Auroras boreales en España: qué está pasando y cómo intentar verlas

  • La combinación de alta actividad solar, equinoccio de primavera y noches oscuras favorece la posible aparición de auroras boreales en España.
  • El día clave es el 20 de marzo, con mayor probabilidad entre las 22:00 y las 02:00, especialmente en el norte peninsular y zonas de montaña.
  • La visibilidad dependerá de la intensidad de la tormenta geomagnética, la nubosidad y la contaminación lumínica, por lo que no se puede garantizar su observación.
  • España ya ha registrado auroras en episodios recientes, lo que demuestra que, en condiciones extremas, el óvalo auroral puede desplazarse hasta nuestras latitudes.

Auroras boreales en España

Las auroras boreales suelen relacionarse con paisajes lejanos como Noruega, Islandia o Alaska, pero este año la situación es distinta: distintos observatorios y especialistas apuntan a que existe una ventana real para poder ver este fenómeno desde España. No es algo habitual en nuestras latitudes, pero la combinación de varios factores astronómicos y atmosféricos hace que el mes de marzo sea especialmente prometedor.

En torno al 20 de marzo de 2026, cuando tiene lugar el equinoccio de primavera, la Tierra se coloca en una configuración muy favorable para que el viento solar interactúe con el campo magnético terrestre. Si a esto se suma el máximo de actividad del ciclo solar actual y unas noches más oscuras gracias a la cercanía de la luna nueva, el resultado es un escenario en el que las auroras podrían extenderse mucho más al sur de lo normal, alcanzando buena parte de Europa y, con algo de suerte, también el cielo español.

Por qué este marzo es tan especial para ver auroras boreales

Auroras boreales sobre el cielo nocturno

Las auroras se producen cuando partículas cargadas procedentes del Sol chocan con los gases de la atmósfera y liberan energía en forma de luz. Estas partículas llegan a la Tierra impulsadas por erupciones solares y eyecciones de masa coronal, que son más frecuentes cuando nuestra estrella atraviesa su fase de máxima actividad dentro del ciclo de 11 años. En ese contexto, el llamado óvalo auroral, la región donde normalmente se observan las auroras cerca de los polos, puede expandirse hacia latitudes más bajas.

Durante los equinoccios de primavera y otoño se da un efecto adicional: el conocido efecto Russell-McPherron. En estas fechas, la orientación del eje terrestre y del campo magnético hace que el viento solar encuentre más «grietas» en la magnetosfera, permitiendo que una mayor cantidad de partículas penetre en la atmósfera superior. Esa configuración incrementa de forma clara la probabilidad de tormentas geomagnéticas potentes, capaces de empujar las auroras hacia zonas donde rara vez se dejan ver, como España o el sur de Europa.

Durante la cercanía de la luna nueva alrededor del equinoccio, la oscuridad favorece la detección de auroras. Los estudios de clima espacial muestran además que marzo es uno de los meses con más días geomagnéticamente activos. Investigaciones realizadas durante décadas por físicos solares de la NASA apuntan a que las perturbaciones del campo magnético terrestre tienden a concentrarse precisamente en torno a los equinoccios, lo que encaja con las previsiones de este 2026.

Todo este conjunto de factores —máximo solar, equinoccio, magnetosfera más permeable y noches oscuras— explica por qué diversos equipos científicos consideran que mejores periodos recientes para intentar ver auroras boreales desde España, aunque sin ninguna garantía absoluta.

Cómo se forman las auroras y por qué cambian de color

Colores de las auroras boreales

Según explica la NASA, las auroras se originan cuando las partículas del viento solar son guiadas por las líneas del campo magnético terrestre hacia las regiones polares y terminan impactando contra la ionosfera, a unos 100-200 kilómetros de altura. Cuando una tormenta solar es especialmente intensa, esa zona de impacto se ensancha y se desplaza, dando lugar a auroras visibles a distancias muy grandes de los polos.

El color de las luces depende del tipo de gas y de la altitud a la que se produce la colisión. Los átomos de oxígeno situados a alturas medias emiten el característico color verde, responsable también de muchos tonos amarillentos. A mayor altitud, el mismo oxígeno puede producir un resplandor rojo intenso, típico de las grandes tormentas geomagnéticas y más frecuente en latitudes bajas, donde las auroras se observan más cerca del horizonte.

El nitrógeno molecular, por su parte, genera brillos azulados, violetas y rosados en las capas más bajas de la atmósfera. La mezcla de todos estos aportes crea cortinas, arcos y bandas de luz que pueden ir cambiando de forma lentamente, dando esa impresión de «danza» en el cielo. En España, cuando se producen, las auroras suelen aparecer más tenues y difusas, a menudo como manchas o velos de color rojizo o verdoso sobre el horizonte norte.

En algunas investigaciones se ha comprobado incluso que las auroras pueden llegar a emitir pequeños chasquidos o ruidos eléctricos, aunque estos sonidos se producen a alturas tan elevadas que no son audibles desde el suelo en condiciones normales. Lo que sí es evidente para el observador es el contraste entre la oscuridad del cielo y el movimiento suave de esas franjas luminosas.

Este mecanismo físico es el mismo tanto para las auroras boreales del hemisferio norte como para las australes del hemisferio sur. La diferencia de fama se debe, sobre todo, a que en el Ártico hay más poblaciones, infraestructuras y turismo especializado, mientras que en torno a la Antártida las posibilidades de observación son menores para el público general.

España en el mapa de las auroras: antecedentes y episodios recientes

Auroras boreales visibles desde Europa

Aunque pueda sonar extraño, España no es completamente ajena a las auroras boreales. A lo largo de la historia se han documentado varios episodios llamativos. Uno de los más conocidos tuvo lugar entre el 25 y el 26 de enero de 1938, cuando una intensa tormenta solar provocó que el cielo se tiñera de rojo sobre buena parte de Europa. En nuestro país, el resplandor fue tan intenso que algunas personas lo confundieron con incendios lejanos o explosiones en plena Guerra Civil, y no faltaron quienes lo interpretaron como un mal presagio.

En fechas mucho más recientes, varias tormentas geomagnéticas han vuelto a colocar a España en el radar de las auroras. En el sur peninsular, por ejemplo, se han registrado auroras desde Almería durante campañas de observación científica realizadas en el Centro Astronómico Hispano en Andalucía (CAHA), uno de los observatorios más importantes de Europa.

También en el norte peninsular y en la Meseta se han vivido momentos singulares. En Asturias se han captado velos verdosos y rojizos en noches de fuerte actividad solar, mientras que en zonas rurales de la provincia de Guadalajara, como Tobillos u Ocentejo, algunos aficionados consiguieron fotografiar la tenue luminosidad de una aurora antes de que las nubes taparan el cielo. Estos casos muestran que, aunque poco frecuentes, las auroras son posibles en España cuando se dan tormentas especialmente intensas.

En 2024 se registraron varios episodios de auroras visibles desde la península y las Islas Canarias, y los modelos de clima espacial indican que el ciclo de alta actividad continuará durante 2026. Esto refuerza la idea de que no es descabellado esperar nuevos avistamientos en los próximos meses, siempre sujetos al comportamiento del Sol y a la meteorología local.

Los expertos subrayan que estos sucesos no deben confundirse con señales de alarma: forman parte del comportamiento habitual del Sol y del campo magnético terrestre, aunque su impacto visual resulte espectacular cuando el óvalo auroral se extiende hasta latitudes insólitas como la española.

Cuándo puede verse la aurora en España y en qué zonas hay más opciones

Auroras boreales visibles en el norte de España

Los cálculos de los especialistas coinciden en señalar el 20 de marzo de 2026 como la fecha más interesante para intentar ver auroras boreales en España. Ese día se produce el equinoccio de primavera y la geometría entre el Sol, la Tierra y el campo magnético es especialmente favorable a la actividad auroral. Además, la cercanía de la luna nueva promete un cielo más oscuro de lo habitual.

En cuanto al horario, las mayores probabilidades se concentran entre las 22:00 y las 02:00, cuando la oscuridad es máxima y la actividad geomagnética tiende a ser más evidente. No obstante, las auroras pueden aparecer en cualquier momento de la noche, por lo que los observadores más pacientes suelen permanecer atentos durante varias horas.

Las mejores zonas del país se concentran en el norte peninsular y en áreas de montaña. Galicia, Asturias, Cantabria y los Pirineos son algunos de los enclaves más citados, siempre que se disponga de un horizonte norte despejado y de cielos libres de nubes. Las cotas altas permiten reducir la presencia de nieblas y bancos de nubes bajas, además de alejarse de la contaminación lumínica de las grandes ciudades.

Las Islas Canarias también cuentan con enclaves privilegiados. Lugares como el Parque Nacional del Teide en Tenerife, el Roque de los Muchachos en La Palma o el Parque Nacional de Garajonay en La Gomera son referentes mundiales en observación astronómica por la limpieza de su cielo nocturno. En episodios de gran intensidad geomagnética, estos puntos podrían llegar a registrar auroras visibles, aunque en forma de resplandores mucho más discretos que los habituales en el Ártico.

En situaciones extremas, el brillo podría ser perceptible incluso desde zonas más al sur o en miradores de la mitad central peninsular, pero estas posibilidades dependen de que la tormenta solar sea realmente fuerte y de que coincidan varias condiciones muy concretas: cielo despejado, poca humedad y un entorno oscuro.

¿Está garantizado ver auroras boreales en España?

Cielo nocturno con auroras boreales

A pesar de las previsiones favorables, los especialistas insisten en que no es posible asegurar al cien por cien que las auroras vayan a ser visibles desde España en una fecha concreta. Son fenómenos muy dependientes de la intensidad real de la tormenta solar, de la orientación del campo magnético interplanetario y, por supuesto, de la meteorología local.

Incluso en días de alta probabilidad, la nubosidad y la contaminación lumínica pueden arruinar la observación. Basta con que un frente nuboso cruce la península en el momento clave para que el fenómeno pase completamente desapercibido desde tierra, aunque los satélites sigan registrándolo por encima de las nubes.

Además, la forma en que se ven las auroras en latitudes como la española suele ser distinta a la que muchos se imaginan. Lo más habitual es que aparezcan como manchas difusas o bandas poco contrastadas, con tonalidades rojizas o verdosas muy sutiles. A menudo el ojo humano las percibe como una niebla luminosa, mientras que la cámara, gracias a la larga exposición, revela colores y estructuras más marcadas.

Por eso, los astrónomos recomiendan ajustar expectativas: es posible que, en el mejor de los casos, el espectáculo no se parezca a las imágenes de postal de Laponia, pero aun así resulte un fenómeno muy llamativo y poco frecuente para nuestras latitudes. Que no haya garantía no significa que no merezca la pena intentarlo, siempre que se asuma ese componente de incertidumbre.

Además, el 23 de septiembre, durante el equinoccio de otoño, se abrirá otra ventana teóricamente favorable. Las condiciones de oscuridad no serán tan ideales como en marzo, pero el mecanismo físico que favorece el efecto equinoccio volverá a estar presente, lo que mantiene viva la posibilidad de nuevos episodios de actividad auroral.

Consejos prácticos para intentar observar y fotografiar la aurora

Observación de auroras boreales

Para quienes quieran probar suerte, los expertos recomiendan ante todo alejarse de las grandes ciudades. La iluminación urbana es el principal enemigo de las auroras, especialmente en latitudes donde ya de por sí aparecen más débiles. Zonas rurales, miradores aislados y áreas con certificación Starlight son opciones muy recomendables.

La periodista y fotógrafa Kris Ubach, con amplia experiencia en la caza de auroras, insiste en la importancia de vigilar tanto la previsión meteorológica como la actividad solar. Puede ocurrir que haya tormenta geomagnética pero el cielo esté completamente cubierto, o al revés, que la noche sea perfecta y la actividad resulte demasiado débil. En su opinión, combinar aplicaciones de predicción de auroras con los partes de nubosidad es casi obligatorio si se quiere maximizar las opciones.

En cuanto al equipo, para captar bien el fenómeno es esencial contar con un trípode estable y exposiciones largas, de 20 a 30 segundos en muchos casos. De este modo, la cámara consigue acumular suficiente luz para mostrar los colores y las formas de las auroras, incluso cuando a simple vista parecen tenues. Cada vez más teléfonos móviles incorporan modos nocturnos que facilitan este tipo de tomas sin necesidad de un gran conocimiento técnico.

También conviene buscar un lugar con vista despejada hacia el horizonte norte. Un edificio, una montaña cercana o una hilera de árboles altos pueden ocultar justo la franja del cielo en la que se manifestaría el fenómeno. Por eso muchas personas optan por altos miradores naturales, embalses o zonas abiertas de montaña.

La paciencia es otro factor clave: las auroras pueden encenderse y apagarse en cuestión de minutos, o bien permanecer como un resplandor suave durante horas. Algunos expertos recomiendan permanecer atentos al cielo, sin estar constantemente mirando la pantalla, para no perder cambios sutiles en el brillo o en las formas de la luz.

Un año de fenómenos astronómicos intensos en Europa

Fenómenos astronómicos en Europa

El interés por las posibles auroras boreales visibles desde España se enmarca en un calendario astronómico especialmente animado para 2026. El máximo solar está generando un incremento notable en el número de manchas solares, fulguraciones y eyecciones de masa coronal, con consecuencias visibles en todo el hemisferio norte, desde Escandinavia hasta el Mediterráneo.

En Europa ya se han registrado este año varios episodios de auroras que han alcanzado latitudes medias, con fotografías tomadas desde países como Alemania, Francia o Italia. Estos sucesos muestran que el óvalo auroral se está desplazando de forma recurrente hacia el sur, algo que encaja con un ciclo solar especialmente activo.

A los posibles avistamientos de auroras se suman otros eventos destacados, como eclipses lunares y solares, visibles en distintas zonas del continente. Sin salir de España, los aficionados han podido disfrutar ya de un eclipse lunar a comienzos de marzo, y tienen marcado en el calendario un eclipse solar previsto para agosto, que volverá a centrar la atención en el cielo.

En este contexto, la opción de contemplar auroras desde nuestro territorio añade un atractivo extra a un año en el que la astronomía está muy presente en la conversación pública. La creciente disponibilidad de herramientas de seguimiento en tiempo real —desde webs de clima espacial hasta aplicaciones de móvil— ha hecho que cada vez más personas sigan de cerca los avisos de tormentas geomagnéticas y organicen escapadas relámpago para intentar captarlas.

Todo apunta a que nos encontramos en uno de esos periodos en los que el Sol y la Tierra colaboran para ofrecer un catálogo de fenómenos poco habituales en latitudes como la española, lo que explica el renovado interés por entender cómo funcionan las auroras y qué se necesita para poder verlas sin salir del país.

Con todos estos elementos sobre la mesa, la posibilidad de observar auroras boreales en España este marzo no es una fantasía, pero tampoco una promesa segura: depende de que la actividad solar, el efecto del equinoccio, la ausencia de nubes y la oscuridad del cielo coincidan en el momento justo. Para quien decida intentarlo, se trata de una apuesta razonable: si las condiciones se alinean, el cielo podría ofrecer uno de los espectáculos más llamativos que puede verse desde nuestro territorio; si no, seguirá siendo una buena noche para mirar las estrellas y recordar que, aunque vivamos lejos del Ártico, de vez en cuando también aquí se abre la puerta a las luces del norte.

Aurora boreal
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