El microsatélite ATENEA se prepara para emprender viaje rumbo a la Luna integrado en la misión Artemis II de la NASA, en lo que supone un salto de enorme calado para el sector espacial argentino y latinoamericano. Este pequeño satélite, desarrollado en buena parte en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), acompañará a la nave Orión y a sus cuatro astronautas en el primer vuelo tripulado que volverá a orbitar el satélite natural de la Tierra más de medio siglo después del programa Apolo.
El despegue está previsto a partir del 6 de febrero desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, con una ventana de lanzamiento que se extenderá hasta finales de abril de 2026. Durante esa misión, ATENEA será desplegado antes del acercamiento lunar para poner a prueba tecnologías clave en el espacio profundo, consolidando la participación de Argentina en la llamada nueva economía espacial y reforzando su colaboración con Europa y otros socios internacionales.
Qué es ATENEA y por qué su viaje rumbo a la Luna es tan relevante
El protagonista de este hito es ATENEA, un CubeSat de clase 12U con unas dimensiones aproximadas de 30 x 20 x 20 centímetros. Se trata de un microsatélite experimental diseñado para validar tecnologías críticas que se utilizarán en futuras misiones hacia regiones del espacio más alejadas de la Tierra, incluidas órbitas altas y trayectorias hacia la Luna.
Entre los objetivos científicos y tecnológicos se encuentran la medición de radiación en órbitas profundas, la evaluación de componentes electrónicos para uso espacial, la recolección de datos GNSS (sistemas de navegación por satélite) en órbitas muy elevadas y la validación de enlaces de comunicación de largo alcance. Todo ello permitirá recopilar información de gran valor para el diseño de nuevas misiones y el desarrollo de equipamiento más robusto.
El satélite argentino viajará unido a la cápsula Orión y será liberado en el espacio antes de que la nave tripulada alcance su punto máximo de aproximación a la Luna. Compartirá protagonismo con otros tres CubeSats internacionales pertenecientes a Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudí, seleccionados igualmente en una convocatoria global impulsada por la NASA.
En el plano histórico, la misión Artemis II representará el retorno de astronautas a la órbita lunar desde Apolo 8, en 1972. En palabras de Marcos Actis, decano de Ingeniería de la UNLP y director del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), esta nueva etapa evoca el papel que tuvo Apolo 8, el vuelo que en 1968 abrió el camino a los posteriores alunizajes.
La misión Artemis II y el papel del satélite argentino
La misión Artemis II es el segundo gran hito del programa lunar de la NASA y la primera en incorporar tripulación en la nave Orión. A lo largo de unos 10 días de duración, está previsto que la cápsula realice varias órbitas alrededor de la Tierra y, posteriormente, una trayectoria de retorno libre que la llevará a rodear la Luna antes de volver de manera segura a nuestro planeta.
La tripulación estará integrada por los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Mientras ellos evalúan los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones de la nave, ATENEA actuará como plataforma de ensayo para tecnologías que podrían aprovecharse en misiones posteriores, incluida la futura instalación de hábitats en el entorno lunar.
El lanzamiento se realizará mediante el cohete SLS (Space Launch System), el vector pesado desarrollado por Estados Unidos para trasladar carga útil y tripulación al espacio profundo. Dentro de este lanzador, además de ATENEA rumbo a la Luna, viajarán otros satélites de pequeña escala fruto de proyectos universitarios y agencias espaciales de distintos países.
El calendario definido por la NASA contempla una ventana principal del 6 al 14 de febrero, con posibles fechas alternativas en los meses de marzo y abril, dependiendo de condiciones como la posición relativa de la Luna, la meteorología en Florida y las verificaciones finales de seguridad. Este margen busca garantizar que tanto la tripulación como las cargas secundarias, entre ellas el satélite argentino, despeguen en el escenario más favorable.
Desde el punto de vista argentino, la presencia de ATENEA en Artemis II es doblemente simbólica: por un lado, sitúa a la industria espacial nacional en una misión de referencia mundial; por otro, convierte al país en uno de los escasos estados que colocan un satélite propio en una trayectoria tan lejana, superando en alcance a cualquier misión previa de origen local.
El rol de la Universidad Nacional de La Plata y el trabajo en equipo
La Facultad de Ingeniería de la UNLP ocupa un lugar central en el desarrollo de ATENEA. En el proyecto participan ingenieros, docentes y estudiantes del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), del Departamento de Ingeniería Aeroespacial y del grupo Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), perteneciente al Departamento de Electrotecnia.
El CTA asumió tareas clave de ingeniería de sistemas del satélite, incluyendo el diseño de la estructura, el control térmico y la fabricación de piezas, en particular elementos metálicos que debían soportar tanto el lanzamiento como las condiciones del espacio profundo. Desde el SENyT se llevaron adelante tres subsistemas electrónicos fundamentales: el módulo de comunicaciones, la computadora de a bordo (OBC) y un receptor GNSS especialmente adaptado a órbitas muy elevadas.
A lo largo de 2025, el equipo realizó la integración y el armado del CubeSat en las salas limpias de la propia Facultad de Ingeniería. Posteriormente, el satélite fue trasladado al Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT), en la provincia de Córdoba, donde técnicos de la empresa VENG S.A. colaboraron en los ensayos finales y en la preparación para su envío a Estados Unidos.
En la fase de entrega, el ingeniero Joaquín Brohme y la estudiante Aldana Guilera, integrantes del CTA, viajaron junto a representantes de la CONAE a territorio estadounidense para supervisar la integración de ATENEA con la cápsula Orión. Ese paso marcó el cierre de varios años de trabajo coordinado y fue clave para cumplir los estrictos plazos marcados por la NASA.
En paralelo al desarrollo técnico, desde la Facultad de Ingeniería se destacó el esfuerzo de las áreas administrativas, que se encargaron de gestionar la importación de componentes críticos y de sortear los requisitos regulatorios asociados a equipamientos de alta tecnología, un aspecto menos visible pero imprescindible para que el satélite pudiera estar listo a tiempo.
Un proyecto nacional con alcance internacional
Aunque la UNLP ha tenido un papel protagonista, ATENEA rumbo a la Luna es el resultado de un trabajo mancomunado entre múltiples instituciones públicas y tecnológicas. Además de la universidad platense, en el proyecto intervienen la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa estatal VENG S.A..
El satélite se enmarca dentro del programa SARE (Sistema de Alta Revisita) de la CONAE, una iniciativa destinada a impulsar la producción ágil y de bajo coste de pequeños satélites orientados tanto a la observación terrestre como a la exploración espacial. La inclusión de ATENEA en Artemis II supone una extensión natural de esa estrategia, llevando tecnologías desarrolladas en el país a un entorno de prueba especialmente exigente.
La experiencia previa de los equipos argentinos en proyectos como el satélite universitario USAT 1 fue uno de los factores determinantes para que la NASA seleccionara esta propuesta en la convocatoria internacional. Según las autoridades nacionales, el desempeño alcanzado en misiones anteriores y la madurez alcanzada por el ecosistema científico-tecnológico local fueron claves para ganar el concurso que daba acceso a la misión.
El Poder Ejecutivo argentino ha remarcado que la participación en Artemis II encaja con una política de apoyo a desarrollos estratégicos en materia aeroespacial, orientada a potenciar la investigación aplicada y a optimizar los recursos públicos. En varios comunicados oficiales se ha subrayado que proyectos como ATENEA permiten posicionar al país en cadenas de valor tecnológicas globales, al tiempo que fortalecen la capacidad nacional en campos de alta complejidad.
Desde el ámbito político y científico se insiste en que el impacto de esta iniciativa trasciende lo simbólico: la información que aportará el satélite, sumada a la cooperación con agencias como la NASA y con instituciones europeas, abre puertas para futuras misiones conjuntas y para la participación de empresas tecnológicas argentinas en proyectos de gran envergadura.
Un equipo multidisciplinar detrás de ATENEA
Detrás del satélite ATENEA rumbo a la Luna hay un nutrido grupo de especialistas y jóvenes investigadores. Dentro del equipo platense figuran Sonia Botta, Ramón López La Valle, Facundo Pasquevich, Frida Alfaro, Gaspar Ramírez, Erick Molina, Agustín Catellani, Julián Crosta, Elián Hanisch, Santiago Rodríguez, Gabriel Vega Leañez, Francisco Núñez y Julián Encinas, además de otros colaboradores que contribuyeron en distintas etapas del proyecto.
Según han señalado responsables de la UNLP, el proyecto también ha funcionado como escuela de formación para estudiantes de grado y posgrado en ingeniería aeroespacial, electrónica y disciplinas afines, que han podido enfrentarse a plazos, estándares y exigencias similares a los de cualquier misión internacional de primer nivel.
La combinación de experiencia consolidada de investigadores de larga trayectoria con el empuje de nuevas generaciones ha permitido abordar tareas que van desde el diseño de la arquitectura del satélite hasta la programación del software de vuelo. Esa dinámica colaborativa explica en buena medida que ATENEA haya superado las sucesivas etapas de revisión técnica y de certificación impuestas por la NASA.
En los últimos meses, distintas figuras del sistema científico argentino, como el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, han puesto de relieve que el satélite “llegará más lejos que cualquier otro de origen argentino”. Esa circunstancia, combinada con el carácter académico del proyecto, ha reforzado la percepción de que la universidad pública sigue siendo un actor clave en el sector espacial del país.
La difusión de este logro a través de redes sociales institucionales y medios de comunicación especializados ha contribuido a incrementar el interés social por las actividades espaciales, un ámbito que tradicionalmente parecía lejano pero que empieza a verse como un nicho de oportunidades tecnológicas y profesionales de futuro.
Impacto para Argentina y proyección en la nueva economía espacial
La participación del satélite ATENEA rumbo a la Luna en Artemis II no sólo aporta visibilidad internacional, sino que consolidará capacidades técnicas dentro de Argentina. La información obtenida sobre radiación, comportamiento de componentes y comunicaciones en órbitas lejanas servirá de base para el diseño de próximos satélites y para el desarrollo de instrumentos científicos y comerciales con mayor valor añadido.
De acuerdo con documentos oficiales, se espera que los resultados de la misión contribuyan a potenciar los proyectos del programa SARE y a alimentar otras iniciativas de observación terrestre y exploración impulsadas por la CONAE. También se contempla la posibilidad de que empresas tecnológicas locales puedan aplicar el conocimiento adquirido en áreas como la electrónica de precisión, la ingeniería de materiales o los sistemas de comunicaciones de alta fiabilidad.
En paralelo, la presencia de ATENEA en una misión compartida con países como Alemania, Corea del Sur o Arabia Saudí refuerza el argumento de que Argentina puede integrarse de manera estable en consorcios internacionales de alto nivel. La firma de los Acuerdos Artemis y la colaboración continuada con la NASA son un reflejo de esta voluntad de participar activamente en el nuevo escenario espacial.
Para el sistema universitario, el hito sirve además como carta de presentación ante socios europeos y norteamericanos interesados en reforzar proyectos conjuntos. La combinación de infraestructura propia, como las instalaciones del CETT en Córdoba, y grupos consolidados en la UNLP, la UBA o la UNSAM, sitúa al país en un punto de partida ventajoso para negociar futuras colaboraciones.
El vuelo de ATENEA rumbo a la Luna se ha convertido en un símbolo de cómo la articulación entre universidad pública, organismos de ciencia y tecnología y empresas estatales puede cristalizar en proyectos competitivos a escala global. Más allá del impacto mediático del lanzamiento, la verdadera trascendencia residirá en el conocimiento que se genere, en las nuevas generaciones de especialistas formados alrededor de esta experiencia y en la capacidad de aprovechar todo ese bagaje para seguir abriendo camino en el espacio.