
Los astrónomos han identificado una explosión cósmica tan extraña que podría convertirse en la primera superkilonova registrada en la historia. Este posible hallazgo combina en un único fenómeno la violencia de una supernova y la rareza extrema de una kilonova, y si se confirma obligará a revisar cómo entendemos el nacimiento, la vida y la muerte de las estrellas más masivas.
La señal, bautizada AT2025ulz, fue detectada en agosto de 2025 y ha desatado un intenso debate en la comunidad científica internacional. A ese nuevo evento se le asignó la denominación AT2025ulz y, de inmediato, se lanzó una alerta a observatorios de todo el mundo para que apuntaran sus telescopios hacia la zona señalada, sumándose a otras señales enigmáticas del universo.
Qué es una superkilonova y por qué es tan especial
En condiciones normales, la muerte de una estrella masiva culmina en una supernova: una explosión termonuclear que arranca las capas externas de la estrella y deja tras de sí un compacto remanente: una estrella de neutrones o, si la masa es muy alta, un agujero negro. Las supernovas son relativamente frecuentes a escala cósmica y los astrónomos catalogan miles de ellas cada año en diferentes galaxias (como la famosa estrella Betelgeuse).
En cambio, las kilonovas son muchísimo más raras. Se producen cuando dos estrellas de neutrones —los núcleos ultradensos que quedan tras algunas supernovas— chocan y se fusionan. Estas colisiones generan destellos menos brillantes que muchas supernovas en luz visible, pero muy característicos en ondas gravitacionales y en luz infrarroja, y son candidatas a ser la principal fábrica de elementos pesados como el oro, el platino o el uranio.
Una superkilonova sería, en esencia, la combinación de ambos fenómenos: una supernova que desencadena la formación de dos estrellas de neutrones muy ligeras, las cuales colisionarían poco después para dar lugar a una kilonova en la misma región del espacio. Todo ello en un intervalo de tiempo muy corto, algo que hasta ahora solo se había planteado en modelos teóricos y simulaciones por ordenador.
La gracia del asunto es que este tipo de evento no solo es espectacular, sino que funciona como un laboratorio natural para estudiar cómo se sintetizan los elementos químicos pesados que luego acaban en planetas rocosos, en la corteza terrestre o incluso en nuestros propios cuerpos. Cada explosión de este tipo es una pista sobre el origen del material del que estamos hechos.
El evento AT2025ulz: de una kilonova a una supernova… o las dos cosas
El 18 de agosto de 2025, los interferómetros del LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser) registraron una señal de ondas gravitacionales que recordaba notablemente a la primera kilonova confirmada, observada en 2017. A ese nuevo evento se le asignó la denominación AT2025ulz y, de inmediato, se lanzó una alerta a observatorios de todo el mundo para que apuntaran sus telescopios hacia la zona señalada.
La respuesta fue rápida: cámaras sensibles a luz visible, infrarroja, rayos X y radio comenzaron a monitorizar la región. Los tres primeros días, el brillo observado en longitudes de onda rojas imitando a la kilonova de 2017 encajaba bien con lo que se esperaba de la fusión de dos estrellas de neutrones, incluida la huella de elementos pesados recién forjados.
Sin embargo, lo que vino después descolocó a muchos equipos. Con el paso del tiempo, el resplandor no se apagó como en una kilonova convencional, sino que se intensificó y viró hacia el azul, una señal más típica de las supernovas. Además, comenzaron a detectarse indicios de gas de hidrógeno y otras características más propias de una explosión estelar clásica que de una simple fusión de estrellas de neutrones.
Mansi Kasliwal, responsable del Observatorio Palomar del Instituto Tecnológico de California (Caltech) y autora principal del estudio, explicaba que durante los primeros días “la erupción se veía exactamente como la kilonova de 2017”, motivo por el cual numerosos grupos dirigieron sus instrumentos hacia AT2025ulz. Cuando la señal empezó a parecerse a una supernova, algunos equipos perdieron interés, al pensar que se trataba de un caso más de supernova atípica. El grupo de Kasliwal, sin embargo, siguió observando porque algo no terminaba de encajar.
Los datos de ondas gravitacionales apuntaban a la fusión de dos objetos compactos, uno de ellos con una masa inusualmente baja para tratarse de una estrella de neutrones. Este detalle, unido a la extraña evolución del brillo en distintas longitudes de onda, encendió todas las alarmas y abrió la puerta a la hipótesis de la superkilonova.
Cómo una supernova podría partir su núcleo en dos estrellas de neutrones
Para explicar lo observado en AT2025ulz, el equipo internacional de investigadores ha propuesto varios escenarios teóricos que tienen un punto en común: la estrella original debía estar girando muy rápido antes de explotar como supernova, similar a modelos de doble detonación en la explosión propuestos para algunos colapsos estelares.
En uno de los modelos planteados, tras la explosión de supernova el núcleo colapsado sufriría un proceso de fisión gravitacional, partiéndose literalmente en dos fragmentos que se estabilizarían como estrellas de neutrones de baja masa. En el otro escenario, la supernova formaría inicialmente una única estrella de neutrones rodeada por un denso disco de material; con el tiempo, ese disco se fragmentaría y daría lugar a una segunda estrella de neutrones, de nuevo con masa inferior a la del Sol.
Sea cual sea el mecanismo exacto, en ambos casos las dos estrellas de neutrones recién nacidas se verían atrapadas en una espiral de acercamiento debido a la emisión de ondas gravitacionales, hasta chocar y producir la kilonova. Esta secuencia —supernova primero, kilonova después— encajaría con la evolución en color y brillo que se ha observado en AT2025ulz.
Uno de los aspectos más llamativos del análisis es la presencia, inferida a partir de los datos, de una estrella de neutrones con masa inferior a la del Sol. Hasta ahora, nunca se había observado un objeto de este tipo y se consideraba muy improbable en teoría. El físico teórico Brian Metzger, de la Universidad de Columbia y coautor del estudio, señalaba que la detección de una estrella de neutrones “subsolar” supondría un desafío serio para los modelos actuales de estructura estelar.
Para la comunidad astrofísica, abre un abanico de preguntas: ¿cuántas veces puede darse este proceso en el universo?, ¿qué impacto tiene en la producción de elementos pesados?, ¿podrían haberse confundido en el pasado superkilonovas con supernovas exóticas o con kilonovas incompletamente observadas?
Un rompecabezas científico aún sin resolver del todo
A pesar de la solidez de los datos y de lo sugerente que resulta el escenario de la superkilonova, los investigadores insisten en que se trata de una hipótesis todavía no confirmada. No se puede descartar por completo que la señal de ondas gravitacionales y la explosión vista en luz procedan de dos fuentes distintas pero próximas en el cielo, lo que habría llevado a unir erróneamente ambos fenómenos.
Además, ni la existencia de estrellas de neutrones tan ligeras ni el proceso exacto por el que una supernova da lugar a dos núcleos compactos han sido validados de manera directa. Son modelos plausibles respaldados por simulaciones numéricas, pero que requieren más ejemplos observacionales para pasar de la hipótesis a la certeza.
Kasliwal resumía la situación señalando que todavía no se puede afirmar con rotundidad que AT2025ulz sea una superkilonova, pero que el evento es “revelador” en cualquier caso. El hecho de que haya mostrado rasgos de kilonova y supernova casi solapados ya es, por sí solo, un dato que obliga a revisar las categorías clásicas con las que se ordenaban las explosiones estelares.
La única forma de zanjar el debate será detectar nuevos eventos similares en los próximos años. Con los interferómetros de ondas gravitacionales mejorando su sensibilidad y una red global de telescopios, incluyendo proyectos como el observatorio Vera Rubin, cada vez más coordinada, la comunidad astronómica espera localizar más candidatos que permitan comprobar si AT2025ulz es un caso aislado o la punta del iceberg de un tipo de explosión estelar más común de lo que se pensaba.
En este contexto, los astrónomos advierten que las futuras kilonovas podrían no parecerse a la ya famosa GW170817 de 2017. Algunas podrían disfrazarse de supernovas atípicas, y solo un análisis detallado combinando ondas gravitacionales, luz visible e infrarroja, rayos X y radio permitirá identificarlas con seguridad.
El papel de Europa y España en la caza de superkilonovas
Este tipo de fenómenos no se estudia desde un único lugar, sino gracias a una auténtica red mundial de observatorios, desde telescopios espaciales a instalaciones terrestres. En Europa, instalaciones como Virgo (el interferómetro de ondas gravitacionales cercano a Pisa) y proyectos de la Agencia Espacial Europea se coordinan con LIGO y con telescopios repartidos por los cinco continentes para seguir estas señales efímeras que se desvanecen en cuestión de días.
España desempeña un papel relevante dentro de este entramado. Observatorios situados en Canarias, Sierra Nevada o Calar Alto aportan observaciones clave en óptico e infrarrojo, especialmente valiosas cuando es necesario reaccionar con rapidez ante una alerta de ondas gravitacionales. La calidad del cielo y la amplia experiencia en seguimiento de explosiones estelares hacen que los equipos españoles sean socios habituales en las campañas internacionales.
Además de las observaciones directas, grupos de investigación en universidades y centros nacionales participan en el análisis de datos y la generación de modelos teóricos que intentan explicar casos como AT2025ulz. Parte del trabajo se centra en entender cómo se distribuyen en el universo elementos como el oro o el platino, y qué fracción de ellos puede atribuirse a kilonovas o superkilonovas frente a otros procesos estelares.
Este esfuerzo colaborativo no se queda solo en círculos académicos. Iniciativas de divulgación científica en España y Europa están utilizando el ejemplo de la posible superkilonova para ilustrar cómo funciona la astronomía de “mensajeros múltiples”, en la que se combinan luz, ondas gravitacionales y otras señales para reconstruir lo que ocurrió en una fracción muy concreta del cosmos hace millones de años.
Aunque el fenómeno de AT2025ulz se haya producido muy lejos de la Tierra, su estudio tiene un impacto directo en la forma en que las sociedades europeas conciben la ciencia básica, la cooperación internacional y la necesidad de mantener infraestructuras científicas punteras capaces de captar estos sucesos excepcionales cuando el universo decide ofrecer un espectáculo tan singular.
Todo apunta a que AT2025ulz marcará un antes y un después en el estudio de las explosiones estelares: ya sea confirmada como superkilonova o reinterpretada en el futuro, ha demostrado que el cielo sigue guardando sorpresas capaces de poner a prueba nuestras teorías más asentadas y de impulsar a observatorios de España, Europa y el resto del mundo a mirar con más atención cada nueva señal que llegue del espacio profundo.