El bradisismo en los Campi Flegrei, a las puertas de Nápoles, vuelve a situarse en el centro de la actualidad europea. En los últimos meses se han sucedido diversos enjambres sísmicos y un notable levantamiento del terreno que mantienen en vilo a las autoridades italianas y a la población de una zona donde viven más de dos millones de personas.
Aun así, los últimos estudios científicos apuntan a que, pese a esta actividad volcánica persistente, no se dan por ahora las condiciones para una erupción explosiva inminente. El escenario que dibujan los expertos es más complejo: una caldera muy activa, con terremotos frecuentes ligados al movimiento de fluidos y al posible empuje de magma a varios kilómetros de profundidad, pero con múltiples factores que frenan una salida a la superficie en el corto plazo.
Qué es el bradisismo y por qué preocupa en los Campi Flegrei
El término bradisismo describe el lento ascenso y descenso del terreno en ciertas zonas volcánicas. En los Campi Flegrei este fenómeno se observa desde hace décadas y está ligado a la dinámica interna del sistema: intrusión de magma, circulación de fluidos calientes y cambios de presión en profundidad.
En la práctica, este proceso se traduce en que el suelo se eleva o desciende varios centímetros al año. En el barrio de Rione Terra, en Pozzuoli, considerado el punto de máxima deformación de la caldera, el levantamiento acumulado ronda ya el metro y medio respecto a mediados del siglo XX, de los cuales unos 30 centímetros se habrían producido desde 2024, según los datos resumidos por los investigadores.
Este movimiento del terreno no es una simple curiosidad geológica: al ir acompañado de sismos recurrentes, tiene un impacto directo sobre la vida cotidiana de los vecinos, que sienten temblores, oyen crujidos en los edificios y conviven con la incertidumbre sobre la evolución futura del volcán.
El área flegrea, situada al oeste de Nápoles e incluyendo municipios como Pozzuoli y Bacoli, forma parte de uno de los supervolcanes más estudiados de Europa. Su historia eruptiva y su capacidad para generar flujos piroclásticos de gran alcance hacen que cualquier cambio en su comportamiento sea seguido con máxima atención por la comunidad científica y la protección civil italiana.
Enjambres sísmicos recientes ligados al bradisismo
Los últimos episodios sísmicos registrados muestran hasta qué punto el bradisismo está activo. En distintas jornadas se han sucedido varias sacudidas en pocos minutos, un patrón típico de enjambre sísmico más que de un gran terremoto aislado.
En una de estas secuencias, los sismógrafos del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) detectaron a las 17:44 una sacudida de magnitud 2,6, con epicentro en la zona del Rione Bognar de Pozzuoli, a unos 3 kilómetros de profundidad. La población de Pozzuoli y áreas cercanas notó claramente el movimiento, que también fue percibido en barrios occidentales de Nápoles como Fuorigrotta, Bagnoli o Pianura, sin que se registraran daños materiales.
Apenas un minuto después se produjo otro pequeño temblor, de magnitud 1, catalogado como evento de ajuste, y al cabo de menos de una hora, hacia las 18:28, se registró un tercer sismo de magnitud 1,1. La sucesión rápida de estos terremotos llevó a los especialistas a hablar de un posible enjambre vinculado al proceso de deformación del terreno.
En otros episodios recientes, el enjambre ha continuado durante la noche. Los instrumentos del INGV llegaron a registrar a las 03:23 y 03:24 dos eventos de magnitud 3,1 y 2,9 cerca de la Solfatara de Pozzuoli, con hipocentros situados entre dos y tres kilómetros de profundidad. Aunque ocurrieron de madrugada, muchos residentes de Pozzuoli, Bacoli y varios barrios napolitanos se despertaron sobresaltados por el movimiento del suelo.
Los servicios de emergencia recibieron llamadas de vecinos preocupados, pero no se notificaron daños en edificios. Horas antes, ese mismo día, ya se había anotado otra sacudida de magnitud 2,9 con epicentro similar, lo que refuerza la idea de un enjambre en curso alimentado por los procesos internos del volcán.
Un 2025 marcado por la elevada sismicidad y el levantamiento del terreno
En el conjunto de los últimos años, el comportamiento de los Campi Flegrei se ha caracterizado por una sismicidad claramente elevada y por un incremento constante de la deformación del terreno. Durante 2025, según los datos recopilados por los investigadores, se registraron numerosos enjambres y varios terremotos que superaron la magnitud 4.
Entre los más significativos se citan dos eventos: el primero, de magnitud 4,4, ocurrido a mediados de mayo, y el segundo, de magnitud 4,6, localizado en el mar a finales de junio. Estos sismos fueron sentidos en un área muy amplia e incrementaron la percepción de riesgo entre la ciudadanía y las instituciones europeas, al recordar el potencial de este sistema volcánico.
En paralelo, el levantamiento del suelo en Rione Terra alcanzó a finales de julio de 2025 unos 149,5 centímetros respecto al nivel de referencia, de los que alrededor de 31 centímetros corresponderían al periodo comprendido desde principios de 2024. Esta tendencia al alza se interpreta como un claro indicador de que en el subsuelo están cambiando las presiones y los volúmenes de fluidos o magma.
Los científicos subrayan que estas variaciones no implican por sí mismas una erupción inminente, pero sí constituyen un termómetro de la evolución interna de la caldera. Cambios en la velocidad del levantamiento, en la localización de los sismos o en las emisiones de gases pueden ser claves para anticipar escenarios de mayor peligro.
Por ello, el área flegrea se ha convertido en un auténtico laboratorio natural para la vulcanología europea, con redes densas de estaciones sísmicas, GPS, mediciones de gases y observaciones geodésicas que aportan datos continuos sobre cómo respira el supervolcán.
El peor escenario posible: un modelo científico para entender el riesgo
Ante la persistencia del bradisismo, un equipo del INGV y de la Universidad de Ginebra ha desarrollado un estudio específico basado en lo que denominan “escenario de caso peor”. El trabajo, publicado en la revista Communications Earth and Environment, intenta responder a una pregunta incómoda pero necesaria: qué podría ocurrir si el levantamiento del terreno se debe realmente a sucesivas intrusiones de magma.
El modelo parte de la hipótesis de que el bradisismo actual, activo de forma casi continua desde 2005, y los episodios anteriores de las décadas de 1950, 1970-1972 y 1982-1984, han estado controlados por la llegada repetida de magma a unos cuatro kilómetros de profundidad. Se trata de un supuesto deliberadamente conservador, adoptado para explorar el caso más exigente desde el punto de vista de la protección civil.
Los investigadores han empleado modelos termales y petrológicos para estimar cómo se comportaría ese magma acumulado, qué presiones generaría en la cámara magmática y cuál sería el potencial real para desencadenar una erupción explosiva. Según sus cálculos, la presencia de un reservorio a esa profundidad podría crear una sobrepresión capaz de fracturar las rocas que lo rodean.
Sin embargo, varios factores juegan en contra de que esa fracturación se traduzca automáticamente en una erupción. Entre ellos, destaca el volumen relativamente reducido del reservorio magmático, que limitaría la energía disponible para impulsar el magma hasta la superficie. Además, la deformación viscosa de la corteza circundante aliviaría en parte las tensiones internas, dificultando el ascenso rápido del material fundido.
El estudio plantea así un escenario en el que el sistema se encuentra en una situación crítica desde el punto de vista geológico, pero donde la propia estructura del subsuelo y la cantidad de magma disponible actúan, por ahora, como frenos naturales ante una erupción inmediata.
¿Hay riesgo de erupción a corto plazo?
Uno de los mensajes centrales de este trabajo es que, aunque el riesgo volcánico en los Campi Flegrei no puede descartarse a largo plazo, las condiciones actuales no apuntan a una erupción explosiva en el corto plazo. Incluso asumiendo el peor escenario —magma acumulándose progresivamente a poca profundidad—, los plazos serían de varias décadas.
Si el ritmo actual de levantamiento del suelo se mantuviera estable en los próximos años, los modelos sugieren que la fuente magmática podría tardar entre 20 y 30 años en alcanzar un tamaño comparable al que alimentó la última erupción histórica de la zona, la del Monte Nuovo en 1538. Solo a partir de ese momento existirían condiciones más favorables para un episodio eruptivo relevante.
Los autores recuerdan que en el pasado las fases de bradisismo se han detenido sin desembocar en erupciones. En algunas ocasiones, el proceso de levantamiento se ha frenado o incluso se ha invertido, con un lento hundimiento del terreno. Esto sugiere que las crisis actuales podrían también agotarse antes de alcanzar un punto crítico.
Ahora bien, el escenario podría cambiar si se produjeran fracturas nuevas que conectaran la cámara magmática con el sistema hidrotermal superficial o con la propia superficie del terreno. En ese caso, el contacto entre magma, agua y rocas fracturadas podría generar fenómenos más bruscos, como explosiones freáticas o cambios drásticos en la sismicidad.
Por esa razón, los expertos insisten en que la ausencia de una amenaza inmediata no debe interpretarse como una invitación a bajar la guardia, sino como una ventana de tiempo para mejorar la vigilancia, los planes de emergencia y la comunicación del riesgo con la ciudadanía, tanto en Italia como en el resto de Europa.
Un riesgo muy estudiado por Italia y Europa
El posible impacto de una gran erupción en los Campi Flegrei ha llevado a las autoridades italianas a diseñar una planificación específica de protección civil. En los últimos años se han realizado simulacros a gran escala que contemplan la evacuación de una amplia “zona roja”, que abarca no solo los municipios volcánicos clásicos, sino también áreas densamente pobladas de la ciudad de Nápoles.
En estos ejercicios se ensayan escenarios de flujos piroclásticos de alta velocidad y temperatura, considerados por los especialistas como el fenómeno más peligroso para la población. El objetivo es comprobar tiempos de respuesta, rutas de evacuación, coordinación entre administraciones y capacidad de información a los ciudadanos.
La preocupación no se limita al ámbito local. Dada la magnitud potencial del supervolcán y la densidad de población de la bahía de Nápoles, el comportamiento de los Campi Flegrei es seguido de cerca por organismos científicos y de protección civil de toda Europa. Una erupción importante podría tener implicaciones en el tráfico aéreo, la economía regional e incluso la calidad del aire en distintos países, dependiendo de la magnitud del evento y de los vientos dominantes.
En este contexto, el nuevo estudio aporta un matiz importante: aunque el escenario catastrófico que a veces se presenta en titulares sensacionalistas no se puede descartar a muy largo plazo, los datos actuales no justifican alarmas inmediatas. La combinación de un reservorio magmático relativamente pequeño y la capacidad de la corteza para deformarse plásticamente actúan, por ahora, como barrera frente a una erupción grande.
Esto no impide que, en caso de cambios bruscos en la sismicidad, el levantamiento del terreno o la composición de los gases emitidos, los niveles de alerta puedan modificarse. La gestión del riesgo en un entorno tan complejo exige flexibilidad y actualización constante de los planes, algo en lo que Italia lleva años trabajando y que sirve de referencia para la gestión de otros volcanes europeos.
La ciencia que intenta desentrañar el origen del bradisismo
Una de las grandes preguntas abiertas es cuál es exactamente la fuente del bradisismo en los Campi Flegrei. El estudio INGV-Universidad de Ginebra parte de la hipótesis magmática por prudencia, pero los propios autores reconocen que esta condición, aunque posible, es difícil de verificar de forma directa.
Algunos investigadores sostienen que buena parte del levantamiento podría deberse a la circulación y presurización de fluidos hidrotermales (agua caliente, vapor y gases) en un subsuelo intensamente fracturado. Otros consideran que el ascenso de magma profundo y la liberación de fluidos desde ese magma tienen un papel más importante de lo que indican ciertos modelos.
Para arrojar luz sobre esta cuestión, se han desplegado numerosas técnicas de observación: registros sísmicos detallados, medidas geodésicas de alta resolución, análisis geoquímicos de los gases y modelos numéricos cada vez más sofisticados. El objetivo es integrar todos esos datos para discriminar cuánto del bradisismo se explica por procesos magmáticos y cuánto por el sistema hidrotermal.
Los autores del trabajo subrayan que, incluso en el supuesto de que el bradisismo de las últimas siete décadas esté ligado principalmente al magma en ascenso, las condiciones actuales no son compatibles con una erupción de gran magnitud. La ausencia de señales precursoras claras, como un incremento súbito del volumen magmático o cambios drásticos en la sismicidad, refuerza esta interpretación.
Al mismo tiempo, reconocen que el vulcanismo es un fenómeno intrínsecamente complejo y que la predicción exacta del comportamiento futuro del sistema sigue siendo un reto. Por eso, el énfasis se coloca en la vigilancia continua y la investigación interdisciplinar, con la vista puesta en mejorar la capacidad de anticipar cambios de tendencia y reducir el impacto de posibles crisis futuras.
La situación actual de los Campi Flegrei muestra un equilibrio delicado: un supervolcán muy activo desde el punto de vista del bradisismo y la sismicidad, con un terreno que se eleva y tiembla de forma recurrente, pero sin indicios de que una erupción explosiva sea inminente. Los datos más recientes apuntan a plazos de varias décadas en el peor de los escenarios, lo que brinda tiempo para reforzar el monitoreo científico, los planes de protección civil y la coordinación europea. En un entorno tan densamente poblado, el reto no es solo entender qué ocurre bajo el suelo, sino también gestionar la comunicación del riesgo con rigor, evitando tanto el alarmismo gratuito como la falsa sensación de seguridad.