década de 2060

AdemÔs de la presencia de sustancias químicas, la meteorología estratosférica desempeña un papel clave en el tamaño y la evolución del agujero de ozono cada año. Elementos como la temperatura del aire en altura, los patrones de circulación atmosférica y la intensidad del llamado vórtice polar antÔrtico influyen en el grado de destrucción que sufren las moléculas de ozono durante la primavera austral.

En general, cuando las temperaturas en la estratosfera polar son muy bajas y el vórtice se mantiene fuerte y estable, se favorece la formación de nubes estratosféricas polares, donde reaccionan los compuestos de cloro y bromo que dañan el ozono. Por el contrario, temporadas con un vórtice mÔs perturbado o temperaturas menos extremas tienden a producir agujeros algo mÔs pequeños o menos persistentes.

Los modelos climÔticos utilizados por NASA, NOAA y otros centros de investigación indican que, si se sigue respetando el calendario de eliminación de las sustancias mÔs agresivas, el agujero de ozono sobre la AntÔrtida podría cerrarse prÔcticamente hacia finales de la década de 2060. No se trata de una fecha exacta, sino de una estimación que podría variar en función de la evolución de las emisiones y de los cambios en el clima global.

Una de las complicaciones añadidas es que muchos de los gases ya prohibidos siguen presentes en materiales antiguos, como ciertos tipos de aislamiento de edificios, espumas y equipos de refrigeración aún no retirados. A medida que estos productos llegan al final de su vida útil o se desechan de forma inadecuada, continúan liberando pequeñas cantidades de compuestos que prolongan la presencia de cloro y bromo en la estratosfera, retrasando la recuperación completa.

Aun así, la tendencia general basada en tres décadas de mediciones respalda la idea de que las políticas acordadas a escala internacional estÔn funcionando. Los especialistas mantienen la vigilancia para comprobar si, con el paso de los años, el agujero de ozono se hace no solo mÔs pequeño, sino también menos profundo en términos de concentración de ozono, algo fundamental para reducir el impacto de la radiación ultravioleta sobre los ecosistemas y la salud humana.

Este nuevo informe de NASA y NOAA refuerza la visión de que la capa de ozono se encuentra en un proceso de lenta pero firme recuperación, apoyado en décadas de cooperación internacional y en cambios concretos en la industria y el consumo. Aunque el agujero de 2025 sigue siendo enorme a escala planetaria, su quinto menor tamaño desde 1992 y su cierre mÔs temprano invitan a seguir reforzando las medidas de control de sustancias químicas, así como la vigilancia científica, para llegar a mediados de siglo con una atmósfera mÔs protegida y una exposición menor a la radiación ultravioleta en Europa, España y el resto del mundo.