Dos jóvenes fallecen en el alud de Cerler en el circo de Cibollés y se dispara la alerta por avalanchas en el Pirineo aragonés

  • Un alud fuera de pistas en el circo de Cibollés, en Cerler, causa la muerte de dos jóvenes de 25 y 22 años
  • Las víctimas formaban parte de un grupo de cinco esquiadores y snowboarders sorprendidos en zona no balizada
  • El operativo de rescate movilizó al GREIM, helicópteros, guías caninos y a efectivos del Ejército de Tierra
  • Cinco aludes mortales en el Pirineo aragonés este invierno reavivan el llamamiento a la máxima precaución

alud en Cerler

Dos jóvenes han perdido la vida tras quedar sepultados por un alud en el entorno de la estación de Cerler, en el término municipal de Benasque (Huesca), en una nueva tragedia que sacude al Pirineo aragonés en pleno invierno. La avalancha, registrada en una zona fuera del dominio esquiable del circo de Cibollés, sorprendió a un grupo que practicaba esquí y snowboard y ha vuelto a poner en primer plano el riesgo de las actividades fuera de pista en días de fuerte inestabilidad nivológica.

Las víctimas son un varón de 25 años, vecino de Zaragoza, y otro de 22 años, residente en Guadalajara. El primero falleció en el lugar pese a las maniobras de reanimación, mientras que el segundo fue rescatado con vida, evacuado al Hospital Miguel Servet de Zaragoza en estado crítico por hipotermia y acabó muriendo horas después en la UCI. Con este siniestro, ya son varios los aludes mortales registrados en el Pirineo aragonés desde finales de diciembre, encadenando una temporada invernal especialmente trágica.

Dónde y cómo se produjo el alud de Cerler

La avalancha se originó en la mañana de un jueves, en el circo del pico Cibollés, una zona de alta montaña situada en el entorno de la estación de esquí de Cerler pero fuera del dominio balizado y abierto al público. El grupo de deportistas, integrado por cinco personas, se encontraba practicando esquí y snowboard en una ladera no señalizada cuando una placa de nieve se desprendió y arrastró a dos de ellos pendiente abajo.

El aviso a los servicios de emergencia se registró en torno a las 12:30-12:45 horas, cuando los compañeros que habían quedado a salvo llamaron al 112 SOS Aragón para alertar de que dos integrantes del grupo habían desaparecido bajo la nieve. A partir de ese momento se puso en marcha un complejo dispositivo de búsqueda y rescate en un terreno de fuertes desniveles y con gran acumulación de nieve reciente, lo que dificultó notablemente el acceso a la zona del alud.

Según la información facilitada por la Guardia Civil, el alud se produjo en un área caracterizada por pendientes pronunciadas y depósitos importantes de nieve venteada, condiciones típicas de riesgo cuando se acumulan varias jornadas de nevadas y viento fuerte. La combinación de nieve nueva, placas de viento y variaciones bruscas de temperatura habría favorecido la inestabilidad de las capas superficiales del manto nivoso en esta ladera orientada a cotas altas.

Los dos jóvenes sepultados formaban parte de un grupo numeroso que había salido a disfrutar de la nieve fuera de pistas, una práctica cada vez más habitual entre esquiadores y snowboarders experimentados, pero que conlleva un peligro evidente cuando los boletines de aludes marcan niveles de riesgo elevados. La avalancha les sorprendió sin margen de reacción, dejando visible únicamente una pequeña parte del terreno donde se sospechaba que podían estar enterrados.

En el momento del siniestro, distintos partes nivológicos ya advertían de un escenario delicado en el Pirineo oscense, con abundante nieve reciente y formación de placas inestables en orientaciones y cotas altas. Pese a esos avisos, el grupo decidió internarse en esta zona no balizada del circo de Cibollés, donde finalmente se desencadenó el trágico alud.

avalancha en Cerler

Un rescate contrarreloj con helicópteros, perros y especialistas de montaña

Tras la llamada de auxilio, el Centro Operativo de Servicios de la Guardia Civil activó de inmediato al Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de Benasque, apoyado por otros especialistas que se encontraban en la zona, además de un helicóptero de la Unidad Aérea de Huesca. De forma preventiva se movilizó igualmente un helicóptero medicalizado del 112 Aragón desde Zaragoza y se desplazaron hasta el lugar dos unidades de guías caninos entrenados en la búsqueda de personas sepultadas por la nieve.

Los rescatadores accedieron a la zona del alud en aeronave, pero la orografía complicada, el fuerte desnivel y la gran cantidad de nieve acumulada obligaron a extremar las precauciones durante el desembarque y las maniobras de aproximación. Una vez en el terreno, comenzaron a trabajar con sondas, ARVA (aparatos de búsqueda de víctimas en avalanchas) y los perros de rescate para acotar las posibles zonas de enterramiento.

Uno de los sepultados fue localizado primero y evacuado con rapidez en helicóptero hasta el parking de El Ampriu, en la estación de Cerler, donde se coordinó su transferencia al helicóptero medicalizado del 112. Los sanitarios siguieron el protocolo específico para víctimas de hipotermia severa, con maniobras de reanimación y un manejo muy cuidadoso de la temperatura corporal, antes de su traslado al Hospital Miguel Servet.

El segundo afectado fue encontrado alrededor de las 14:00 horas gracias al perro de uno de los guías del GREIM, que marcó la zona exacta donde se hallaba enterrado. Pese a la rápida extracción y a que se le aplicaron de inmediato maniobras de reanimación cardiopulmonar, presentaba ya signos no compatibles con la vida. Su cuerpo fue posteriormente trasladado en helicóptero hasta la helisuperficie de Benasque para su entrega a los servicios funerarios.

En paralelo, el Centro de Emergencias 112 Aragón siguió minuto a minuto la operación, con la presencia en la sala del consejero de Interior, Roberto Bermúdez de Castro, que quiso supervisar la coordinación de los medios movilizados. También el alcalde de Benasque se desplazó hasta el área de Ampriu en cuanto tuvo conocimiento del suceso a través de los servicios de emergencia, reflejando la preocupación en la zona por un nuevo alud mortal en el entorno de Cerler.

Apoyo del Ejército de Tierra durante la emergencia

En el momento del accidente, efectivos del Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña «América» 66, integrado en el Mando de Tropas de Montaña del Ejército de Tierra, se encontraban en el área de Cerler realizando instrucción específica en nieve y hielo. Estas maniobras incluían desplazamientos con trineos, motos de nieve, transporte oruga y ejercicios de supervivencia en condiciones de frío extremo, por lo que disponían de material y capacitación muy adecuados para actuar en ese entorno.

La presencia de estas unidades permitió que el dispositivo de emergencias contara, casi desde el primer momento, con recursos adicionales especializados en alta montaña. Los militares colaboraron en las tareas de apoyo logístico y en los movimientos sobre el terreno nevado, facilitando la llegada y extracción de los equipos de rescate en una zona particularmente complicada por el relieve y las condiciones meteorológicas.

Estas actividades de adiestramiento del Ejército forman parte de la preparación para el ejercicio multinacional Cold Response 26 de la OTAN, que se desarrollará en Noruega en un entorno subártico. Los entrenamientos buscan reproducir escenarios realistas de operación en montaña, con temperaturas muy bajas, viento fuerte y terreno compartimentado, capacidades que, en este caso, se han puesto al servicio del dispositivo de búsqueda tras el alud de Cerler.

El Mando de Tropas de Montaña, que agrupa a las unidades con base en Jaca y Pamplona, mantiene precisamente una preparación continuada para vida, movimiento y combate en condiciones de nieve y hielo. Esta experiencia suele ser clave tanto en ejercicios internacionales como en situaciones reales de apoyo a la población civil, especialmente en zonas pirenaicas donde los aludes constituyen un riesgo recurrente cada invierno.

Cadena de aludes mortales este invierno en el Pirineo aragonés

El suceso del circo de Cibollés no es un hecho aislado. Desde finales de diciembre, el Pirineo aragonés encadena varios aludes con víctimas mortales, configurando una de las temporadas más duras de los últimos años. Los accidentes se repiten en diferentes valles y modalidades (esquí de travesía, raquetas, snowboard) pero con un denominador común: actividades fuera de pistas balizadas y con riesgo elevado de avalanchas.

El primer gran accidente del invierno se produjo el 29 de diciembre en las proximidades del balneario de Panticosa, en el pico Tablato, donde un alud en un itinerario de esquí de montaña se cobró la vida de tres personas. Entre ellas se encontraba el pediatra y divulgador Jorge García-Dihinx, muy conocido precisamente por sus análisis sobre la nieve y los aludes, junto a su pareja, Natalia Román, y el montañero vasco Eneko Arrastua. En aquel suceso, otros miembros del grupo pudieron salir por sus propios medios y dar la voz de alarma.

Solo dos días después, el 31 de diciembre, otra avalancha atrapó a un montañero en la zona de Urdiceto, en el valle de Bielsa, mientras practicaba raquetas de nieve. El afectado, un trabajador social del Ayuntamiento de Zaragoza y profesor universitario, perdió la vida pese al rápido aviso de su compañero desde el refugio de la zona. Este accidente reforzó la percepción de que el manto nivoso estaba especialmente inestable en diferentes sectores del Pirineo.

Ya en enero, el 18 de enero, un nuevo alud se produjo en el barranco de Puimestre, también en Cerler, de nuevo fuera de pistas. En esta ocasión, un joven de 26 años, vecino de Huelva, que practicaba snowboard junto a otro acompañante resultó sepultado por la nieve. Su compañero logró salir ileso y avisar a los servicios de emergencia, pero el snowboarder no pudo ser rescatado con vida, sumando otra muerte a la estadística de la temporada.

Además de estos episodios con fallecidos, se han registrado otros aludes sin consecuencias mortales pero con heridos, como el que sorprendió a un grupo que hacía raquetas en el valle de Tena o el ocurrido en el Moncayo, donde varias personas se vieron afectadas. Todo ello dibuja un contexto de alta actividad de avalanchas en buena parte de la cordillera, asociado a condiciones meteorológicas complejas, con nevadas intensas, viento fuerte y cambios acusados de temperatura.

Avisos oficiales y llamamiento a extremar la prudencia

En los días previos y posteriores al alud de Cerler, tanto el Gobierno de Aragón como la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) venían advirtiendo de un riesgo notable o muy alto de avalanchas en diferentes comarcas pirenaicas. Los boletines de aludes situaban, por ejemplo, a la Ribagorza, con el cierre del túnel de Bielsa, Jacetania, Alto Gállego y Sobrarbe en niveles de peligro 3 o superiores, principalmente por la presencia de nieve reciente abundante y placas de viento en cotas altas.

El consejero de Interior, Roberto Bermúdez de Castro, insistió desde el Centro de Emergencias 112 Aragón en un mensaje claro: «máxima precaución» en la montaña, evitando en lo posible salir de las pistas señalizadas y extremando la planificación de cualquier actividad de esquí de montaña o raquetas. La recomendación pasa por consultar siempre el Boletín de Peligro de Aludes y la previsión meteorológica, además de valorar el material de seguridad y la experiencia del grupo antes de tomar decisiones.

En la misma línea, la Guardia Civil recuerda que, con el tipo de manto nivoso de este invierno, un simple sobrepeso de baja intensidad puede ser suficiente para desencadenar un alud en determinadas laderas. Por eso se incide en que, en jornadas de riesgo notable o fuerte, las rutas fuera de pista y los itinerarios en terreno complejo deben replantearse o suspenderse, por muy tentadoras que resulten las huellas de nieve virgen.

Las autoridades autonómicas han subrayado que esta concatenación de accidentes no es fruto de una única causa, sino de la suma de una meteorología complicada, una nieve muy inestable y una creciente afluencia de practicantes de deportes de invierno a la montaña. En este contexto, se insiste en la necesidad de priorizar decisiones prudentes, especialmente cuando los partes técnicos hablan de «escenario delicado» o de «aludes medianos y grandes» probables.

Tras el accidente de Cerler, tanto el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, como distintos alcaldes y responsables locales han trasladado su pésame a las familias de las víctimas y han vuelto a pedir que se haga caso a las recomendaciones de los servicios de emergencia. Al mismo tiempo, se ha puesto el foco en la importancia de reforzar la cultura de seguridad en la montaña invernal, desde la formación básica hasta el uso generalizado de equipos de seguridad específicos.

El impacto humano y la respuesta social tras el alud

Más allá de las cifras, el alud de Cerler ha tenido un fuerte impacto humano en las comunidades de origen de los dos jóvenes fallecidos y en la propia Ribagorza. En Guadalajara, la alcaldesa difundió un mensaje en redes sociales lamentando profundamente la muerte del vecino de 22 años y trasladando apoyo y cariño a su familia y allegados en estos momentos de dolor. Un gesto que se ha repetido en las instituciones aragonesas ante la pérdida del joven de Zaragoza.

En Aragón, el mensaje más repetido ha sido el de que este «crudo invierno» está dejando demasiadas tragedias en la montaña, reflejando una sensación de duelo prolongado tras cada accidente. El presidente autonómico, a través de su perfil en X, habló de «demasiadas tragedias» y lanzó igualmente un mensaje de condolencias a los familiares del fallecido en Cerler y de ánimo al joven que, en un primer momento, permanecía ingresado en la UCI antes de confirmarse su fallecimiento.

En la zona de Benasque y Cerler, donde la cultura de montaña está muy arraigada, la noticia de un nuevo alud mortal en el circo de Cibollés ha caído como un jarro de agua fría. Guías, hosteleros, trabajadores de la estación y vecinos son conscientes de que la nieve es fuente de vida económica y deportiva, pero también de que comporta riesgos que, este invierno, se han materializado con crudeza. No es raro escuchar comentarios que combinan la consternación por lo ocurrido con la llamada a «no confiarse nunca» cuando los partes de aludes son desfavorables.

La sucesión de accidentes ha reabierto también el debate sobre la concienciación y la formación de quienes practican esquí de montaña o freeride. Varios expertos apuntan a que, aunque cada vez hay más material específico (ARVA, pala, sonda, airbags), no siempre se acompaña de la formación adecuada en nivología, gestión del riesgo y toma de decisiones en grupo. Algunas voces plantean reforzar la información en estaciones y refugios y potenciar campañas específicas para recordar que «fuera de pistas no hay seguridad garantizada».

Todo este contexto deja una sensación amarga en el Pirineo aragonés: una temporada con nieve excepcional y, a la vez, un balance trágico de víctimas. El alud del circo de Cibollés, con dos jóvenes fallecidos pese a un operativo rápido y muy profesional, se ha convertido en el símbolo de esa dualidad entre disfrute y peligro, y en un recordatorio de que la prudencia, la información y el respeto por los avisos técnicos resultan tan imprescindibles como el propio material de esquí.

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