La amenaza de un impacto de asteroide siempre ha estado ahÃ, pero ahora un equipo de investigadores chinos ha puesto sobre la mesa una solución que suena a ciencia ficción: enterrar una bomba nuclear bajo la superficie de la roca espacial y detonarla para desviarla o destruirla. El estudio, publicado en la revista Space: Science & Technology, detalla un plan en dos fases que, según sus autores, podrÃa ser la única opción viable cuando el tiempo de aviso es escaso y el asteroide es demasiado grande para otros métodos.
La propuesta ha dado la vuelta al mundo gracias a medios como el South China Morning Post y ha reabierto el debate sobre el uso de armas nucleares en el espacio. Aunque la idea no es nueva, lo que cambia es la forma de aplicarla: no se trata de hacer explotar la bomba en la superficie, sino de enterrarla a una profundidad controlada para maximizar la transferencia de energÃa. Los investigadores de la Academia China de TecnologÃa de VehÃculos de Lanzamiento han realizado simulaciones que demuestran que esta técnica es mucho más eficaz que cualquier otra probada hasta ahora.
Asà funciona el plan de dos fases

El método consta de dos etapas bien diferenciadas. En la primera, una nave espacial lanza un proyectil metálico que impacta contra el asteroide a gran velocidad, excavando un cráter de unos 30 metros de profundidad. En la segunda, una segunda nave deposita una carga nuclear en ese hueco y la detona. De esta forma, la explosión no se desperdicia en el vacÃo del espacio, sino que transmite toda su energÃa directamente a la roca.
Los autores destacan que este enfoque evita que la bomba tenga que soportar el choque a alta velocidad, como ocurrirÃa si se lanzara directamente contra el asteroide. Además, al controlar la profundidad de la detonación, se puede ajustar la cantidad de energÃa que se transfiere al objeto. Según las simulaciones, enterrar la carga a 30 metros multiplica por más de tres el cambio de velocidad en comparación con una explosión en la superficie.
Cifras que dejan pequeño a DART
Los números que maneja el estudio son contundentes. Una explosión de 3 megatones, equivalente a unas 200 bombas como la de Hiroshima, serÃa suficiente para desintegrar por completo un asteroide de 100 metros de diámetro. Para objetos más pequeños, de unos 50 metros, bastarÃan 300 kilotones, es decir, unas 20 bombas de Hiroshima.
Pero el dato más llamativo es la comparación con la misión DART de la NASA, que en 2022 logró modificar la velocidad del asteroide Dimorphos en apenas 2,7 milÃmetros por segundo. Según el modelo chino, una detonación subsuperficial de 3 megatones en un asteroide de un kilómetro de diámetro producirÃa un cambio de velocidad de unos 30 centÃmetros por segundo, unas 110 veces más que lo conseguido por DART. Esto convierte a la estrategia para desviar meteoritos nuclear en la más potente para desviar objetos grandes o con poco margen de maniobra.
El papel de Europa y los desafÃos legales
Mientras China avanza con sus simulaciones y planea misiones reales, Europa mantiene un enfoque más centrado en la detección. España, por ejemplo, opera telescopios de la ESA en Cebreros y en el Observatorio de Calar Alto como parte de la red de vigilancia y defensa planetaria de objetos cercanos a la Tierra. Sin embargo, la estrategia europea, según documentos de la ESA, se limita a observar y catalogar, sin desarrollar métodos de deflexión ofensivos como el que proponen los chinos.
Además, el uso de armas nucleares en el espacio choca con el Tratado del Espacio de 1967, que prohÃbe la detonación de artefactos atómicos en el espacio exterior. Aunque en caso de una amenaza existencial la comunidad internacional podrÃa reconsiderar estas restricciones, no existe un marco legal claro que autorice una misión de este tipo. Los protocolos actuales, como el SMPAG y la IAWN, carecen de carácter vinculante, lo que deja sin respuesta la pregunta de quién tendrÃa la autoridad para lanzar una operación nuclear defensiva.
Los investigadores chinos reconocen que su sistema solo funcionarÃa si el asteroide se detecta con años de antelación, tiempo suficiente para diseñar la misión, lanzar cohetes de gran capacidad y completar el viaje. Sin una red de detección temprana más completa, los cálculos siguen siendo teorÃa. Aun asÃ, el estudio proporciona una base sólida para futuras misiones de defensa planetaria y demuestra que, cuando el tiempo apremia, la opción nuclear podrÃa ser la única capaz de salvar el planeta.
