Dos asteroides se acercan a la Tierra este lunes sin riesgo para el planeta

  • Dos asteroides de unos 20 metros, 2026 JH2 y 2026 KB, pasarán muy cerca de la Tierra este lunes
  • Las distancias mínimas serán de unos 91.000 y 230.000 kilómetros, por debajo de la órbita lunar
  • Los científicos descartan cualquier peligro de impacto, pero destacan lo inusual del doble acercamiento
  • El asteroide 2026 JH2 podría observarse con telescopios semiprofesionales desde la Tierra

Dos asteroides pasarán cerca de la Tierra

Dos rocas espaciales de tamaño similar al famoso meteorito que explotó sobre Cheliábinsk en Rusia en 2013 pasarán muy cerca de la Tierra este lunes, en un evento que está siendo seguido de cerca por observatorios de todo el mundo. Aunque las cifras de distancia puedan sonar ajustadas, las agencias espaciales y los centros de investigación coinciden en que no existe riesgo de impacto.

Los asteroides, bautizados como 2026 JH2 y 2026 KB, se aproximarán a nuestro planeta con pocas horas de diferencia y con trayectorias bien calculadas. Ambos tienen un diámetro estimado en torno a los 20 metros, comparable a un edificio de seis plantas o a uno o dos autobuses escolares, lo que los convierte en objetos especialmente interesantes para el estudio de los cuerpos cercanos a la Tierra.

Un fenómeno poco habitual: dos asteroides casi gemelos en 24 horas

Aproximación de asteroides a la Tierra

El Laboratorio de Astronomía Solar de la Academia de Ciencias de Rusia describió el suceso como un fenómeno «bastante raro», al producirse el paso casi al unísono de dos asteroides grandes en las inmediaciones de la Tierra. De forma jocosa, los investigadores se refirieron a ellos como los nuevos «meteoritos de Cheliábinsk» por su parecido en tamaño con el objeto que causó una onda expansiva en los Urales en 2013.

Ambos cuerpos fueron descubiertos de manera relativamente tardía: 2026 JH2 fue detectado el 10 de mayo y 2026 KB el 13 de mayo, apenas unos días antes de su máximo acercamiento. Este hallazgo casi sobre la bocina vuelve a poner sobre la mesa uno de los grandes retos de la vigilancia espacial: la dificultad de localizar con antelación objetos de unas decenas de metros que se aproximan a alta velocidad.

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Los datos recopilados por distintos centros, entre ellos el programa Mount Lemmon Survey en Arizona, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la base de datos de cuerpos menores del JPL de la NASA, coinciden en que se trata de asteroides de clase Apolo, es decir, rocas que orbitan el Sol en trayectorias que cruzan la órbita de la Tierra. Este tipo de objetos son los que más habitualmente protagonizan acercamientos cercanos a nuestro planeta.

Según las estimaciones actuales, la dimensiones de ambos rondan los 15 a 30 metros de diámetro. En el extremo inferior del rango, serían comparables al bólido de Cheliábinsk; en el superior, se aproximarían a la escala de la explosión de Tunguska de 1908, que arrasó amplias zonas boscosas en Siberia. La diferencia clave, subrayan los científicos, es que en este caso ninguno de los dos entrará en la atmósfera.

Distancias y horarios del máximo acercamiento

Trayectoria de asteroides cercanos a la Tierra

Los cálculos orbitales sitúan el paso de 2026 KB a una distancia de unos 230.000 kilómetros de la Tierra, un valor equivalente a algo más de la mitad de la distancia media con la Luna. Este máximo acercamiento está previsto para la tarde del lunes, en torno a las 18:15 hora de Moscú (15:15 GMT), según el laboratorio ruso y los datos de la ESA.

El segundo asteroide, 2026 JH2, se aproximará todavía más. Su distancia mínima rondará los 91.000-91.600 kilómetros, aproximadamente una cuarta parte de la separación Tierra-Luna y algo más del doble de la altitud a la que se encuentran muchos satélites geoestacionarios. El momento de mayor cercanía se espera para la noche del lunes, poco antes de las 18:00 en la costa este de Estados Unidos (22:00 GMT aprox.), lo que en Europa continental se traduce en primeras horas de la madrugada del martes.

Los especialistas del Laboratorio de Astronomía Solar subrayan que, aunque no es el paso más próximo que se ha registrado en términos absolutos, sí parece ser el acercamiento más cercano de un objeto de este tamaño a lo largo del año. La combinación de dimensiones, distancia y doble evento en menos de 24 horas hace que el fenómeno sea especialmente llamativo desde el punto de vista científico.

Para hacerse una idea de la escala, la distancia mínima de 2026 JH2 supone que el asteroide cruzará el entorno de la Tierra por dentro de la región ocupada por numerosos satélites de comunicaciones y meteorología, aunque sin interferir con sus órbitas. Pese a ello, los modelos numéricos muestran órbitas estables y seguras, sin trayectorias de impacto.

Riesgo para la Tierra: por qué se descarta el impacto

Los distintos equipos que siguen la evolución de estos cuerpos coinciden en un mensaje de tranquilidad: no hay peligro para la Tierra. Los astrónomos rusos lo expresan de forma tajante, recordando que, con pocas horas de antelación, ningún fenómeno natural es capaz de modificar de manera significativa la órbita calculada de un asteroide y redirigirlo hacia nuestro planeta.

En la misma línea se pronuncia Richard Binzel, profesor de ciencias planetarias en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y creador de la Escala de Turín, herramienta de referencia para cuantificar el riesgo de impacto de objetos cercanos a la Tierra. Según explica, el paso de 2026 JH2 «no representa peligro alguno» y entra dentro de lo que se considera un suceso relativamente habitual en la dinámica del sistema solar.

Binzel recuerda que objetos del tamaño de un coche cruzan entre la Tierra y la Luna cada semana, y que rocas comparables a un autobús escolar pasan por nuestra vecindad varias veces al año. La diferencia ahora es que los sistemas de vigilancia se han vuelto más sensibles y somos capaces de detectar y seguir estas aproximaciones con mayor detalle.

También el astrofísico francés Patrick Michel, del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), insiste en que la distancia de paso, por muy cercana que pueda parecer, es «lo suficientemente grande como para que no haya absolutamente nada de lo que preocuparse». Los modelos de predicción de trayectoria disponibles para el próximo siglo no sitúan a ninguno de los asteroides conocidos de este rango de tamaño en una órbita de choque con la Tierra.

Cómo se han descubierto y por qué cuesta tanto conocer su tamaño

El hecho de que 2026 JH2 y 2026 KB hayan sido descubiertos solo unos días antes de su máximo acercamiento pone de relieve las limitaciones actuales de los sistemas de detección. Aunque los programas de búsqueda han avanzado mucho, la realidad es que los asteroides de pocas decenas de metros continúan escapando con frecuencia a los catálogos hasta que se aproximan bastante a la Tierra.

Los primeros registros de estos objetos proceden en buena parte del Mount Lemmon Survey, un programa de observación situado en Arizona (Estados Unidos) dedicado a rastrear el cielo en busca de cuerpos cercanos a la Tierra. Una vez detectado un nuevo punto de luz en movimiento, se coordina su seguimiento con otros observatorios y con bases de datos internacionales como la del JPL de la NASA o la de la ESA.

Aun así, determinar el tamaño exacto de estas rocas sigue siendo complicado. Como explica Patrick Michel, cuando un telescopio óptico detecta un asteroide, la información inicial se reduce a su brillo en el rango de luz visible. Con ese dato no es posible saber con certeza cuánta luz absorbe y cuánta refleja la superficie del objeto, lo que introduce un margen de incertidumbre notable.

Con una misma luminosidad aparente, un asteroide puede ser más grande y oscuro o más pequeño y muy reflectante. Para reducir esta duda serían necesarias observaciones en el infrarrojo, donde la radiación captada se relaciona de forma más directa con el tamaño real. Sin embargo, estas mediciones son más complejas de realizar desde la superficie terrestre y no suelen emplearse en los primeros momentos tras un descubrimiento.

Visibilidad desde la Tierra: qué se podrá ver y con qué equipos

Entre los dos visitantes cósmicos, el que ofrece alguna posibilidad de observación para el público especializado es 2026 JH2, el que pasa más cerca. Según el Laboratorio de Astronomía Solar, podría llegar a ser visible con instrumentos semiprofesionales, como catalejos o telescopios pequeños con aumentos de al menos 12x, siempre que se disponga de un cielo oscuro y buenas condiciones meteorológicas.

Aun así, los expertos advierten de que no será un objetivo sencillo. La alta velocidad de desplazamiento angular del asteroide hará difícil fijarlo en el campo de visión durante mucho tiempo, especialmente con equipos modestos. Por este motivo, su captura en fotografía aficionada se considera bastante compleja, incluso para quienes tienen experiencia en astrofotografía.

En Europa, el paso se producirá ya de noche y de madrugada, por lo que los observatorios profesionales y proyectos como el Virtual Telescope Project, con telescopios en Italia, han programado retransmisiones en directo para seguir parte del tránsito. Estas emisiones permiten que aficionados y curiosos puedan asomarse al fenómeno sin necesidad de disponer de equipamiento específico.

En cualquier caso, la mayoría de la población no notará nada fuera de lo normal. El brillo del asteroide estará muy por debajo del umbral de visibilidad a simple vista, e incluso con prismáticos convencionales será prácticamente imposible distinguirlo. El espectáculo, en este caso, se queda reservado a las gráficas de seguimiento y a las pantallas de los observatorios.

El contexto europeo y la vigilancia de objetos cercanos a la Tierra

En los últimos años, Europa ha reforzado sus programas de defensa planetaria y de monitorización de objetos cercanos a la Tierra (NEOs, por sus siglas en inglés). La ESA coordina una red de telescopios que rastrean el cielo de forma continuada, con la vista puesta en detectar con tiempo cualquier roca que pueda suponer un riesgo real.

Eventos como el paso de 2026 JH2 y 2026 KB sirven como banco de pruebas para poner a punto los sistemas de alerta y los modelos de predicción. Cada nuevo acercamiento bien documentado permite afinar parámetros orbitales, comprobar la precisión de los cálculos y mejorar los protocolos de comunicación entre agencias espaciales, observatorios y servicios de protección civil, tanto en Europa como en el resto del mundo.

Aunque en este caso el mensaje sea de calma absoluta, la comunidad científica insiste en que seguir ampliando el inventario de asteroides potencialmente peligrosos es una prioridad. Se estima que solo se ha localizado alrededor del 1 % de los objetos cercanos a la Tierra del tamaño de 2026 JH2, lo que implica que aún puede haber muchas rocas de decenas de metros por catalogar.

La caída del telescopio de Arecibo y las obras en la antena de radar de Goldstone han reducido temporalmente la capacidad de rastreo mediante radar planetario, una herramienta muy útil para precisar órbitas y tamaños. Mientras se recuperan y se desarrollan nuevos instrumentos, la combinación de telescopios ópticos en tierra y satélites de observación seguirá siendo clave para vigilar este tipo de visitantes celestes.

En conjunto, el paso cercano de estos dos asteroides casi gemelos se presenta como una oportunidad valiosa para la ciencia y una buena ocasión para recordar que el planeta convive de forma continua con pequeños cuerpos que cruzan sus alrededores. Aunque el fenómeno no suponga amenaza alguna, pone de relieve la importancia de mantener activos y bien financiados los sistemas de detección y seguimiento, y de seguir mejorando nuestra capacidad para anticipar, con la mayor antelación posible, la llegada de futuros visitantes espaciales.