Asteroide 2024 YR4 no impactará la Luna, según nuevas observaciones

  • Las últimas mediciones con el telescopio espacial James Webb confirman que el asteroide 2024 YR4 no chocará con la Luna.
  • El objeto, de unos 60 metros de diámetro, pasará a una distancia segura de más de 20.000 km del satélite, en torno a 21.200 km.
  • La misión Gaia, la cámara NIRCam de Webb y la cooperación entre ESA, NASA y CSA han permitido refinar su órbita y eliminar el riesgo.
  • El caso refuerza los programas de defensa planetaria y el seguimiento de objetos cercanos a la Tierra en Europa y a nivel mundial.

Asteroide y órbita segura respecto a la Luna

El asteroide 2024 YR4, que en poco tiempo llegó a ser considerado uno de los objetos cercanos a la Tierra más preocupantes de las últimas décadas, no colisionará con la Luna. Las nuevas observaciones realizadas con el Telescopio Espacial James Webb han permitido aclarar definitivamente un escenario que mantuvo en vilo a la comunidad científica internacional.

Según ha confirmado la Agencia Espacial Europea (ESA) y han ratificado también fuentes de la NASA, el asteroide pasará a una distancia segura de la superficie lunar, situada en algo más de 20.000 kilómetros —los últimos cálculos hablan de unos 21.200 km—, descartando por completo el riesgo de impacto que se barajaba para el 22 de diciembre de 2032.

De amenaza destacada a objeto sin riesgo de impacto lunar

Recreación de asteroide cercano a la Tierra

El interés por 2024 YR4 se disparó el año pasado, cuando los primeros análisis lo situaron como uno de los asteroides potencialmente más peligrosos detectados en unos 20 años. Con un diámetro aproximado de 60 metros, entró rápidamente en las listas de vigilancia de objetos cercanos a la Tierra gestionadas por la ESA y la NASA.

En una primera fase, los modelos orbitales contemplaban una pequeña probabilidad de impacto con la Tierra. Esta incertidumbre impulsó la actualización en la vigilancia de asteroides. Sin embargo, a medida que se fueron incorporando nuevas mediciones desde distintos observatorios del planeta, los expertos eliminaron ese escenario y centraron su atención en una posibilidad menos probable, pero todavía preocupante: un choque con la Luna a finales de 2032.

Durante varios meses, los cálculos mantenían una probabilidad en torno al 4-4,3 % de impacto lunar, una cifra reducida pero significativa en términos de defensa planetaria. El problema añadido era que el asteroide se fue alejando y, llegada la primavera pasada, dejó de ser observable con telescopios desde la Tierra, lo que congeló la precisión de su órbita.

En ese contexto, muchos equipos consideraban que no sería posible volver a observar 2024 YR4 hasta 2028. La falta de datos frescos obligaba a trabajar con cierto margen de incertidumbre, manteniendo viva la posibilidad de un impacto contra la superficie lunar en diciembre de 2032.

El papel clave del telescopio espacial James Webb y la cámara NIRCam

Telescopio espacial James Webb y observación de asteroides

La situación cambió gracias a un equipo internacional de astrónomos que identificó dos pequeñas ventanas de oportunidad en febrero de 2026 para volver a observar el asteroide usando el Telescopio Espacial James Webb, misión conjunta de la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense (CSA). Este esfuerzo se enmarca en los nuevos hallazgos y misiones sobre asteroides y defensa planetaria.

La estrategia se basó en emplear la Cámara de Infrarrojo Cercano (NIRCam), uno de los instrumentos más sensibles del observatorio, para intentar detectar la débil señal del asteroide a muchos millones de kilómetros de la Tierra. La posición exacta de las estrellas de fondo, medida con enorme precisión por la misión europea Gaia, resultó fundamental para poder saber dónde apuntar.

El reto no era menor: el James Webb está pensado sobre todo para estudiar galaxias muy lejanas y estructuras cósmicas a miles de millones de años luz, no para seguir asteroides relativamente pequeños. Su campo de visión es muy reducido, de modo que localizar un objeto tan tenue requiere una planificación exquisita y un conocimiento extremadamente preciso de la trayectoria esperada.

Aun así, las observaciones realizadas los días 18 y 26 de febrero salieron según lo previsto. El asteroide fue detectado en el campo de NIRCam y, comparando su posición con las estrellas de referencia del catálogo de Gaia, los científicos pudieron refinar su órbita con mucho más detalle que en intentos anteriores, lo que permitió acotar el riesgo de un posible impacto lunar.

Ese ajuste de la órbita es lo que ha permitido cerrar definitivamente el debate: con los nuevos datos, las probabilidades de colisión con la Luna pasan de ese 4 % inicial a cero en la práctica, sustituidas por un paso a una distancia segura, del orden de los 21.200 kilómetros.

Cooperación entre ESA, NASA y CSA en defensa planetaria

Cooperación internacional en defensa planetaria

Todo este proceso ha sido posible gracias a una coordinación muy estrecha entre instituciones de Europa y América, que incluye protocolos y planes de contingencia como el plan para desviar meteoritos desarrollado por agencias internacionales.

Por parte de Estados Unidos, el seguimiento se ha apoyado en el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, ubicado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en el sur de California. Desde allí se actualizan las órbitas y se evalúan los riesgos potenciales tanto para la Tierra como para la Luna, y se aprende de misiones como la misión DART.

La Agencia Espacial Canadiense (CSA), socia en la misión Webb, también ha participado en la planificación y en el análisis de las observaciones de NIRCam, aportando experiencia en instrumentación espacial y en el manejo del telescopio.

Según han explicado responsables de la ESA, este caso ilustra cómo décadas de ingeniería y cooperación internacional permiten ahora emplear el telescopio espacial robótico más potente construido hasta la fecha para responder preguntas muy concretas sobre seguridad planetaria, como la posibilidad de que un asteroide impacte un cuerpo del sistema Tierra-Luna; en escenarios extremos se han considerado incluso medidas como un plan nuclear ante un asteroide como opción hipotética de última instancia.

En palabras de la propia agencia europea, “la Luna está a salvo, 2024 YR4 no representa ningún peligro”, pero el trabajo no termina aquí. Desde el Programa de Seguridad Espacial subrayan que continúan monitorizando de forma sistemática asteroides y cometas cercanos a la Tierra para minimizar cualquier sorpresa en el futuro.

Qué se sabe hoy de la órbita de 2024 YR4

Órbita segura del asteroide respecto a la Luna

El asteroide fue descubierto a finales de 2024 por una instalación del sistema de alerta de impactos financiado por la NASA, situada en Chile. Desde entonces, su trayectoria ha sido recalculada una y otra vez a medida que se incorporaban nuevos datos observacionales desde telescopios de todo el mundo.

Los análisis que se hicieron públicos a principios de 2025 apuntaban a “una pequeña pero notable” probabilidad de impacto con la Tierra en 2032. Sin embargo, esa posibilidad quedó rápidamente descartada a medida que se ampliaba el arco de observación del objeto, lo que permitió determinar mejor su órbita.

Una vez eliminada la opción de choque con nuestro planeta, la atención se concentró en el posible impacto contra la Luna. Antes de contar con las observaciones de James Webb, los modelos de riesgo calculaban algo más de un 4 % de probabilidad de colisión con el satélite natural el 22 de diciembre de 2032.

Con los nuevos datos infrarrojos, la NASA explica que la actualización “refleja una mayor precisión en nuestra comprensión de dónde se espera que esté el asteroide en 2032, más que un cambio drástico en su trayectoria”. Es decir, la órbita general de 2024 YR4 no ha dado un giro, simplemente se ha afinado el cálculo hasta poder descartar el impacto.

Esto encaja con la experiencia acumulada en otros casos: las primeras estimaciones de riesgo suelen ser conservadoras y tienden a modificarse al alza o a la baja en cuanto se incorporan observaciones adicionales. Por eso es habitual que, tras una fase inicial de incertidumbre, la probabilidad de impacto termine reduciéndose prácticamente a cero cuando se cuenta con un conjunto de datos suficientemente amplio.

Relevancia para España, Europa y los programas de defensa planetaria

Europa, a través de la ESA y con una participación destacada de centros de investigación y empresas españolas en el ámbito espacial, juega un papel cada vez mayor en la vigilancia de objetos cercanos a la Tierra. Misiones como Gaia o la contribución europea al James Webb son ejemplos de cómo el continente se ha situado en primera línea en este tipo de estudios.

El caso de 2024 YR4 se suma a otras iniciativas europeas, como las misiones dedicadas a probar técnicas de desvío de asteroides o a mejorar la red de telescopios de seguimiento repartidos por el planeta. Toda esta infraestructura forma parte de una estrategia conjunta en la que participan tanto la ESA como agencias nacionales, entre ellas el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y diferentes grupos de investigación en España.

En el marco del Programa de Seguridad Espacial de la ESA, se persigue no solo identificar objetos potencialmente peligrosos, sino también desarrollar protocolos de respuesta y coordinación internacional ante una eventual amenaza real. Para ello, se llevan a cabo simulaciones, ejercicios de comunicación y proyectos compartidos con la NASA y otras agencias.

La experiencia acumulada con 2024 YR4 refuerza la idea de que contar con observatorios avanzados como el James Webb y con catálogos estelares tan precisos como el de Gaia resulta clave para reducir la incertidumbre. Sin esa combinación de tecnología y cooperación, la comunidad científica habría tenido que convivir durante más tiempo con la duda sobre un posible impacto lunar.

En términos prácticos, esto significa que la población puede estar tranquila tanto respecto a la Tierra como a la Luna en lo que concierne a este asteroide en las próximas décadas, mientras los equipos técnicos continúan perfeccionando sus métodos de detección y cálculo orbital para futuros casos.

El seguimiento del asteroide 2024 YR4 deja así varias lecciones: un objeto que llegó a ser catalogado como la mayor amenaza de los últimos años ha pasado a ser un ejemplo de éxito en la vigilancia del espacio cercano, gracias a la combinación de telescopios punteros, análisis detallados y cooperación entre agencias espaciales de Europa, Norteamérica y otros socios internacionales.

asteroide YR4
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