Durante la semana grande de las Fallas, el consumo de agua en València se incrementa de forma moderada pero constante, con un alza que se sitúa habitualmente entre el 2% y el 5% respecto a un periodo ordinario. Aunque pueda parecer que el aumento de población y de actividad dispararía las cifras, los datos de la red de abastecimiento muestran que el sistema responde con normalidad y sin sobresaltos.
Este comportamiento no es casual: está condicionado por el clima, el calendario festivo y el tipo de actos programados. Los días de mayor afluencia y con tiempo estable son los que más tiran de la demanda hídrica, mientras que la lluvia tiende a contener el consumo. Aun así, la red municipal llega a las fiestas con un dispositivo específico preparado para soportar tanto los picos de demanda ciudadana como la intensa actividad ligada al fuego y a la seguridad.
La ciudad se prepara con antelación para asumir que, durante estos días, la forma de consumir agua cambia por completo. La actividad se traslada de los hogares a la calle, a las carpas, a los puestos de comida rápida, a los hoteles y a los espacios donde se concentran los actos oficiales, lo que obliga a ajustar la red y el seguimiento en tiempo real.
Una red de abastecimiento preparada para la semana grande
El Ayuntamiento de València, a través de la Central Operativa del Abastecimiento y la empresa mixta EMIVASA, ha puesto a punto toda la infraestructura para garantizar que el agua llegue sin incidencias durante las Fallas. En las semanas previas se ha realizado una revisión exhaustiva de los 1.880 hidrantes repartidos por la ciudad, de los cuales se detectaron 21 con alguna incidencia que ya han sido reparados para dejarlos en servicio pleno.
Estas inspecciones se coordinan con el Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS), que depende del área de Prevención de Incendios del Ayuntamiento. La colaboración permite que los bomberos dispongan de toda la información operativa necesaria para intervenir con rapidez durante la Cremà y en cualquier emergencia que pueda surgir en unos días en los que el fuego es protagonista.
Además de la red contra incendios, se ha trabajado en los puntos de conexión destinados a la actividad económica asociada a las fiestas. En total, se han habilitado 113 ramales para churrerías, puestos de buñuelos y foodtrucks, incluidos varios de nueva instalación por el aumento de solicitudes, así como 8 acometidas específicas para carpas falleras. Fuera del periodo festivo, estos ramales permanecen inutilizados mediante sistemas de seguridad que se retiran de forma temporal solo durante las Fallas.
Las autoridades municipales subrayan que no hay cortes programados ni afecciones activas previstas que puedan comprometer el servicio en los días grandes. El objetivo es que, aun con la ciudad volcada en la calle, el abastecimiento se mantenga estable tanto para el uso cotidiano de los vecinos como para los dispositivos de seguridad y limpieza.
En este contexto, dirigentes municipales como el concejal del Ciclo Integral del Agua, Carlos Mundina, y el responsable de Prevención de Incendios, Juan Carlos Caballero, han mantenido reuniones de coordinación con responsables de EMIVASA y de Global Omnium para revisar el operativo. La idea central es que, en unas fiestas donde el fuego manda, el agua también tenga todo listo para responder a cualquier necesidad.
Un aumento del consumo de hasta el 5% marcado por la climatología
Los registros históricos de la red de abastecimiento indican que, durante Fallas, el consumo total de agua en la ciudad sube de media alrededor de un 2% respecto a las semanas previas. Sin embargo, en los años con meteorología especialmente favorable y gran afluencia, esa subida puede aproximarse al 5%, que se considera el techo habitual para estas fechas.
Los técnicos destacan que el factor que más condiciona este incremento es el tiempo atmosférico. En ediciones con lluvias persistentes, como ocurrió en 2022 o en buena parte de 2025, el consumo se mantiene más contenido. Por el contrario, en celebraciones secas y con temperaturas suaves, como las de 2024, la demanda se sitúa en la franja alta, llegando a ese entorno del 5% cuando además los días grandes coinciden con fin de semana.
Según explica Javier Macián, responsable de agua potable de Global Omnium y técnico de EMIVASA, no se trata de un aumento descontrolado: el caudal de agua no se duplica ni mucho menos, pero sí se aprecia claramente un alza en estos días. La clave está en que, si hace buen tiempo y la ciudad se llena de visitantes, la actividad en la calle crece, se consume más en hostelería, se utilizan más servicios y se incrementa el uso de instalaciones temporales.
Los datos de diferentes años muestran también que la lluvia puede cambiar de forma notable el patrón diario. En una semana fallera con chubascos intermitentes, la asistencia a actos al aire libre baja, la gente se resguarda en casa o en interiores y el consumo se reparte de otra forma, con picos menos acusados en las horas centrales del día.
En cualquier caso, los responsables de la red insisten en que, incluso en los escenarios de mayor demanda, el sistema de abastecimiento tiene margen suficiente para absorber esos incrementos sin comprometer ni la calidad del agua ni la presión en los distintos barrios.
De las casas a la calle: cómo cambia el tipo de consumo
Más allá del volumen total, uno de los aspectos más llamativos es el cambio en el perfil de consumo durante la semana fallera. Los análisis de EMIVASA indican que el uso doméstico en los hogares tiende a disminuir, mientras que gana peso el consumo asociado a la actividad comercial, hotelera y turística, así como a la celebración en la vía pública.
La explicación es sencilla: durante estos días, gran parte de la población abandona las rutinas habituales. Se pasa menos tiempo en casa, se cocina menos en los domicilios y se concentra buena parte de la vida social en las calles, las verbenas, los casales y las zonas con más actos falleros, desde la plaza del Ayuntamiento hasta los barrios con mayor tradición festiva.
Este desplazamiento de la demanda obliga a la operadora del servicio a monitorizar con detalle las zonas de mayor actividad. Las áreas con más concentración de visitantes, especialmente en horario nocturno, pueden registrar curvas de consumo muy distintas a las de un día laborable normal, con picos más tardíos y una caída más lenta de la demanda de madrugada.
También influye la proliferación de churrerías, puestos de comida rápida, buñolerías y carpas, repartidos por prácticamente toda la ciudad. Estos puntos requieren acometidas específicas, uso intensivo de agua para limpieza y preparación de alimentos y, en algunos casos, horarios prolongados que se extienden hasta la madrugada.
La movilidad constante de visitantes que llegan y se marchan a lo largo de la semana provoca que, aunque haya más gente en la ciudad, el consumo total se mantenga dentro de una horquilla relativamente estable. Es esa redistribución del uso, y no un salto exponencial, lo que define el comportamiento de la red en Fallas.
La huella de la mascletà en la red de agua
Uno de los fenómenos más curiosos que se observan en los gráficos de consumo diario es el efecto de la mascletà de las 14:00 horas. Cada mediodía, cuando miles de personas se concentran en la plaza del Ayuntamiento y en otros puntos de la ciudad para seguir el disparo, la demanda de agua doméstica se desploma durante unos minutos.
Los sensores de la red registran que, justo antes y durante la mascletà, se reduce el consumo en los hogares, lo que provoca un ligero aumento de la presión en las tuberías. Una vez finaliza el espectáculo pirotécnico, se produce un repunte inmediato de la demanda, asociado a la vuelta a la actividad cotidiana: se reanudan tareas domésticas, hosteleras y de limpieza, y la presión cae de nuevo hasta estabilizarse en niveles normales.
Este patrón recuerda al que se detectó durante la pandemia, cuando los aplausos sanitarios de las ocho de la tarde también quedaban reflejados como pequeñas depresiones temporales en las curvas de consumo. En el caso de las Fallas, la mascletà actúa como una especie de “pausa” colectiva en el uso del agua a escala ciudad.
El día 19 de marzo, festividad de San José y jornada clave de las fiestas, el comportamiento resulta todavía más singular. Al ser un festivo sin cole ni trabajo, el pico de consumo matinal se retrasa, situándose alrededor de las 12:00 del mediodía, ya que buena parte de la población se levanta más tarde tras la Nit del Foc. A partir de ahí, la demanda vuelve a caer con fuerza a las 14:00 horas, coincidiendo con la última gran mascletà de las fiestas.
Los técnicos resaltan que este patrón horario no solo es una curiosidad estadística, sino que ayuda a anticipar cómo se comportará la red en momentos muy concretos. Saber que a las 14:00 h se producirá una caída brusca del consumo, seguida de un rebote, permite ajustar mejor la gestión de presiones y prever posibles incidencias.
La noche de la Cremà y el papel de los bomberos
Si la mascletà se traduce en un descenso puntual del consumo, la Cremà de los monumentos fallares genera el efecto contrario. La noche del 19 de marzo, cuando se queman centenares de fallas de forma escalonada por toda la ciudad, el comportamiento de la red se altera de manera muy marcada.
Hasta la medianoche, la demanda suele mantenerse relativamente contenida, en parte porque buena parte de la población se concentra siguiendo los actos previos. Sin embargo, a partir de las 00:00 horas, el consumo se dispara coincidiendo con el inicio de la Cremà generalizada, tanto por la actividad ciudadana como por el despliegue del operativo de bomberos que trabaja en la extinción de los monumentos.
Cada fallo en la cremà requiere la presencia de dotaciones del SPEIS, que se apoyan en los hidrantes y en la red de abastecimiento para controlar las hogueras de forma segura. Por eso es esencial que, en la fase previa a las fiestas, todos los puntos de conexión contra incendios estén perfectamente revisados y operativos, sin fugas ni problemas de presión.
La coordinación entre EMIVASA, el Servicio de Bomberos y las áreas municipales implicadas permite que la noche más crítica desde el punto de vista del fuego se pueda afrontar con garantías. Los técnicos recuerdan que, aunque el consumo sube en esta franja horaria, la infraestructura está dimensionada para soportar esa demanda extra sin comprometer el abastecimiento general.
En paralelo, la Cremà marca también el final del calendario festivo y el inicio del retorno progresivo a los patrones habituales de consumo. En días posteriores, las curvas vuelven poco a poco a sus horarios y niveles típicos de una ciudad ya fuera del contexto fallero.
Digitalización, sensores y control en tiempo real
Uno de los pilares del dispositivo especial de Fallas es la digitalización de la red de agua potable de València. La infraestructura cuenta con sistemas de sensorización avanzada que permiten monitorizar caudales, presiones y consumos en distintos puntos de la ciudad casi al minuto, lo que se traduce en una gestión mucho más fina durante un periodo tan exigente como el de las fiestas.
Gracias a estos sistemas, EMIVASA puede analizar en detalle las dinámicas de consumo, detectar patrones horarios ligados a los grandes actos (mascletà, ofrenda, Cremà) y anticipar necesidades antes de que se conviertan en un problema. Esta información resulta clave para ajustar presiones, redistribuir caudales o detectar posibles anomalías que requieran una intervención rápida.
Responsables municipales como el concejal Carlos Mundina han destacado que esta red digitalizada y sensorizada es fundamental para asegurar un servicio continuo y de calidad, especialmente en unas fechas en las que València multiplica su población de forma notable. La tecnología, en este caso, se convierte en una aliada para mantener la normalidad en un contexto de máxima exigencia.
Además de la lectura en tiempo real, el análisis histórico permite construir modelos de comportamiento de la demanda que ayudan a prever cómo responderá la ciudad ante determinadas combinaciones de factores: tiempo estable o lluvioso, días laborables o festivos, coincidencia de fines de semana con los actos centrales, etc.
Este conocimiento se incorpora al diseño del operativo anual de Fallas, de manera que cada edición se apoya en la experiencia y en los datos de años anteriores, puliendo el margen de error y mejorando la capacidad de reacción ante cualquier imprevisto que pueda surgir en la red de abastecimiento.
El balance general que se desprende de los datos y de la preparación previa muestra que el consumo de agua en Fallas aumenta, pero lo hace dentro de márgenes controlados, con subidas de hasta un 5% condicionadas sobre todo por la meteorología y por la concentración de actos. La ciudad adapta sus hábitos, el uso se desplaza de los hogares a la calle y la red se ajusta para responder tanto al ambiente festivo como a las necesidades de seguridad, apoyada en una infraestructura revisada, sensorizada y coordinada al detalle entre Ayuntamiento, EMIVASA y los servicios de bomberos.