Balance de la temporada de huracanes: 31 ciclones tropicales

  • La temporada de huracanes 2025 cerró con 31 ciclones tropicales entre Atlántico y Pacífico.
  • Se registraron 13 sistemas en el Atlántico y 18 en el Pacífico, con tres huracanes de categoría 5.
  • Solo dos ciclones impactaron directamente en México, pero las lluvias favorecieron la recuperación de presas.
  • Las 40 ondas tropicales contribuyeron a elevar el almacenamiento de agua hasta un 72 % a nivel nacional.

Mapa temporada de huracanes

Aunque el foco informativo se ha centrado sobre todo en el Caribe, Centroamérica y México, el comportamiento de estos sistemas es clave también para Europa y España, ya que la energía que liberan y los cambios en la circulación atmosférica pueden influir en las temporadas de lluvias, temporales atlánticos y anomalías térmicas en nuestro entorno. Esta campaña ha dejado récords en intensidad, un impacto directo menor de lo esperado en tierra y un efecto muy notable sobre el agua almacenada en presas.

Una temporada con 31 ciclones tropicales y contrastes marcados

Resumen de ciclones tropicales

Según los datos consolidados de los servicios meteorológicos de la región, la temporada de huracanes 2025 concluyó con 31 ciclones tropicales en las cuencas que influyen en el Atlántico norte y el Pacífico oriental. De ellos, 13 se formaron en el Atlántico y 18 en el Pacífico, manteniéndose así la tendencia de mayor actividad en la vertiente pacífica.

Este recuento sitúa a 2025 en un nivel de actividad cercano al promedio histórico en número de sistemas, pero más destacado si se mira la potencia: varios ciclones evolucionaron con rapidez hacia categorías altas de la escala de Saffir-Simpson, reflejando un océano más cálido y condiciones favorables para intensificaciones rápidas.

De forma oficial, la temporada quedó acotada entre el 15 de mayo y el 30 de noviembre para el Atlántico y entre el 1 de junio y el 30 de noviembre para el Pacífico nororiental. En ese periodo, además de los ciclones, se registraron 40 ondas tropicales que contribuyeron a organizar nubosidad, tormentas y lluvias abundantes en amplias zonas de Mesoamérica.

Esta combinación de ciclones y ondas tropicales dio lugar a una campaña marcada por largos episodios de lluvia, oleaje intenso y rachas de viento fuertes en áreas costeras, aunque el número de impactos directos sobre tierra firme fue relativamente bajo en comparación con otros años muy activos.

Atlántico 2025: menos sistemas pero huracanes muy potentes

Huracanes en el Atlántico

En el océano Atlántico se contabilizaron 13 ciclones tropicales con nombre. El desglose apunta a ocho tormentas tropicales, un huracán de categoría 2 y cuatro huracanes mayores (de categorías 3, 4 o 5), cifra que encaja con una temporada calificada como “media” en número pero llamativa por la intensidad alcanzada.

Lo más significativo, y que ha despertado especial interés entre los expertos, es que tres de esos huracanes llegaron a categoría 5: Erin, Humberto y Melissa. Con ello, 2025 se sitúa como la segunda temporada con más huracanes de máxima categoría en el Atlántico, empatando con 2017 y quedando solo por detrás del récord de 2005, cuando se formaron cuatro sistemas de categoría 5.

Esta situación ha reforzado la percepción de que el Atlántico tiende a producir menos tormentas, pero más potentes, con fluctuaciones marcadas entre periodos de calma y fases de actividad explosiva. De hecho, los análisis de la NOAA y otros organismos apuntan a un incremento de los episodios de intensificación rápida, lo que complica los plazos de reacción para los sistemas de protección civil.

Entre los nombres que circularon por los mapas durante la temporada figuran, entre otros, nombres que circularon como Andrea, Barry, Chantal, Dexter, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Imelda, Jerry, Karen, Lorenzo y Melissa. De todos ellos, Melissa destacó por su violencia, con vientos que superaron los 290 km/h y un impacto especialmente severo en el Caribe.

Este tipo de eventos extremos, aunque se desarrollen lejos de Europa, influyen en el balance energético del Atlántico y pueden condicionar el trazado posterior de borrascas que alcanzan la península ibérica, el arco mediterráneo o el norte del continente durante el otoño e invierno.

Pacífico oriental: 18 sistemas y una actividad muy constante

Huracanes en el Pacífico

En el Pacífico nororiental se registraron 18 sistemas tropicales, lo que la convierte en la cuenca con mayor número de ciclones de la temporada. El reparto fue similar al del Atlántico en cuanto a tipos de fenómeno: ocho tormentas tropicales, siete huracanes de categoría 1 o 2 y tres huracanes mayores.

La principal diferencia estuvo en el ritmo: la actividad en el Pacífico fue constante desde el inicio de la temporada, sin grandes pausas, lo que dejó una sucesión casi ininterrumpida de avisos por mar de fondo, bandas nubosas y aguaceros que afectaron de forma directa a México y, en menor medida, a Centroamérica.

Dentro de esta lista, el ciclón que más titulares generó fue Erick. El 19 de junio, este sistema alcanzó la categoría 4, marcando la evolución más temprana de un huracán de esa intensidad en la cuenca del Pacífico oriental. Su rápida intensificación se ha utilizado como ejemplo de cómo el calentamiento del océano y la configuración atmosférica pueden favorecer ascensos súbitos en la fuerza del viento.

Los nombres que se fueron encadenando en esta cuenca incluyeron, entre otros, Alvin, Barbara, Cosme, Dalila, Erick, Flossie, Gil, Henriette, Ivo, Juliette, Kiko, Lorena, Mario, Narda, Octave, Priscilla, Raymond y Sonia. Aun cuando buena parte de estos sistemas no tocaron tierra, sus bandas nubosas se adentraron en el continente dejando episodios de lluvia muy abundante.

Para Europa, la principal lectura en esta cuenca pasa por el papel del Pacífico en las teleconexiones climáticas globales: temporadas de huracanes activos, unidas al comportamiento de fenómenos como El Niño o La Niña, pueden repercutir posteriormente en la distribución de las altas y bajas presiones que afectan a las borrascas que se dirigen hacia el Atlántico norte y el oeste europeo.

Impactos en México: solo dos entradas directas, muchas afectaciones indirectas

En lo que respecta a los impactos sobre tierra, el Servicio Meteorológico Nacional de México subrayó que, pese a la elevada actividad en ambas cuencas, solo dos ciclones tropicales llegaron a entrar directamente en territorio mexicano durante 2025. Esta cifra se sitúa por debajo del promedio climatológico del periodo 1991-2020.

Sin embargo, la menor cantidad de entradas directas no se tradujo en ausencia de efectos. Al menos seis ciclones del Pacífico se desplazaron muy cerca de las costas sin llegar a tocar tierra, provocando lluvias intensas, oleaje elevado y rachas de viento en distintos estados ribereños, además de algunos deslizamientos de ladera y crecidas de ríos.

El balance oficial destaca que los fenómenos asociados a estos sistemas -bandas nubosas, mar de fondo y alimentaciones de humedad- se dejaron notar durante prácticamente toda la temporada. De hecho, en varios episodios se registraron precipitaciones prolongadas de varios días, algo que, aunque no siempre se asocia a vientos extremadamente fuertes, puede generar problemas por acumulación de agua.

Esta combinación de impactos directos limitados pero efectos persistentes a lo largo de la costa se ha convertido en una de las señas de identidad de la temporada 2025, y sirve de recordatorio de que no hace falta un impacto de ojo de huracán para que los daños sean importantes.

Las autoridades meteorológicas insistieron, tras el cierre del periodo oficial, en la necesidad de mantener la preparación y las medidas preventivas, ya que otros sistemas -como frentes fríos, vaguadas o depresiones aisladas en niveles altos- pueden generar lluvias intensas incluso fuera de la ventana típica de huracanes.

Ondas tropicales y monzón mexicano: piezas clave de la temporada

Más allá de los ciclones con nombre, el comportamiento de las ondas tropicales ha sido determinante. Entre el 15 de mayo y el 30 de noviembre se contabilizaron 40 ondas en la región, una cifra ligeramente superior al promedio histórico, que se sitúa en torno a las 38.

Los registros muestran que julio y agosto fueron los meses más activos, con 11 ondas tropicales cada uno, mientras que mayo y noviembre apenas presentaron un solo sistema de este tipo. Estas perturbaciones se desplazaron principalmente por el Caribe, Centroamérica, el sur de México y parte del Pacífico oriental, organizando núcleos de tormenta y contribuyendo a repartos de lluvia muy irregulares.

En México, las ondas tropicales desempeñaron un papel fundamental en la distribución de la precipitación hacia el centro, el centro-occidente, el oriente, el sur y la península de Yucatán. Muchas de las lluvias asociadas a estas ondas se combinaron con la presencia de ciclones cercanos, reforzando los acumulados y prolongando los episodios lluviosos.

Otro elemento destacado fue el comportamiento del llamado monzón mexicano en 2025. Este patrón estacional de circulación atmosférica mostró un desarrollo considerado típico sobre el noroeste del país, particularmente en Sonora, Sinaloa y zonas de Chihuahua y Durango, pero con una característica notable: su duración fue algo mayor de lo habitual, al extenderse hasta la última semana de septiembre, aproximadamente una semana más de lo normal.

Toda esta combinación de factores -ciclones, ondas tropicales y monzón- configuró una temporada en la que primaron las lluvias frecuentes y las situaciones de inestabilidad prolongada, por encima de grandes impactos puntuales de un número elevado de huracanes tocando tierra.

Efectos en el agua almacenada: recuperación generalizada de presas

Si se mira la temporada desde el punto de vista hidrológico, el balance ha sido claramente positivo para el almacenamiento de agua. Las precipitaciones ligadas a ciclones y ondas tropicales permitieron que las presas del territorio mexicano alcanzaran un nivel máximo de llenado del 72 %, cifra muy superior al 64 % registrado en 2024.

Este repunte se tradujo en que más de 80 presas superaran el 100 % de su nivel de aguas máximas ordinarias, algo especialmente relevante en un contexto de años marcados por episodios de sequía severa. Las zonas con mayores incrementos se localizaron en estados como Sinaloa, Chiapas, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Sonora, que concentraron buena parte de las lluvias más abundantes.

Uno de los casos más comentados fue el del Sistema Cutzamala, infraestructura clave para el abastecimiento del Valle de México. El almacenamiento en este sistema llegó a un máximo del 97 %, muy por encima del 67 % alcanzado el año anterior, lo que supuso un alivio notable frente a los niveles bajos que se habían registrado en campañas previas.

Para Europa y, en particular, para España, estos datos sirven como aviso de la relevancia de gestionar de forma integrada los recursos hídricos. Las temporadas de huracanes pueden parecer fenómenos lejanos, pero su impacto sobre la disponibilidad de agua en regiones clave de producción agrícola y de intercambio comercial tiene efectos indirectos sobre mercados, cadenas de suministro y precios de alimentos que acaban sintiéndose también en el Viejo Continente.

Además, el comportamiento de las presas mexicanas se está siguiendo como un caso de estudio de cómo episodios extremos de lluvia pueden, por un lado, aliviar la sequía y, por otro, poner a prueba la capacidad de embalses y sistemas de control de avenidas ante aportes muy rápidos de caudal.

El cierre de la temporada de huracanes 2025 deja un escenario en el que la cifra de 31 ciclones tropicales encaja con los registros medios, pero la intensidad de varios huracanes y la rápida evolución de sistemas como Erick o Melissa confirman una atmósfera y unos océanos más cargados de energía. Mientras en América se evalúan daños, mejoras de infraestructuras y protocolos de emergencia, en Europa conviene tomar nota: el comportamiento de estas temporadas condiciona patrones climáticos a gran escala y refuerza la necesidad de seguir de cerca la relación entre cambio climático, eventos extremos y gestión del agua, tanto a un lado como al otro del Atlántico.

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