La erosión costera se ha convertido en un problema urgente para la comunidad de Santa Verónica, en el municipio de Juan de Acosta (Atlántico), donde el avance imparable del mar está transformando el paisaje, afectando zonas de playa y poniendo en riesgo infraestructuras clave. Esta situación, gestada durante años, ha generado preocupación tanto entre los habitantes como entre las autoridades, sin una solución clara y definitiva a corto plazo.
Ante el acelerado desgaste de la costa y el retroceso de la línea de playas, la economía local, dependiente en gran medida del turismo y la pesca, ha comenzado a resentirse. Los negocios y viviendas cercanos a la franja costera ven amenazada su estabilidad, mientras se intensifican los llamados de la comunidad a actuar de manera inmediata para evitar daños mayores.
El dilema de las soluciones: estructuras rígidas frente a restauración sostenible
El debate sobre cómo enfrentar este reto se encuentra en pleno auge. Por un lado, muchos vecinos y autoridades presionan para la construcción rápida de espolones y otras defensas costeras. Sin embargo, expertos advierten sobre las consecuencias negativas a largo plazo de este tipo de intervenciones, que podrían generar más daños que beneficios.
El geólogo Nelson Rangel-Buitrago, investigador de la Universidad del Atlántico, recuerda que el 90% de las estructuras rígidas en la costa Caribe han fracasado o han agravado el problema. Señala que espolones, rompeolas y muros pueden provocar erosión en otras áreas, modificar el transporte de sedimentos y dañar hábitats naturales, por lo que la planificación debe ser cuidadosa y basada en estudios exhaustivos.
Según este especialista, abordar la erosión requiere medidas integrales de gestión costera que vayan más allá de las soluciones reactivas y temporales. Es fundamental considerar la restauración de manglares, dunas y pastos marinos, así como promover modelos como las «setback zones», que permiten el retroceso controlado de la línea de costa y ofrecen una estrategia más sostenible frente al cambio climático.
Autorización de obras urgentes y condicionadas

Pese a las advertencias de la comunidad científica, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) ha otorgado una autorización temporal y condicionada para realizar intervenciones inmediatas en las zonas más críticas de Santa Verónica. El plan incluye la construcción de cuatro espolones de roca de entre 60 y 70 metros de longitud, junto con la aportación de 250.000 metros cúbicos de arena, con el objetivo de reducir la fuerza de las olas, promover la sedimentación y recuperar el perfil de la playa.
La decisión se basa en informes de la Universidad del Magdalena, que identificaron un retroceso acelerado de la línea litoral, perjuicios en la infraestructura vial y un riesgo inminente. La medida es temporal y solo cubre las zonas que requieren atención urgente, mientras se continúa con la evaluación de un estudio de impacto ambiental más completo y definitivo.
La intervención urgente busca mitigar la afectación a más de 250 metros de litoral y el impacto socioeconómico en la comunidad, en la que más del 80% de los residentes dependen de actividades relacionadas con el turismo y la conservación de la playa.
Planes de la gobernación y expectativas de la comunidad
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, ha anunciado que la inversión de 90.000 millones de pesos está asegurada y que los trabajos comenzarán a la mayor brevedad posible. Insiste en que los estudios realizados han sido rigurosos y que la prioridad es salvaguardar lo que queda de playa, protegiendo tanto el medio ambiente como la economía local.
Se recuerda que la intervención tiene carácter inicial y de urgencia, a la espera de una gestión ambiental definitiva y de la implementación de medidas a largo plazo que combinen acciones inmediatas con una estrategia sostenible frente al cambio climático. La comunidad mantiene sus expectativas y exige que las soluciones vayan más allá de los “parches”, buscando una recuperación real y una protección efectiva del entorno.
Los testimonios y las decisiones recientes reflejan una comunidad costera que apuesta por defender su territorio frente a los embates del mar, enfrentando una problemática de erosión costera que requiere acciones coordinadas y sostenibles para garantizar su futuro.


