Las fuertes inundaciones en el Territorio del Norte de Australia han dejado un escenario tan insólito como peligroso: ríos desbordados, barrios anegados y cocodrilos desplazándose por zonas donde normalmente apenas se les ve. Las autoridades locales han reconocido que los reptiles están “por todas partes”, hasta el punto de convertir cualquier charco profundo o corriente marrón en un posible foco de riesgo.
Mientras los equipos de emergencia continúan con las labores de rescate y asistencia, la gran preocupación ya no es solo el nivel del agua, sino la presencia masiva de cocodrilos tanto de agua dulce como de agua salada en áreas residenciales y comunidades remotas. La consigna que repiten policías y responsables de protección civil no deja lugar a dudas: no meterse en el agua bajo ninguna circunstancia.
Evacuaciones masivas y una crecida histórica
La ciudad de Katherine, en el interior del Territorio del Norte, se ha convertido en uno de los epicentros de la emergencia. Con unos 6.000 habitantes y situada a unos 320 kilómetros al sureste de Darwin, sufre una de las peores inundaciones desde 1998, con calles convertidas en auténticos ríos y viviendas rodeadas por el agua.
Ante la magnitud del episodio, la policía y los servicios de emergencia han tenido que evacuar a más de mil personas en todo el territorio, muchas de ellas en zonas remotas de difícil acceso. Para ello se han desplegado helicópteros y aviones, que realizan vuelos constantes trasladando a los residentes hasta refugios preparados para acogerles de forma temporal.
El comandante de la policía del Territorio del Norte, Shaun Gill, ha descrito la situación como crítica, llegando a afirmar ante los medios que “no puede ser mucho más grande”. Su mensaje se ha centrado en pedir calma, seguir las indicaciones oficiales y evitar cualquier desplazamiento innecesario por áreas anegadas.
Además de las evacuaciones, al menos 90 viviendas se han quedado sin suministro eléctrico debido a los daños provocados por el agua en la red. Equipos técnicos trabajan para restablecer la luz, aunque las condiciones meteorológicas y la presencia de cocodrilos complican el acceso a ciertas zonas.
En algunos barrios, vecinos y servicios de emergencia han tenido que improvisar barreras y cortes de calles para frenar el avance del agua y garantizar que los vehículos de rescate pueden seguir operando. La remota geografía del Territorio del Norte, una de las regiones menos pobladas y más expuestas a fenómenos extremos de Australia, añade un desafío adicional a la gestión del desastre.

“Cocodrilos absolutamente por todas partes”: la advertencia oficial
Si algo se ha repetido en todas las comparecencias públicas de las autoridades es la contundente alerta sobre los cocodrilos. El propio Shaun Gill ha insistido en que “hay cocodrilos absolutamente por todas partes” y ha rogado a la población que se mantenga alejada del agua: ni bañarse, ni cruzar a pie, ni utilizar pequeñas embarcaciones de manera improvisada.
Gill ha explicado que el peligro no se limita a los cauces principales de los ríos. Con los desbordamientos, los cocodrilos han seguido el curso de las corrientes hacia canales secundarios, acequias, balsas de agua y zonas inundadas junto a viviendas y carreteras. Esto significa que áreas que pueden parecer relativamente tranquilas o poco profundas pueden ocultar animales de gran tamaño al acecho.
Según la policía, el riesgo se multiplica por dos razones claras: por un lado, las corrientes son rápidas y turbulentas, lo que dificulta nadar incluso a personas con experiencia; por otro, los cocodrilos se muestran especialmente activos en estas condiciones, aprovechando la confusión de las aguas para desplazarse y cazar.
Otro alto cargo policial, el subcomisario Travis Wurst, ha pedido también a los vecinos de Katherine y de las comunidades cercanas que no “hagan tonterías” ni se aventuren al agua por curiosidad o para comprobar por su cuenta el estado de los alrededores. Cualquier imprudencia, ha recalcado, puede derivar en una tragedia en cuestión de segundos.
Las autoridades han sido tajantes: no se debe nadar ni entrar en zonas inundadas, tampoco para intentar rescatar vehículos o pertenencias. El mensaje oficial, repetido una y otra vez en radio, televisión y redes sociales, es claro: la prioridad es proteger la vida y dejar las tareas de rescate en manos de los equipos profesionales.

Un territorio acostumbrado a los extremos… y a los cocodrilos
El Territorio del Norte australiano es un lugar donde los fenómenos meteorológicos intensos forman parte del paisaje. Ciclones, lluvias monzónicas, crecidas repentinas e incendios forestales son relativamente frecuentes, lo que obliga a las autoridades a mantener planes de emergencia activos buena parte del año.
En este contexto, los cocodrilos son un elemento más del entorno. Se calcula que más de 100.000 ejemplares de agua dulce y salada viven en el norte de Australia, especialmente concentrados en los ríos, humedales y zonas costeras del Territorio del Norte, el norte de Queensland y hasta la región de Broome en Australia Occidental.
Los llamados “salties” o cocodrilos de agua salada, que pueden llegar a medir hasta siete metros y superar la tonelada de peso, constituyen la población más estable y numerosa del planeta precisamente en esta parte de Australia. Son depredadores capaces de cazar desde peces y aves hasta cerdos salvajes, ciervos, canguros e incluso ganado o búfalos.
Aunque su presencia es habitual y las comunidades del norte conviven con ellos desde hace décadas, episodios de inundaciones como el actual rompen los equilibrios. Los animales abandonan sus hábitats habituales, siguen los flujos de agua y terminan apareciendo en lugares donde normalmente solo se verían de forma esporádica, si es que llegan a verse.
Los expertos recuerdan que la gestión de la fauna salvaje en esta región es compleja, ya que se trata de proteger tanto a las personas como a las propias especies autóctonas. En situaciones de emergencia como la actual, las prioridades se concentran en evitar el contacto entre cocodrilos y población humana, sin perder de vista los impactos más amplios sobre los ecosistemas.

Miedo en las comunidades y cierres de servicios
Mientras tanto, en las localidades afectadas se respira una mezcla de preocupación, cansancio y cierta resignación ante un fenómeno que muchos describen como parte de la vida en el norte australiano, pero que no por ello deja de impresionar. Vecinos de zonas bajas de Katherine cuentan cómo han levantado pequeños diques con sacos de arena y han reorganizado sus casas para proteger lo imprescindible.
En algunos casos, las familias han pasado la noche en los refugios habilitados por las autoridades, a la espera de que el nivel del agua descienda lo suficiente como para poder regresar con seguridad. La incertidumbre sobre el estado de sus viviendas y pertenencias se suma a la inquietud por la presencia de cocodrilos merodeando cerca de las zonas habitadas.
La jefa de gobierno del Territorio del Norte, Lia Finoccio, ha confirmado que varias escuelas permanecerán cerradas al menos hasta el lunes, a la espera de nuevas valoraciones. La prioridad, ha subrayado, es garantizar que los accesos sean seguros y que no exista riesgo de encuentros fortuitos con cocodrilos en las inmediaciones de los centros educativos.
En paralelo, los servicios de emergencia inspeccionan carreteras, puentes y caminos rurales para determinar qué rutas pueden reabrirse y cuáles deben seguir cortadas. Cualquier tramo donde se detecte agua acumulada o posible presencia de fauna peligrosa se mantiene clausurado por precaución.
Para los equipos de rescate, trabajar en estas condiciones supone un doble reto: por un lado, deben enfrentarse a corrientes fuertes, barro y escombros; por otro, deben estar atentos a la aparición de cocodrilos en cada desplazamiento, lo que obliga a planificar con detalle cada operación y a utilizar embarcaciones y vehículos adecuados.
El cambio climático como telón de fondo
Más allá de la emergencia inmediata, investigadores y climatólogos llevan tiempo advirtiendo de que el cambio climático está amplificando la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos en Australia. Lluvias torrenciales, inundaciones repentinas, ciclones más potentes e incendios forestales devastadores se han vuelto más comunes en las últimas décadas.
El Territorio del Norte, con su combinación de clima tropical, grandes extensiones sin apenas población y ecosistemas muy sensibles, es especialmente vulnerable a estos cambios. Un episodio de lluvias intensas no solo eleva el nivel de los ríos, sino que altera la dinámica de toda la fauna que depende de ellos, incluidos los cocodrilos.
A escala global, estos sucesos se observan con atención desde regiones como España y el resto de Europa, donde también se experimentan fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, aunque de otro tipo: olas de calor prolongadas, sequías severas o lluvias torrenciales en episodios muy concentrados.
Los especialistas subrayan que lo que está ocurriendo en el norte de Australia es un ejemplo de cómo el clima puede desbaratar la convivencia entre las personas y la fauna salvaje. En este caso se trata de cocodrilos, pero en otras latitudes la tensión puede darse con especies diferentes, desde grandes depredadores hasta animales desplazados por incendios o inundaciones.
En términos de gestión del riesgo, las autoridades australianas ya trabajan con la idea de que eventos como el actual podrían repetirse con mayor frecuencia. Esto implica revisar infraestructuras, actualizar protocolos de evacuación y reforzar la educación ciudadana sobre cómo actuar ante inundaciones súbitas y presencia de animales peligrosos cerca de los núcleos habitados.

Lo que está dejando este episodio en el Territorio del Norte es una imagen muy clara: cuando las lluvias extremas desbordan ríos y humedales, el agua no llega sola. Junto con la destrucción de infraestructuras y las evacuaciones masivas, irrumpen también los cocodrilos, que siguen su instinto y se cuelan en el día a día de pueblos y ciudades. Para Australia es un recordatorio de su convivencia permanente con una naturaleza poderosa; para Europa y otros lugares, una señal más de que los fenómenos climáticos extremos tienen consecuencias que van mucho más allá de los daños materiales.
