
El deshielo en la Antártida ha vuelto a poner en primer plano una historia humana sepultada durante décadas: la identificación de los restos del meteorólogo británico Dennis “Tink” Bell, desaparecido en 1959, tras quedar expuestos por el retroceso de un glaciar en la isla Rey Jorge (isla 25 de Mayo), frente a la península antártica.
El hallazgo, realizado por un equipo de una base polaca el pasado 19 de enero, ha sido confirmado por el British Antarctic Survey (BAS) y atribuido directamente al cambio en el hielo superficial de la Bahía del Almirantazgo. Junto a los restos aparecieron más de 200 objetos personales que aportan un relato material de aquella expedición.
Qué ha ocurrido
Los investigadores encontraron huesos y enseres entre rocas recientemente liberadas por el retroceso del glaciar Ecology, en la isla Rey Jorge, una de las Shetland del Sur. Entre los efectos recuperados destacan un reloj de pulsera Erguel con inscripción, un cuchillo sueco Mora, una linterna, bastones de esquí, restos de equipos de radio y la boquilla de una pipa de ebonita.
Los materiales fueron trasladados a Londres, donde la profesora Denise Syndercombe Court, especialista en genética forense del King’s College, comparó el ADN con muestras de los hermanos de Bell, David Bell y Valerie Kelly. El resultado fue concluyente: la coincidencia es mil millones de veces más probable que la ausencia de parentesco.
Desde el British Antarctic Monument Trust, su presidente Rod Rhys Jones destacó la pericia del equipo que reconoció los restos en un paisaje alterado por el movimiento glaciar. La directora del BAS, Jane Francis, subrayó la deuda con los miembros del FIDS que hicieron posibles las primeras cartografías y estudios en condiciones extremadamente duras.
Tras la recuperación, los restos y objetos fueron trasladados a las Islas Malvinas a bordo del buque de investigación del BAS RRS Sir David Attenborough, entregados al forense del Territorio Antártico Británico y posteriormente enviados a Londres para su custodia y sepultura.
El hallazgo de Dennis “Tink” Bell, propiciado por el retroceso del hielo en la Antártida, recupera una historia de trabajo científico, riesgo y camaradería. Las piezas recogidas, la confirmación genética y los testimonios de colegas y familiares conforman un relato completo que, sin estridencias, pone rostro a la ciencia realizada en el límite.