Mirar al cielo nocturno y reconocer figuras entre las estrellas es algo que la humanidad lleva haciendo milenios, pero no siempre queda claro qué diferencia hay entre una constelación y un asterismo. A veces usamos ambos términos como si fueran lo mismo, cuando en realidad no lo son. Si alguna vez te has preguntado qué es exactamente el Gran Carro, el Triángulo de Verano o el Hexágono Invernal, aquí vas a despejar todas esas dudas de una vez.
A lo largo de este artículo vamos a ver con detalle qué es una constelación, qué es un asterismo, cómo se han definido oficialmente las zonas del cielo (ver mapa del cielo nocturno), cuántas constelaciones existen, qué tipos de asterismos hay y cuáles son los grupos más conocidos que puedes aprender a identificar a simple vista. El objetivo es que termines con una visión muy completa y, sobre todo, que puedas salir una noche despejada y orientarte por las estrellas casi como lo hacían los antiguos navegantes.
Qué es una constelación hoy en día
En astronomía moderna, una constelación no es solo un dibujito de estrellas formando un animal o un héroe mitológico, sino una región bien delimitada de la esfera celeste. Todo el cielo está dividido en 88 zonas oficiales, y cualquier astro que mires (una estrella, una nebulosa, una galaxia) siempre estará dentro de una de esas regiones.
Históricamente, las constelaciones nacieron de la imaginación de las primeras culturas que miraban el cielo: un cazador, un león, un barco… A partir de esos dibujos originales, la astronomía fue evolucionando hasta que, en el siglo XX, se decidió fijar unos límites claros y universales. Hoy en día, las constelaciones son una especie de mapa administrativo del cielo: no se solapan, cubren toda la bóveda celeste y sirven como referencia para localizar cualquier objeto.
La autoridad que se encarga de definir estas zonas es la Unión Astronómica Internacional (UAI o IAU, por sus siglas en inglés). Este organismo es el que tiene la última palabra en todo lo relativo a la nomenclatura oficial del cielo y de los objetos astronómicos. Gracias a ello se evita que cada astrónomo se invente constelaciones nuevas en sus atlas, como ocurría hace siglos.
La UAI reconoce oficialmente 88 constelaciones, que son las que aparecen en cualquier atlas estelar serio. Antes de fijarlas, existían muchas más, algunas muy locales o puramente “de moda”, dedicadas a reyes, nobles o símbolos patrióticos que, con el tiempo, cayeron en desuso. Esas figuras antiguas se conocen hoy como constelaciones en desuso y, en la práctica, han desaparecido del cielo oficial.
Un detalle curioso es el caso de la constelación de la Serpiente. Su figura histórica se reparte en dos superficies: Caput Serpentis (Cabeza de la Serpiente) y Cauda Serpentis (Cola de la Serpiente), separadas por la constelación de Ofiuco (Serpentario) y parte de Hércules. A efectos prácticos, son 89 superficies cartografiadas que se agrupan en 88 constelaciones reconocidas.
Para trazar estos límites modernos, la UAI encomendó en 1930 al astrónomo belga Eugène Joseph Delporte que estableciera una cartografía celeste universal. Delporte utilizó líneas siguiendo paralelos y meridianos de la esfera celeste, es decir, paralelos a las declinaciones y ascensiones rectas, generando así contornos geométricos claros alrededor de los asterismos históricos que ya existían.
Qué es un asterismo y en qué se diferencia
Un asterismo es, en esencia, un grupo de estrellas que, vistas desde la Tierra, dibujan una figura reconocible. Puede ser un triángulo, un rombo, un carro, una cruz… La clave es que se trata de un patrón aparente, una forma que vemos porque las estrellas se proyectan sobre la esfera celeste desde nuestra perspectiva y a menudo son protagonistas de actividades para redescubrir el cielo con nuevas tecnologías y ciencia ciudadana.
A diferencia de las constelaciones, los asterismos no son regiones completas del cielo ni están definidos oficialmente por la UAI. Son figuras más informales y flexibles que pueden estar formadas por estrellas de una sola constelación o por estrellas que pertenecen a varias constelaciones diferentes. No existe un listado oficial cerrado, aunque sí hay un cierto consenso internacional entre los aficionados sobre los patrones más usados.
En una misma constelación, solo algunas de sus estrellas forman la figura popular que solemos dibujar: esa figura es el asterismo de la constelación. El resto de estrellas que caen dentro de los límites de la región forman parte de la constelación, pero no siempre del dibujo principal. Un buen ejemplo es la constelación de la Flecha (Sagitta): el área de cielo que ocupa contiene varias estrellas, pero el asterismo de la flecha como tal está formado solamente por cinco de ellas.
Además de los asterismos internos de cada constelación, la tradición (y la afición moderna) ha creado muchos otros patrones mezclando estrellas de distintas zonas del cielo. Es el caso, por ejemplo, del Triángulo de Verano, que une a Deneb (en el Cisne), Altair (en el Águila) y Vega (en la Lira). Forman un gran triángulo muy llamativo en el cielo veraniego del hemisferio norte, aunque cada estrella pertenezca a una constelación distinta.
En la práctica, los asterismos son una herramienta nemotécnica potentísima para aprender a orientarse. Sirven como “escalones intermedios” para el reconocimiento del firmamento: primero aprendemos los patrones más obvios y, a partir de ellos, vamos extendiendo nuestro conocimiento a constelaciones completas y sistemas de coordenadas más precisos.
Constelaciones y asterismos: utilidad y uso actual
Desde el punto de vista estrictamente científico, los conceptos de constelación y asterismo no son fundamentales: los astrónomos profesionales trabajan con catálogos, coordenadas ecuatoriales, galácticas, etc. Sin embargo, en la práctica siguen siendo imprescindibles como referencia visual, sobre todo para la observación a simple vista o con pequeños instrumentos y aplicaciones para observar el cielo.
Las constelaciones han servido históricamente para navegar y orientarse: marineros, caravanas y agricultores las usaban para saber la época del año, la dirección y hasta la hora aproximada de la noche. Hoy, aunque los sistemas de navegación sean electrónicos, los patrones estelares continúan siendo una herramienta didáctica ideal para la observación de las estrellas para todos y para introducirse en la astronomía.
Los asterismos, por su parte, son el “atajo” perfecto para identificar rápidamente zonas del cielo sin necesidad de manejar coordenadas. El Gran Carro de la Osa Mayor, por ejemplo, se usa para localizar la Estrella Polar: prolongando unas cuantas veces la distancia entre Dubhe y Merak se llega a Polaris. Este tipo de recursos siguen siendo muy prácticos para quienes empiezan en la observación visual.
En general, el uso de constelaciones y asterismos está mucho más extendido entre los aficionados que entre los profesionales. Los primeros los popularizan en libros, revistas y webs de divulgación, que también recomiendan los mejores lugares para ver el cielo, mientras que los segundos se apoyan más en catálogos estelares y sistemas de referencia precisos. Aun así, incluso en la literatura científica se suele indicar a qué constelación pertenece un objeto para facilitar su búsqueda.
Tipos de asterismos reconocidos por los aficionados
Como no existe una clasificación oficial estricta, con el tiempo los aficionados y divulgadores han ido agrupando los asterismos en varias categorías según su tamaño, su función o el tipo de constelaciones que involucran. Algunas de las más habituales son los grandes asterismos estacionales, los asterismos típicos de las constelaciones modernas, los históricos y los que requieren instrumento.
Un primer grupo lo forman los asterismos estacionales o grandes asterismos. Son figuras amplias, muy reconocibles, que incluyen estrellas de diferentes constelaciones y ayudan a identificar el aspecto típico del cielo en cada estación del año. Suelen servir como “marcadores” de primavera, verano, otoño o invierno.
Otro grupo son los asterismos de las constelaciones actuales, es decir, las figuras básicas que dibujamos al unir las estrellas más brillantes de una constelación. Son el “esqueleto” del dibujo tradicional que representa a esa figura mitológica o animal. Por ejemplo, el Carro de la Osa Mayor o la W de Casiopea son patrones internos muy claros dentro de sus constelaciones.
Existen también los asterismos históricos, que son viejas figuras que en su momento llegaron a proponerse como constelaciones, pero que no sobrevivieron al filtro de la UAI. Muchos se han integrado parcialmente en las figuras actuales, aunque algunos nombres se siguen usando de forma informal porque ayudan a aprender el cielo recurriendo a tradiciones antiguas, como “Los honores de Federico”.
En el terreno más fino están los pequeños asterismos, observables generalmente con prismáticos o telescopios modestos. Suelen ser agrupaciones de estrellas que, además de formar una figura simpática a la vista, están relacionadas físicamente (por ejemplo, perteneciendo al mismo cúmulo estelar). Un caso muy conocido es “La Percha”, visible con prismáticos en la constelación de Vulpecula.
Por último, desde mediados del siglo XX hasta hoy han ido apareciendo nuevos asterismos populares, difundidos en revistas especializadas, libros de iniciación y foros de aficionados. Un ejemplo moderno es el “Filamento de ADN”, un patrón en zigzag formado por varias estrellas de Acuario que recuerda a la doble hélice.
Grandes asterismos estacionales del hemisferio norte
Al hablar de “grandes asterismos” solemos referirnos a figuras que abarcan porciones muy amplias del cielo, reuniendo estrellas brillantes de distintas constelaciones. Son ideales para iniciarse porque, una vez encontrados, permiten saltar con facilidad a otras zonas. Entre los más conocidos destacan el Diamante de Virgo, el Triángulo de Verano, el Cuadrado de Pegaso y el conjunto de patrones invernales.
El Diamante de Virgo es un rombo formado por estrellas de varias constelaciones: Espiga (Spica) en Virgo, Arturo en Boyero, Denébola en Leo y Cor Caroli en Canes Venatici (Lebreles). Es típico de la primavera boreal: se ve con comodidad desde marzo o abril hasta el verano, aunque en función de la hora de la noche y del mes variará su altura y orientación.
El Triángulo de Verano es probablemente el gran asterismo estacional más famoso. Lo forman Deneb (en el Cisne), Altair (en el Águila) y Vega (en la Lira), tres estrellas muy brillantes visibles incluso con contaminación lumínica moderada. En el hemisferio norte domina las noches de verano, elevándose alto en el cielo y sirviendo de puerta de entrada a la Vía Láctea estival.
Asociado a la constelación de Ofiuco tenemos la llamada Caja de Ofiuco, un pentágono compuesto por Rasalhague, Kappa Ophiuchi, Yed Posterior, Zeta Ophiuchi y Cebalrai. Es otro patrón veraniego boreal, visible entre la primavera avanzada y principios de otoño. Aunque no es tan popular como el Triángulo de Verano, es útil para reconocer la región rica en estrellas y nebulosas que rodea al centro galáctico.
En otoño, el gran referente es el Cuadrado de Pegaso, un trapecio casi cuadrado formado por Alpheratz (α Andromedae), Markab, Scheat y Algenib (las tres últimas en Pegaso). Esta figura marca la entrada al cielo otoñal del hemisferio norte y sirve como base para localizar Andrómeda y su galaxia (M31), una de las joyas más accesibles a simple vista bajo cielos oscuros.
Durante el invierno boreal, el cielo nocturno está dominado por varios grandes patrones. El Triángulo Invernal está compuesto por Sirio (en Can Mayor), Proción (en Can Menor) y Betelgeuse (en Orión). Este triángulo es, a su vez, parte de un asterismo aún más amplio, el Hexágono de Invierno, formado por Sirio, Proción, Cástor (en Géminis), Capella (en Auriga), Aldebarán (en Tauro) y Rigel (en Orión).
Mientras que el Hexágono agrupa seis estrellas, algunos aficionados amplían la figura a un Círculo Invernal, incorporando también a Pólux (la segunda estrella brillante de Géminis) para crear un heptágono. Tanto el Triángulo como el Hexágono o el Círculo son típicos del invierno boreal y del verano austral, y constituyen una “guía turística” ideal para visitar las constelaciones más espectaculares de la temporada.
En el cielo austral existe también un gran asterismo conocido como la Falsa Cruz, un rombo formado por estrellas de las constelaciones de Vela y Carina (la quilla). Incluye a Markeb (κ Velorum), Alhabor (δ Velorum), Avior (ε Carinae) y Aspidiske (ι Carinae). Es circumpolar para latitudes australes muy meridionales y, pese a su nombre, no debe confundirse con la Cruz del Sur auténtica, aunque a simple vista pueda dar lugar a equívocos.
Asterismos emblemáticos de constelaciones circumpolares
En las regiones cercanas a los polos celestes encontramos constelaciones circumpolares, es decir, que nunca llegan a ponerse por completo bajo el horizonte en ciertas latitudes. En el hemisferio norte destacan Osa Mayor, Osa Menor, Casiopea, Cefeo y Draco, y en todas ellas hay asterismos muy característicos.
Uno de los patrones más célebres es el Carro de la Osa Mayor, también llamado el Gran Carro o, en inglés, Big Dipper. Está formado por siete estrellas: Dubhe, Merak, Phecda, Megrez, Alioth, Mizar y Benetnasch. Aunque todas pertenecen a la constelación de la Osa Mayor, el Carro en sí es un asterismo dentro de ella. Para muchos observadores es la llave maestra para encontrar la Estrella Polar y orientarse hacia el norte.
Dentro de la misma Osa Mayor podemos identificar asterismos menores, como El Ataúd (el cuadrilátero formado por Dubhe, Merak, Phecda y Megrez) o Las Plañideras, una alineación triangular que incluye Alioth, Mizar, Alcor y Benetnasch. Estos subpatrones son útiles para describir posiciones y, además, tienen un interés histórico y cultural en las tradiciones populares.
En la vecina Osa Menor encontramos el Carro Pequeño, un asterismo que recuerda al de la Osa Mayor pero en tamaño reducido. Lo forman Cinosura (la Estrella Polar), Kochab, Pherkad, Yildun, Urodelus, Alifa y Anwar Al Farkadain. Dentro de esta constelación también se habla de Las Guardianas del Polo, un pequeño segmento marcado por Kochab y Pherkad, que rodean a Polaris a relativamente poca distancia angular.
Otra figura muy reconocible es la W de Casiopea, también llamada simplemente “la W”. Está compuesta por Caph, Schedar, Cih, Ruchbah y Segin, y dibuja una clara forma de W (o de M, según su posición en el cielo). Casiopea es circumpolar en buena parte del hemisferio norte y se convierte en la gran referencia cuando la Osa Mayor está demasiado baja sobre el horizonte.
La constelación de Cefeo alberga el asterismo llamado La Casa del Rey, un pentágono irregular formado por estrellas como Alderamin, Alfirk, Errai y Zeta Cephei. Dibujan una figura que recuerda vagamente a una casita con tejado, de ahí su nombre. En la constelación del Dragón (Draco) destaca la Cabeza del Dragón o Lozenge, un romboidal formado por Rastaban, Etamin, Kuma y Grumium.
Asterismos en constelaciones de primavera y otoño
Más allá de los grandes patrones estacionales, cada estación tiene sus pequeños asterismos particulares en constelaciones bien situadas. En la primavera boreal, por ejemplo, podemos fijarnos en Corona Boreal, Leo, Virgo, Hércules, Cáncer y Auriga, entre otras.
En Corona Boreal, uno de los rasgos más bonitos es el asterismo de la Corona Boreal propiamente dicha, una especie de semicírculo de estrellas presidido por Alphecca. Lo completan, entre otras, Nusakan, Gamma, Delta, Epsilon, Theta e Iota Coronae Borealis. A simple vista parece un pequeño arco de piedras preciosas en mitad del cielo de primavera.
En Leo encontramos la popular Hoz de Leo, un patrón semicircular mixto formado por Regulus, Al Jabhah, Algieba, Aldhafera, Rasalas y Ras Elased Australis. La Hoz sugiere la cabeza y la melena del león y es la parte de la constelación que primero suele reconocerse en el cielo, al ser muy compacta y tener estrellas bastante brillantes.
En la constelación de Virgo se habla de la Diadema de la Virgen, un asterismo semicircular compuesto por Vindemiatrix, Minelava, Porrima, Zaniah, b Virginis y Nu Virginis. Estas estrellas definen una especie de arco que complementa a Espiga (Spica), la estrella más brillante de la constelación.
Hércules también ofrece varias figuras interesantes. Por un lado, El Mazo de Hércules, una alineación de estrellas como Rukbalgethi Shemali, Firculis e Iota Herculis, y por otro lado, la Piedra Filosofal, un cuadrilátero formado por Sofian, Pi Herculis, Epsilon Herculis y Zeta Herculis. Este último se usa a menudo como referencia para encontrar el famoso cúmulo globular M13.
En la constelación de Cáncer, relativamente discreta en cuanto a brillo, se conoce el asterismo de El Pesebre, un cuadrilátero compuesto por Asellus Borealis, Asellus Australis, Eta Cancri y Theta Cancri. Está asociado a la región del cúmulo abierto Messier 44, también llamado precisamente El Pesebre.
En otoño, además del Cuadrado de Pegaso que ya hemos mencionado, encontramos asterismos como la Cabeza de la Ballena en Cetus (un pentágono que incluye estrellas como Menkar I y Menkar II, entre otras), el Anillo de los Peces en Piscis (un heptágono con Theta, Gamma, Kappa, Lambda, TX, Iota y varias estrellas numeradas), el Triángulo del Norte en la constelación del Triángulo (Metallah, Deltatron y Gamma Trianguli) y, en el hemisferio sur, los Tres Patriarcas en Triangulum Australe (Atria, Betria y Gatria).
Los asterismos de Orión y su entorno
La región de Orión es, probablemente, la más rica en asterismos llamativos en el cielo invernal boreal (y veraniego austral). En esta constelación se concentran varios patrones que incluso las personas sin experiencia reconocen al primer vistazo por su gran brillo y alineaciones evidentes.
El asterismo más famoso es el Cinturón de Orión, también conocido en muchos países hispanohablantes como Las Tres Marías. Lo forman Alnitak, Alnilam y Mintaka, tres estrellas muy brillantes alineadas casi perfectamente en diagonal. Estas estrellas pertenecen a un mismo cúmulo estelar, de modo que no solo son un asterismo aparente, sino que también están relacionadas físicamente.
Justo debajo del cinturón encontramos la llamada Espada de Orión, otra alineación en la que destacan las estrellas del Trapecio (Theta Orionis), Hatysa y la famosa Nebulosa de Orión que las rodea. A simple vista, bajo cielos oscuros, la Espada se percibe como una especie de manchita difusa con estrellas incrustadas, y con prismáticos se vuelve espectacular.
Combinando el cinturón y la espada, algunos aficionados hablan del asterismo llamado Espejo de Venus, que integra Alnitak, Alnilam, Mintaka, el Trapecio, Hatysa, la Nebulosa de Orión y Saif al Jabbar. El conjunto dibuja un patrón que recuerda a un pequeño carro o espejo, muy llamativo en invierno boreal.
También dentro de Orión se reconoce el Escudo de Orión, una alineación curva formada por Pi1, Pi2, Tabit (Pi3), Pi5, 5 Orionis y Pi6 Orionis. Este arco de estrellas se sitúa en la zona del cuerpo del cazador y ayuda a completar la silueta de la constelación tal y como se representa en los atlas clásicos.
En el entorno cercano a Orión encontramos más asterismos invernales. En Perseo, por ejemplo, está la Cabeza de Medusa, un cuadrilátero formado por Algol (Gorgonea Prima), Gorgonea Secunda, Gorgonea Tertia y Gorgonea Quarta, y el Segmento de Perseo, una alineación que incluye Mirfak, Delta, Psi, Sigma, Gamma Persei y Miram.
Asterismos asociados a Sagitario, Escorpio y el centro galáctico
Cuando miramos hacia la región del centro de la Vía Láctea, especialmente en verano boreal (invierno austral), nos encontramos con una auténtica explosión de estrellas. En esa franja destacan las constelaciones de Sagitario y Escorpio, ricas en asterismos muy pintorescos que los observadores tradicionales han ido bautizando con nombres sugerentes.
En Escorpio, uno de los patrones más conocidos es el Anzuelo del Escorpión, una alineación semicircular que incluye a Antares, Alniyat, Wei, Denebakrab, Zeta Scorpii, Eta Scorpii, Sargas, Apollyon, Girtab, Shaula y Lesath. Estas estrellas dibujan la característica cola curva del escorpión, fácilmente reconocible en cielos oscuros de verano.
En Sagitario encontramos varios asterismos con nombres culinarios. El más popular es La Tetera, un patrón mixto formado por Kaus Borealis, Kaus Media, Alnasl, Kaus Australis, Ascella, Tau Sagittarii, Nunki y Nanto. Realmente da la impresión de ver la silueta de una tetera, con su asa y su pitorro apuntando hacia el centro galáctico.
Con estrellas parcialmente coincidentes aparecen La Cucharilla de la Leche (Polis, Kaus Borealis, Nanto, Ascella, Tau Sagittarii y Nunki) y La Cucharilla del Té (Nunki, Mambrij, Nergal, Albaldah y Cappa). Todos estos nombres reflejan cómo las distintas culturas han proyectado objetos cotidianos sobre las concentraciones de estrellas en Sagitario.
Además, en esta misma constelación se han definido numerosos asterismos con temática de aves del desierto: Los Avestruces (Qaus Australis, Alnasl, Sephdar, Xi Sagittarii, Tau Sagittarii, Sigma Sagittarii y Phi Sagittarii), El Paso de los Avestruces por el Río (Qaus Australis, Alnasl y Sephdar), Los Avestruces que Regresan del Río (Namalsadirah I, Nunki, Namalsadirah II, III y IV), El Nido de los Avestruces (Psi Sagittarii, Omega Sagittarii, 60 Sagittarii, Nu Sagittarii, Tau Sagittarii y Ascella) y otros como El Arco (Qaus Australis, Qaus Media y Qaus Borealis) o La Golondrina (Alnasl, Qaus Australis y Qaus Media).
Entre tantos patrones, uno particularmente conocido entre los aficionados es Terebellum, un pequeño asterismo mixto en Sagitario formado por Omega Sagittarii, 59 Sagittarii, 60 Sagittarii y 62 Sagittarii. Aunque sus estrellas no son muy brillantes, se ha convertido en un referente en cartas estelares de la zona.
Otros asterismos clásicos: Aries, Tauro, Auriga y más
El cielo ofrece muchos otros asterismos menos mediáticos pero igualmente interesantes. En Aries, por ejemplo, tenemos Mosca Boreal, un patrón triangular compuesto por 33, 35, 39 y 41 Arietis, visible en otoño e invierno boreales, y El Hamal, también triangular, formado por Hamal, Sheratan y Mesarthim, que son las estrellas más conocidas de la constelación.
En Tauro aparecen dos agrupaciones muy famosas. Por un lado, las Pléyades o Las Siete Cabritillas, un asterismo en forma de pequeño carrito (mixto) integrado por estrellas como Taygeta, Pleione, Merope, Maia, Electra, Celaeno, Atlas, Alcyone y Sterope I y II. Aunque las Pléyades son un cúmulo estelar real, a simple vista se perciben como un pequeño conjunto de estrellas que muchas culturas han interpretado a su manera.
Por otro lado están las Híades, un asterismo triangular en la misma constelación de Tauro, que incluye a Aldebarán (aunque no pertenezca físicamente al cúmulo), Ain, Theta1 y Theta2 Tauri (los llamados “ojos de Santa Lucía”), Hyadum I y Hyadum II. Ambos grupos, Pléyades e Híades, dominan el cielo de invierno y primavera boreales y de verano y otoño australes.
En la constelación de Auriga (el Cochero) encontramos las Cabritillas del Auriga, otro patrón triangular formado por Almaaz, Haedus I y Haedus II, así como Las Crías de las Cabritillas del Auriga, un triángulo menor que une Nu Aurigae, Tau Aurigae y Upsilon Aurigae. Estos asterismos refuerzan el vínculo mitológico entre el cochero y las cabras que transporta.
La región de Coma Berenices alberga el asterismo de la Cabellera de Berenice, una agrupación irregular de estrellas como Diadema de Berenice (Alpha Comae Berenices), Beta y Gamma Comae Berenices. Es visible en la primavera boreal y otoño austral, y a menudo se percibe como una nubecilla estelar ligeramente difusa a simple vista, que resulta espectacular con prismáticos.
En la constelación de Acuario aparecen varios patrones interesantes: la Jarra de Agua o “Y de Acuario”, un triángulo que incluye Sadachbia, Sadaltager, Seat y Hydria, y más allá, asterismos modernos como el ya mencionado Filamento de ADN, un alineamiento en zigzag formado por c1 Aquarii, c2 Aquarii, 89 Aquarii, b1, b2, b3 Aquarii, i1, i2, i3 Aquarii, 102 y 103 Aquarii. Ambos son visibles principalmente en primavera y verano boreales y en otoño e invierno australes.
En otras regiones, encontramos patrones como el Telescopio de Herschel en Auriga y Lince (una combinación larga de estrellas de tipo Psi Aurigae, 16 Lyncis, 42, 43 y 63 Aurigae, Delta y Xi Aurigae, visible en otoño boreal y primavera austral), La Tienda Persa (Rho, Lambda y Mu Aurigae) o el Toro de Poniatowski en Ofiuco, formado por 66, 67, 68, 70 y 73 Ophiuchi.
Pequeños asterismos visibles con instrumentos
Más allá de los patrones a simple vista, existen asterismos diseñados específicamente para la observación con prismáticos o pequeños telescopios. Suelen consistir en conjuntos de estrellas relativamente débiles que, sin ayuda óptica, pasan desapercibidos. Muchos de ellos son, en realidad, agrupaciones físicas de estrellas dentro de cúmulos abiertos.
Un ejemplo clásico es La Percha, en la constelación de Vulpecula. Está formada principalmente por las estrellas 4, 5 y 7 Vulpeculae y otras de menor brillo, que dibujan algo parecido a una percha colgando en el cielo. Es un objetivo popular en verano boreal e invierno austral para quienes usan prismáticos.
Otro caso es Messier 73, un pequeño trapecio de estrellas en Acuario. Aunque hubo debate histórico sobre si formaba un cúmulo físico o era simplemente una alineación aparente, hoy se le considera un pequeño asterismo observable con telescopio, ya que sus estrellas no son apreciables a simple vista.
En la Hidra y Libra se puede cazar el Pequeño Escorpión, una alineación curva compuesta por 4 Librae, m Hydrae, 57 Hydrae y E Hydrae, visible durante el verano boreal y el invierno austral. Y en Auriga, el asterismo del Pececillo, un patrón poligonal formado por 16, 17, 18, 19 Aurigae e IQ Aurigae, se deja ver mejor en otoño e invierno boreales (primavera y verano australes).
También hay patrones curiosos como El Perro de David en Tauro, una figura mixta que involucra Kappa1, Kappa2, Upsilon, Omega, 51, 53, 56, 72 Tauri y las variables V1141 y V1142 Tauri. Es un ejemplo de cómo los aficionados han ido bautizando pequeñas combinaciones de estrellas a medida que se popularizaba la observación amateur durante la segunda mitad del siglo XX.
En general, muchos de estos pequeños asterismos requieren cielos relativamente oscuros y algo de experiencia con cartas estelares, pero ofrecen la satisfacción de descubrir figuras menos conocidas y más sutiles que no aparecen en las guías de iniciación más básicas.
En definitiva, constelaciones y asterismos forman un entramado de figuras, historias y patrones que, aunque no sean imprescindibles para la astrofísica moderna, siguen siendo la mejor forma de aprender a leer el cielo nocturno: desde el Gran Carro que señala la Estrella Polar hasta el más discreto Filamento de ADN en Acuario, todos ellos nos ayudan a fijar la mirada y a convertir un mar de puntos brillantes en un mapa familiar y lleno de referencias.