Respirar en algunas ciudades de Tanzania, y muy especialmente en Dar es Salaam, se ha convertido en un auténtico ejercicio de riesgo para la salud. Entre el humo de los coches, las quemas de basura al aire libre, el polvo de las calles y los fuegos de carbón vegetal para cocinar, el aire se carga de partículas microscópicas que terminan entrando en los pulmones de millones de personas cada día.
Lejos de ser un problema abstracto, la contaminación atmosférica en Tanzania se traduce en niños que tosen toda la noche, personas mayores con dificultad para respirar y un sistema sanitario presionado por enfermedades respiratorias y cardiovasculares. A la vez, el país intenta impulsar su desarrollo económico, ampliar el acceso a la energía y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo que convierte la calidad del aire en un reto tan sanitario como social y económico.
Contaminación del aire en Dar es Salaam: una ciudad al límite
En el corazón comercial de Dar es Salaam, en barrios como Kariakoo, el ambiente es una mezcla densa de gases de escape diésel, humo de carbón, polvo y malos olores. Muchos comerciantes se cubren la nariz y la boca con pañuelos improvisados porque sienten literalmente cómo el aire les irrita la garganta y el pecho mientras trabajan durante horas en puestos abarrotados.
Un estudio conjunto del Instituto Tecnológico de Dar es Salaam y del Instituto Medioambiental de Estocolmo, publicado en la revista Clean Air Journal, ha confirmado con datos lo que tanta gente lleva años notando: el aire en la capital económica tanzana es tóxico. Entre mayo de 2021 y febrero de 2022, se instalaron 14 estaciones de control que midieron en continuo las concentraciones de partículas finas PM2,5 y PM10 en distintos puntos de la ciudad.
Los resultados mostraron que las concentraciones medias superaban sistemáticamente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En los peores días, los niveles diarios de PM2,5 alcanzaron los 130 µg/m³, más de ocho veces por encima del límite orientativo de la OMS para proteger la salud humana. Esto sitúa a Dar es Salaam en la primera línea de la crisis global de contaminación atmosférica urbana.
Los investigadores detectaron picos claros durante las horas punta, aproximadamente de 6:00 a 11:00 por la mañana y de 18:00 a 21:00 por la tarde, cuando el tráfico es más intenso y la actividad industrial se acelera. Durante festivos y días con menos desplazamientos las concentraciones bajaban, dejando muy claro el peso del transporte y la industria en las emisiones de la ciudad.
En la calle Kongo, una de las arterias más concurridas de Kariakoo, miles de personas avanzan entre puestos de madera, motocicletas que zigzaguean, carros de mercancías y montones de residuos sin recoger. Comerciantes y vecinos describen cómo al sonarse la nariz el pañuelo aparece negro por el polvo y el humo, una señal evidente de la cantidad de partículas que se inhalan sin darse cuenta a lo largo del día.

Fuentes principales de contaminación y puntos críticos
El estudio identificó varios focos de contaminación especialmente preocupantes dentro de Dar es Salaam. Los habitantes que residen cerca de carreteras muy transitadas, polígonos industriales o vertederos son quienes soportan las mayores concentraciones de partículas finas y gruesas.
Uno de los ejemplos más extremos es el vertedero de Pugu Dampo, donde durante meses de quema descontrolada de residuos las mediciones de PM10 alcanzaron niveles desorbitados, llegando a registrar hasta 2762 µg/m³ de partículas gruesas. En barrios como Ilala y Kinondoni, con fábrica y grandes cruces de tráfico, los promedios diarios se mantuvieron por encima de los valores considerados seguros por la OMS.
También se identificaron zonas residenciales densamente pobladas, como Magomeni, donde las emisiones procedentes de los vehículos son la fuente dominante. En otras áreas, como Vingunguti, la suma de emisiones industriales y tráfico rodado crea un cóctel de contaminación que afecta a quienes viven, estudian o trabajan en las inmediaciones.
Además del tráfico y las industrias, la propia dinámica urbana contribuye al problema: residuos amontonados que se queman al aire libre, caminos de tierra que levantan polvo constante al paso de coches y peatones, y fuegos de cocina en plena calle o patios interiores. Todo ello genera una niebla persistente de partículas, gases irritantes y hollín que flota a baja altura y que termina entrando en las casas, los mercados y los colegios.
Impacto sanitario: un asesino silencioso en Tanzania
Respirar aire cargado de PM2,5 y PM10 de forma continuada está vinculado a una larga lista de problemas de salud, desde asma y bronquitis crónica hasta insuficiencia cardíaca y cardiopatías. En Tanzania, las infecciones respiratorias ya figuran entre las principales causas de consulta hospitalaria y una de las mayores causas de mortalidad infantil.
Las partículas finas son tan pequeñas que pueden penetrar hasta las partes más profundas del pulmón y pasar al torrente sanguíneo, provocando inflamación sistémica, empeoramiento de enfermedades previas y muertes prematuras. Niños, personas mayores, trabajadores al aire libre y vendedores ambulantes están especialmente expuestos, ya que pasan la mayor parte del día en la calle o en espacios con mala ventilación.
Expertos en salud pública de Dar es Salaam han alertado de que la situación constituye una emergencia sanitaria que no siempre se percibe porque muchos de sus efectos tardan años en hacerse evidentes. La OMS sitúa la contaminación atmosférica como la segunda causa de enfermedades no transmisibles a nivel global, lo que debería servir como toque de atención para el país.
Pese a todo, la concienciación social y política sobre los efectos de respirar aire sucio sigue siendo limitada. La ciudadanía suele reaccionar con más rapidez ante los residuos sólidos visibles en las calles que ante un aire aparentemente transparente, aunque esté cargado de contaminantes invisibles. Este desfase entre la percepción del riesgo y el riesgo real retrasa la adopción de medidas contundentes.
Pobreza energética y cocina con combustibles contaminantes
Una parte importante de la contaminación del aire en Tanzania se genera dentro de los propios hogares. En Dar es Salaam se consume aproximadamente la mitad del carbón vegetal de todo el país cada año. Dado que solo cerca de un tercio de la electricidad tanzana procede de fuentes hidroeléctricas relativamente limpias, gran parte de la población sigue dependiendo del carbón vegetal y la leña para cocinar y calentar.
El humo que sale de los fogones domésticos se acumula en cocinas mal ventiladas y espacios interiores, cargando el aire de partículas finas y sustancias tóxicas. Para muchas familias, el carbón vegetal es la opción más asequible y disponible, aunque sean conscientes de que el humo irrespirable afecta a su salud y a la de sus hijos. Esta situación entra en conflicto directo con el objetivo de los ODS 7 de garantizar el acceso a energía limpia para cocinar.
La evaluación africana integrada sobre contaminación del aire y cambio climático subraya que el sector residencial es crucial para reducir las emisiones de partículas finas y carbono negro. Si se impulsara de manera decidida una transición hacia estufas de biomasa más eficientes y combustibles limpios como gas, electricidad, biogás o GLP, podrían recortarse de aquí a 2030 alrededor del 60 % de las emisiones de PM2,5 y casi un 68 % de las de carbono negro procedentes de los hogares.
En otros países africanos se están probando programas que pueden servir de referencia para Tanzania: suministro de estufas de GLP de un solo quemador a hogares de bajos ingresos en Kenia y Uganda, proyectos piloto de cocina eléctrica en Ruanda, Tanzania, Nigeria o Camerún, y normas mínimas de rendimiento energético para aparatos de aire acondicionado y refrigeración para reducir el consumo eléctrico y las emisiones asociadas.
En iluminación, la transición hacia soluciones solares ha sido más rápida, gracias a modelos de financiación innovadores como el sistema de “pago por uso” (PAYG). Esta fórmula ha permitido que aldeas enteras dejen de depender de la parafina y cuenten con luz limpia, segura y más barata a medio plazo, con apoyo de redes locales de artesanos para mantenimiento y reparaciones.
Transporte y urbanización acelerada: un cóctel explosivo
Dar es Salaam es una de las urbes de crecimiento más acelerado de África, con más de seis millones de habitantes y una expansión urbana que avanza más rápido que la planificación. La combinación de carreteras congestionadas, industrias poco reguladas y escasa infraestructura para transporte público limpio hace que el sector del transporte sea uno de los principales responsables de la mala calidad del aire.
En las calles más saturadas, los coches, minibuses y motocicletas avanzan a trompicones, emitiendo columnas de humo visibles, especialmente aquellos vehículos más antiguos y sin controles modernos de emisiones. El ruido de los claxon se mezcla con el olor a diésel mal quemado y el polvo de las calzadas, creando un entorno en el que caminar, vender en la calle o ir al colegio se convierte en una exposición diaria a contaminantes.
A nivel continental, África vive un proceso rápido de motorización ligado a la urbanización y al aumento de los ingresos medios. La creación del Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) también impulsará el transporte de mercancías y personas entre países, lo que, si no se regula bien, puede traducirse en aún más emisiones de NOx, partículas y dióxido de carbono.
La evaluación integrada africana indica que, en el corto plazo, una de las medidas más efectivas sería acelerar la implementación de límites estrictos de emisiones para vehículos y prohibir la importación y circulación de coches excesivamente viejos. De cara a 2063, los vehículos eléctricos alimentados con energías renovables, el uso creciente de híbridos, la electrificación del transporte de mercancías y el impulso del transporte no motorizado (andar, bicicleta) pueden aportar enormes beneficios tanto para la salud como para el clima.
Diversas subregiones africanas ya se han movido en esta dirección. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) ha adoptado normas armonizadas para combustibles y vehículos más limpios, y la Comunidad de África Oriental comenzó en 2015 a aplicar estándares comunes para diésel con bajo contenido de azufre y, más recientemente, para vehículos. Muchas ciudades están desarrollando corredores de autobús de tránsito rápido (BRT) y tratando de vincularlos con infraestructura segura para peatones y ciclistas, además de introducir autobuses libres de hollín, incluidos eléctricos.
Energía, industria y emisiones de CO2 en Tanzania
La contaminación del aire en Tanzania no se limita a las partículas visibles: también está asociada a las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero ligados al uso de combustibles fósiles en la generación eléctrica, la industria, el transporte y la producción de combustibles.
En 2020, las emisiones totales de CO2 del país fueron de unas 16,797 megatoneladas, lo que sitúa a Tanzania en el puesto 92 de un ranking de 184 países ordenados de menos a más emisores. Aunque se produjo un ligero descenso de unas 0,207 megatoneladas respecto a 2019 (alrededor de un 1,22 % menos), la tendencia de largo plazo es claramente ascendente: desde 2010 las emisiones totales se han duplicado, al igual que las per cápita y las asociadas a cada 1.000 dólares de PIB.
En 2020, cada habitante emitió de media aproximadamente 0,27 toneladas de CO2, una cifra baja si se compara con países industrializados, pero que refleja un crecimiento rápido de la huella de carbono a medida que la economía se expande. Las emisiones por cada 1.000 dólares de PIB se situaron en torno a 0,08 kilogramos, algo inferiores a las del año anterior, lo que sugiere una ligera mejora en la eficiencia ambiental de la producción, aunque insuficiente para frenar el empeoramiento global.
En el sector energético e industrial, la extracción y combustión de combustibles fósiles para producir electricidad o alimentar procesos productivos emite dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas que, al reaccionar en la atmósfera, forman partículas secundarias y ozono troposférico. La industria del petróleo y el gas aporta además metano y compuestos orgánicos volátiles, que agravan el calentamiento global y la contaminación del aire a nivel del suelo.
A nivel africano, se reconoce que las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) están incrementando su peso en las emisiones, lo que plantea un reto adicional: cómo controlar la contaminación en un tejido productivo muy fragmentado y con recursos limitados para invertir en tecnologías limpias. También crecen las emisiones asociadas a los hidrofluorocarbonos (HFC) usados en aire acondicionado y refrigeración, que son potentes gases de efecto invernadero.
La evaluación integrada plantea varias vías de actuación: impulsar de forma decidida las energías renovables (solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica), reducir las fugas de metano en la industria del petróleo y el gas mediante programas de detección y reparación de fugas, sustitución de equipos ventiladores y reducción de la quema rutinaria, y aplicar estándares estrictos de emisión para partículas, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno en toda nueva instalación industrial.
África dispone de un potencial renovable enorme: se estima que alberga el 60 % de los mejores recursos solares del planeta pero solo alrededor del 1 % de la capacidad fotovoltaica instalada. Según proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía, más del 80 % de la nueva potencia de generación eléctrica en el continente podría venir de fuentes renovables para 2030, lo que generaría alrededor de 1,3 millones de empleos adicionales y reduciría tanto las emisiones como la contaminación local.
Agricultura, metano y calidad del aire
La agricultura es el pilar del desarrollo socioeconómico africano y, al mismo tiempo, una fuente importante de emisiones de metano, óxido nitroso y amoníaco, que afectan al clima y a la calidad del aire. El crecimiento de la población y el aumento del consumo, impulsados también por la AfCFTA, exigirán incrementar la productividad agrícola de manera climáticamente inteligente y con menor impacto atmosférico.
La evaluación integrada para África calcula que, si se aplican medidas adecuadas, las emisiones de metano procedentes de agricultura, silvicultura y otros usos del suelo podrían ser un 51 % más bajas en 2030 y un 72 % más bajas en 2063 respecto a un escenario de referencia. Entre las acciones clave destacan la mejora de la alimentación del ganado, la sanidad animal y los cambios en los hábitos de consumo, como reducir el desperdicio de alimentos y moderar el consumo de carne allí donde es excesivo.
Una mejor gestión del estiércol mediante compostaje, digestión anaerobia o extensión diaria en campo reduce las emisiones de amoníaco y de óxido nitroso, mejorando tanto la calidad del aire como el balance climático. En cultivos como el arroz, la alternancia de riego y secado (técnicas AWD) permite ahorrar agua, aumentar o mantener rendimientos y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero simultáneamente.
Diversos países africanos han puesto en marcha programas de mejora genética y de alimentación animal que han incrementado la eficiencia de la ganadería y los ingresos de los productores. Etiopía, por ejemplo, ha visto crecer notablemente su productividad agrícola gracias a inversiones en investigación y extensión, mientras que Ghana ha lanzado un proyecto de arroz climáticamente inteligente que formará a miles de agricultores en prácticas sostenibles, con una reducción significativa de emisiones de metano asociadas a los arrozales.
También se están promoviendo usos alternativos de los residuos agrícolas para evitar su quema a cielo abierto: producción de briquetas de combustible a partir de desechos poscosecha, generación de biocarbón y elaboración de fertilizantes basados en este material en países como Kenia, Ghana o Malaui. Estas soluciones aportan beneficios múltiples: menos humo y partículas, suelos más fértiles y nuevas oportunidades económicas rurales.
Gestión de residuos y su peso en la contaminación del aire
La mala gestión de residuos sólidos y aguas residuales en gran parte de África, incluida Tanzania, representa una fuente subestimada de emisiones contaminantes. La quema a cielo abierto de basura es responsable de más de una cuarta parte de la contaminación por partículas finas PM2,5 en muchos entornos urbanos africanos, además de liberar carbono negro, metano y sustancias tóxicas que perjudican la salud y el clima.
Más de tres cuartas partes de los hogares del continente carecen de servicios básicos de recogida de residuos, y según UNICEF alrededor de 779 millones de personas no tienen acceso a saneamiento básico, incluidas 208 millones que siguen practicando la defecación al aire libre. Esta situación genera problemas de salud pública, contaminación del agua y del suelo, degradación de la biodiversidad y riesgos adicionales de inseguridad alimentaria.
Las comunidades más pobres, que suelen vivir en asentamientos informales o barrios con servicios precarios, son quienes menos acceso tienen a una gestión adecuada de residuos y, a la vez, quienes más dependen del reciclaje informal para sobrevivir. Muchos recicladores trabajan en condiciones insalubres, sin protección ni acceso a seguridad social, expuestos a humos, sustancias peligrosas y accidentes laborales.
La evaluación integrada indica que, si se combinan buenas prácticas en la gestión de vertederos (evitando la quema al aire libre y capturando el metano) con medidas para desviar los residuos orgánicos hacia el compostaje o la producción de biogás y reducir el desperdicio de alimentos, podría lograrse una reducción de hasta el 90 % de las emisiones de carbono negro asociadas a la quema de desechos de aquí a 2063. Las emisiones de PM2,5 también caerían entre un 30 % y un 88 % en ese horizonte temporal.
Para alcanzar esos objetivos, sería necesario conectar todas las áreas urbanas a plantas de tratamiento de aguas residuales con sistemas de captura de metano y desarrollar soluciones descentralizadas para las zonas rurales. Programas como la Plataforma Africana de Ciudades Limpias (ACCP), activa en 90 ciudades de 42 países, y proyectos de apoyo a MIPYMES circulares impulsados por iniciativas como SWITCH Africa Green muestran que es posible combinar recuperación de recursos, reducción de emisiones y creación de empleo.
En países como Ghana, Marruecos o Kenia se están implantando leyes de gestión sostenible de residuos, regulaciones de Responsabilidad Ampliada del Productor y asociaciones público-privadas para mejorar la recogida y el reciclaje, introduciendo flotas de vehículos más eficientes y apoyando a las pequeñas empresas innovadoras del sector. Estas experiencias pueden inspirar soluciones similares en Tanzania, donde la quema de residuos urbanos e industriales es uno de los puntos críticos identificados por los estudios de calidad del aire.
Respuestas políticas, cooperación regional y margen de mejora
Aunque Tanzania ha dado algunos pasos para abordar la contaminación atmosférica —como la implantación del sistema de autobús de tránsito rápido en Dar es Salaam o el desarrollo del ferrocarril de vía estándar— la aplicación práctica de las normas sigue siendo muy limitada. Las regulaciones de calidad del aire aprobadas en 2007 rara vez se hacen cumplir y la capacidad de monitorización es escasa.
El marco institucional también está fragmentado: diferentes organismos comparten competencias sin una coordinación sólida, y el Consejo Nacional de Gestión Ambiental opera con recursos humanos y financieros muy ajustados, lo que obstaculiza la vigilancia y sanción de incumplimientos. Hasta hace poco apenas había datos fiables sobre el aire ambiente; de hecho, las 14 estaciones del estudio en Dar es Salaam figuran entre los primeros esfuerzos serios de seguimiento continuo en el país.
A nivel africano, la Conferencia Ministerial Africana sobre Medio Ambiente (AMCEN) y la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente (UNEA) han respaldado una Evaluación Integrada de la Contaminación del Aire y el Cambio Climático y el desarrollo de un Programa de Aire Limpio para todo el continente. Este programa propone 37 medidas en sectores clave (transporte, residencial, energía e industria, agricultura y residuos) que podrían reducir entre un 40 % y un 80 % las emisiones de gases de efecto invernadero, contaminantes climáticos de vida corta y otros contaminantes del aire para 2063.
Los beneficios estimados son enormes: prevención de unas 200.000 muertes prematuras al año para 2030 y cerca de 880.000 anuales para 2063, mejoras en la seguridad alimentaria gracias al aumento del rendimiento de cultivos como arroz, maíz, soja y trigo, menor desertificación y mitigación de los impactos del cambio climático regional sobre temperatura y precipitaciones, especialmente en regiones como el Sahel.
La evaluación y los acuerdos regionales insisten en la importancia de asignar presupuestos específicos a nivel local, nacional, regional y continental para impulsar el programa Africa Clean Air mediante alianzas estratégicas y movilización de recursos. También subrayan que casi todas las medidas propuestas ya han sido probadas con éxito en algún lugar del continente, por lo que el desafío principal no es tanto tecnológico como de voluntad política, diseño de políticas coherentes y escalado de las experiencias positivas.
Para Tanzania, el aprendizaje de ciudades como Nairobi —que cuenta con una Ley de Calidad del Aire del Condado y redes de sensores de bajo coste—, Kampala —con producción local de sensores y un plan de acción para aire limpio— o Addis Abeba —con estándares más estrictos de emisiones de vehículos— puede acelerar la adopción de soluciones propias. Todo apunta a que reconocer la gravedad del problema y actuar con urgencia será clave para evitar que el crecimiento económico del país vaya acompañado de un deterioro irreversible de la salud pública y del entorno.
El conjunto de evidencias disponibles muestra que la contaminación del aire en Tanzania, con Dar es Salaam como caso paradigmático, se alimenta de múltiples frentes: tráfico intenso, energía sucia para cocinar, industrias poco controladas, gestión deficiente de residuos y un sector agrícola que aún puede volverse mucho más eficiente y limpio. Reducir los niveles de partículas, gases tóxicos y emisiones de efecto invernadero pasa por una combinación de políticas ambiciosas, inversión en tecnologías limpias, educación ambiental y cooperación regional. De ello depende que futuras generaciones puedan seguir desarrollando su vida cotidiana, estudiar, trabajar y desplazarse por la ciudad sin que cada respiración suponga un riesgo silencioso para su salud.