La NASA ha puesto ya fecha sobre la mesa para el vuelo de Artemis II, la primera misión tripulada que se aventurará hacia la órbita lunar en más de medio siglo. Si todo se mantiene según el plan, el gigantesco cohete del programa Artemis despegará como muy pronto el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con cuatro astronautas a bordo.
Tras meses de revisiones, arreglos técnicos y cambios de calendario, la agencia estadounidense afirma que tanto el hardware como los equipos se consideran listos, aunque insiste en que todavía quedan pasos previos antes de encender los motores. Para Europa y España, el vuelo supone un hito relevante, ya que parte de la tecnología del programa Artemis cuenta con participación de la Agencia Espacial Europea (ESA) en el desarrollo del módulo de servicio de la nave Orión, como el microsatélite Atenea.
Fecha, ventana de lanzamiento y plan de vuelo
En una rueda de prensa reciente, la responsable de la misión, Lori Glaze, explicó que la NASA está trabajando con el objetivo de lanzar Artemis II «tan pronto como el 1 de abril». La primera oportunidad de despegue se ha fijado a las 18:24 EDT, lo que equivale aproximadamente a las 23:24 en la España peninsular, siempre que las condiciones técnicas y meteorológicas lo permitan.
La agencia no se limita a un único intento: habrá varias ventanas de lanzamiento dentro de un periodo de unos seis días. Si el cohete no puede salir el día 1, existe una segunda opción al día siguiente, con un despegue previsto hacia las 19:22 EDT (00:22 en España), y se barajan otras oportunidades adicionales hasta el 6 de abril. Los responsables hablan de «alrededor de cuatro intentos posibles» dentro de ese intervalo.
Una vez en marcha, el vuelo seguirá un perfil ya ensayado sin tripulación durante Artemis I: el cohete Space Launch System (SLS) impulsará la nave Orión a la órbita terrestre, desde donde realizará una maniobra para dirigirse hacia la Luna, efectuar un sobrevuelo lejano y, finalmente, regresar a la Tierra para un amerizaje en el océano.
La trayectoria exacta dependerá del día del lanzamiento, ya que la posición de la Luna cambia respecto a la Tierra. La NASA estima que la nave volará a entre 6.400 y 9.600 kilómetros de la superficie lunar, una distancia significativamente mayor que la de Artemis I en su máxima aproximación, pero suficiente como para que la tripulación observe la Luna con un tamaño aparente similar al de «un balón de baloncesto sosteniendo el brazo estirado», según han descrito ingenieros de la misión.

Una tripulación de cuatro personas para el mayor viaje desde Apolo
El vuelo de Artemis II será el primer viaje tripulado alrededor de la Luna desde 1972, cuando finalizó el programa Apolo. La misión lleva preparándose años: en abril se cumplirán tres años desde que la NASA anunciara a los cuatro miembros de la tripulación que protagonizarán esta nueva etapa de exploración lunar.
Al frente del equipo estará el astronauta estadounidense Reid Wiseman, que ejercerá como comandante de la misión. Junto a él volarán sus compatriotas Victor Glover, piloto, y Christina Koch, especialista de misión, además del canadiense Jeremy Hansen, representante de la Agencia Espacial Canadiense, que se convertirá en el primer astronauta de su país en viajar hacia la Luna.
Antes de subir al cohete, los cuatro astronautas deberán pasar por una cuarentena médica en las instalaciones de la NASA en Houston (Texas), pensada para reducir el riesgo de que lleven patógenos a bordo. Esa fase está prevista que comience en torno al 18 de marzo. Posteriormente, el equipo se trasladará el 27 de marzo al Centro Espacial Kennedy para afrontar los últimos preparativos previos al despegue.
Durante la misión, su principal cometido será probar en vuelo todos los sistemas de la nave Orión con presencia humana: comunicaciones, soporte vital, comportamiento en microgravedad, maniobras de propulsión y capacidad de retorno seguro. No habrá alunizaje; el objetivo es validar que todo funciona con personas a bordo antes de acometer futuras misiones que sí intenten posarse sobre la superficie lunar.
Retrasos, fugas de helio y solución técnica
El plan inicial de la NASA pasaba por lanzar Artemis II en febrero, pero la agencia se vio obligada a dar marcha atrás cuando el cohete ya se encontraba en la plataforma. Los ingenieros detectaron un problema en el suministro de helio hacia el lanzador, un fallo que se suma a otras incidencias previas con fugas de hidrógeno líquido en el SLS.
Según explicó la agencia, la causa se localizó en un sello del sistema de desconexión rápida de la línea de helio, un mecanismo que conecta los sistemas de tierra con el cohete y que debe separarse con precisión en el momento del lanzamiento. Parte de esa junta se desplazaba de su posición y llegaba a bloquear el flujo de helio, afectando al correcto llenado de los tanques y obligando a detener las operaciones.
Los equipos técnicos retiraron la pieza sospechosa y la enviaron a laboratorio, donde, gracias a pruebas como radiografías industriales, pudieron reproducir el problema en condiciones controladas. A partir de ahí, diseñaron una modificación del montaje, reforzando otro de los sellos de manera que sea menos propenso a desplazarse y quedarse atascado en el paso de helio.
Con la solución ya implementada y validada en ensayos en tierra, el cohete y la cápsula regresaron al Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB, por sus siglas en inglés) para completar revisiones adicionales. Ahora está previsto que el conjunto Artemis II sea trasladado de nuevo a la rampa de lanzamiento el 19 de marzo, siempre que las comprobaciones finales no revelen nuevos inconvenientes.

Ensayos, combustible y riesgos asumidos
Uno de los cambios más llamativos en esta fase previa al vuelo es la decisión de la NASA de no repetir el ensayo general de combustible, la prueba conocida como «wet dress rehearsal» en la jerga espacial, en la que se cargan los tanques criogénicos y se ensaya una cuenta atrás casi completa.
Los responsables consideran que ya han obtenido la información necesaria gracias a los dos ensayos realizados en febrero, y recuerdan que cada ciclo de llenado y vaciado de los depósitos tiene un coste para la estructura del cohete. «Cada intento resta un poco de vida a los tanques», han subrayado, de modo que prefieren reservar esos ciclos para intentos reales de despegue.
Pese al optimismo moderado, nadie en la agencia oculta que se trata de un vuelo de prueba con riesgos significativos. Lori Glaze y otros expertos han insistido en que han hecho todo lo posible por reducirlos, pero reconocen que puede haber situaciones no deseadas a lo largo de la misión y que el sistema aún no ha alcanzado una cadencia de vuelos regular.
«No es el primer vuelo del programa, pero tampoco estamos en un ritmo operativo estable, por lo que el nivel de riesgo es mayor que en misiones que vuelan continuamente», admitió Glaze. Desde el equipo de gestión del programa, John Honeycutt recalcó que se están midiendo todos los parámetros técnicos «para no dejar nada a la imaginación», aunque recordó que no habrá motivo para relajarse hasta que la tripulación esté de vuelta en la Tierra.
El papel de Artemis II en el nuevo programa lunar
Artemis II es una pieza central dentro del programa Artemis, el plan de la NASA para devolver a seres humanos a la Luna y, a medio plazo, establecer una presencia sostenida en su superficie y en su órbita. Esta estrategia supone el relevo del histórico programa Apolo, pero con un enfoque más gradual, internacional y con un mayor uso de tecnologías comerciales.
Los retrasos acumulados en los últimos años han obligado a la agencia a reorganizar el calendario. Artemis III, que en su concepción original debía ser la misión de alunizaje, se ha redefinido como un vuelo de prueba adicional en órbita baja terrestre, orientado a ensayar nuevos sistemas, incluidos los módulos de aterrizaje contratados a empresas como SpaceX o Blue Origin y los trajes espaciales desarrollados por compañías como Axiom Space, donde participa el astronauta de origen español Michael López-Alegría.
El regreso efectivo de astronautas a la superficie lunar se traslada así a Artemis IV, misión que no despegará antes de 2028 según el cronograma actualizado. Hasta entonces, se sucederán vuelos progresivos para probar tecnologías, validar operaciones y coordinar la aportación de socios internacionales, entre ellos la ESA y varias agencias europeas, que suministran componentes clave como los módulos de servicio europeos de Orión.
Esta nueva carrera lunar se da además en un contexto geopolítico distinto: China ha anunciado su intención de enviar taikonautas a la Luna alrededor de 2030, apenas un par de años después del objetivo que se marca la NASA. Esa competencia, cada vez más visible, impulsa a Washington a intentar acelerar su hoja de ruta, pero sin perder de vista los requisitos de seguridad tras cada incidente técnico.

Con la vista puesta en esa primera semana de abril, la misión Artemis II se ha convertido en el termómetro del nuevo programa lunar estadounidense: un vuelo de prueba decisivo que debe demostrar que el cohete SLS, la nave Orión y toda la infraestructura asociada están a la altura antes de dar el salto definitivo al alunizaje. Si el despegue se produce en la fecha prevista y el viaje transcurre según lo planificado, Estados Unidos, Europa y sus socios darán un paso importante hacia el retorno a la Luna, mientras el mundo asiste, medio siglo después, al renacimiento de los vuelos tripulados más allá de la órbita terrestre.