Artemis II inicia su regreso a la Tierra tras un histórico sobrevuelo lunar

  • Artemis II comienza su viaje de vuelta tras rodear la Luna y alcanzar la mayor distancia de la Tierra lograda por una tripulación humana.
  • La nave Orión experimenta un "silencio de radio" de unos 40-41 minutos al pasar por la cara oculta, mientras los astronautas observan zonas nunca vistas en persona.
  • La misión combina observaciones científicas detalladas de la superficie lunar con la experiencia única de un eclipse solar total visto desde el espacio profundo.
  • El regreso servirá para validar tecnologías clave de cara a futuras misiones, incluida Artemis III, que pretende llevar de nuevo astronautas a la superficie lunar.

Nave Orión de Artemis II en regreso a la Tierra

La misión Artemis II, que despegó con éxito rumbo a la Luna, ha entrado oficialmente en su fase de retorno tras completar un sobrevuelo histórico de la Luna que ha llevado a sus cuatro tripulantes más lejos de lo que jamás había llegado ningún ser humano. Después de varios días en el espacio profundo, la cápsula Orión ya se encamina hacia la Tierra siguiendo una trayectoria cuidadosamente calculada que combina motores y gravedad.

Este inicio del regreso no es solo un trámite técnico: marca el cierre del primer viaje tripulado más allá de la órbita terrestre baja desde el programa Apolo y abre una nueva etapa en la exploración lunar. La misión no ha incluido alunizaje, pero ha servido para poner a prueba sistemas clave, obtener observaciones científicas de gran valor y demostrar que la humanidad vuelve a operar con seguridad en el entorno lunar.

Un punto de inflexión: del sobrevuelo lunar al camino de vuelta

Trayectoria de Artemis II alrededor de la Luna

El momento clave de la jornada se produjo cuando la nave terminó de bordear la Luna y ejecutó la maniobra que la coloca en trayectoria de retorno hacia nuestro planeta. Aprovechando la gravedad lunar, Orión ha redirigido su rumbo sin necesidad de complejas correcciones adicionales, siguiendo lo que se conoce como una trayectoria de retorno libre, un tipo de órbita heredada del programa Apolo y adaptada a la tecnología actual.

Esta trayectoria de retorno libre permite que incluso en caso de problemas con los motores, la nave tenga garantizado un camino de vuelta a casa gracias al juego de fuerzas gravitatorias entre la Tierra y la Luna. Es una decisión de diseño pensada para maximizar la seguridad de la tripulación, como la NASA detalla en su cobertura, y que, en este vuelo, ha permitido dedicar más tiempo a la observación científica en lugar de a maniobras complejas.

La fase culminante del sobrevuelo comenzó alrededor de las 20:45 hora peninsular española y se prolongó durante más de seis horas y media. Durante ese tiempo, Orión rodeó completamente el satélite, alcanzando un punto mínimo de unos 6.545 kilómetros sobre la superficie lunar, el acercamiento más estrecho de toda la misión.

Justo después de ese punto de máxima proximidad, la nave fue ganando altura y, dos minutos más tarde, estableció un nuevo récord de distancia respecto a la Tierra: 406.771 kilómetros, superando la marca de la Apolo 13. Esta cifra convierte a Artemis II en la misión tripulada que más lejos ha viajado de nuestro planeta.

El «silencio de radio» en la cara oculta de la Luna

Cara oculta de la Luna vista desde Orión

Una de las escenas más simbólicas del vuelo fue la pérdida de comunicación con la Tierra durante unos 40-41 minutos, cuando Orión se internó por completo en la cara oculta de la Luna. A las 0:44, hora peninsular española, la señal se cortó tal y como estaba previsto, dando paso a un periodo de aislamiento absoluto para la tripulación.

Este llamado «silencio de radio» no se considera un fallo ni un incidente, sino una consecuencia inevitable de viajar hasta el otro lado de la Luna. El satélite actúa como un enorme bloque de roca de casi 3.500 kilómetros de diámetro que bloquea por completo las ondas de radio entre la cápsula y las antenas terrestres. Ya había ocurrido en las misiones Apolo, pero en esta ocasión ha coincidido con un despliegue de observaciones científicas sin precedentes.

Minutos antes de perder la señal, los astronautas se despidieron con un mensaje que resume bien la dimensión humana de la misión. “Os queremos, desde la Luna”, transmitió Victor Glover poco antes de que se cortara la comunicación. Desde el centro de control en Houston respondieron con el ya clásico “Os vemos al otro lado”, una frase que remite directamente a la tradición de los vuelos lunares de finales de los sesenta.

Durante esos 40 minutos de desconexión, los cuatro tripulantes tuvieron ante sus ojos únicamente la cara oculta del satélite, una región que nunca es visible desde la Tierra debido a la rotación sincrónica de la Luna. Allí pudieron observar cráteres, cordilleras y estructuras geológicas en tres dimensiones, con un tamaño aparente tan grande como “un balón de baloncesto” sostenido a brazo extendido, según describieron desde la propia nave.

A la 1:25, siempre en horario de la España peninsular, se recuperó la señal. Las imágenes en directo mostraron una estampa inédita: una pequeña Tierra asomando por detrás de una Luna enorme, ambas con forma de crescentes. Esta “salida de la Tierra” desde la cara oculta se ha convertido en uno de los iconos visuales de Artemis II.

Récords históricos y una tripulación diversa

Con esta misión, la NASA ha roto varias marcas a la vez. En primer lugar, Artemis II supone el regreso de la humanidad a la órbita lunar tras más de medio siglo sin presencia humana en ese entorno, desde el Apolo 17 en 1972. Ninguna tripulación había vuelto a acercarse tanto a la Luna desde entonces.

La nave Orión, con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo, ha logrado situarse a 406.771 kilómetros de la Tierra, superando el récord histórico de distancia que ostentaba la Apolo 13 desde 1970. La cápsula ya había batido esa marca en la misión Artemis I de 2022, aunque en aquella ocasión volaba sin tripulación.

Además, la composición del equipo refleja un cambio de época. Por primera vez, una mujer, un astronauta afroamericano y un canadiense forman parte de un viaje tripulado más allá de la órbita terrestre baja. Christina Koch se ha convertido en la primera mujer en alcanzar la órbita lunar; Victor Glover, en el primer astronauta negro que lo hace; y Jeremy Hansen, en el primer astronauta extranjero que participa en una misión lunar de la NASA.

Hasta ahora, solo 24 personas habían visto la Luna de cerca con sus propios ojos, todos hombres, estadounidenses y blancos, pertenecientes a las misiones Apolo entre 1968 y 1972. Los cuatro integrantes de Artemis II amplían ese reducido club y ponen sobre la mesa el carácter más internacional y diverso del nuevo programa lunar.

Durante el vuelo, la tripulación ha querido rendir homenaje a quienes abrieron el camino. El canadiense Jeremy Hansen explicó que su intención es que estos nuevos récords sean superados pronto por futuras generaciones de astronautas, animando a mantener la exploración como un esfuerzo continuado y no como un logro aislado.

Observación científica desde la órbita lunar

Más allá de los hitos simbólicos, Artemis II ha estado claramente orientada a la ciencia. La tripulación ha dedicado buena parte de la fase de sobrevuelo a observar y fotografiar la superficie lunar, especialmente en la cara oculta, siguiendo un plan de trabajo preparado por el equipo científico de la misión.

Durante unas siete horas de observación intensa, los astronautas se centraron en 35 puntos de interés seleccionados previamente. Trabajaron por turnos de dos en dos: mientras uno tomaba imágenes, el otro describía lo que veía con el máximo detalle posible, desde el color del terreno hasta la textura y la inclinación de las sombras. El resto de la tripulación se encargaba de preparar el siguiente bloque de trabajo y mantener el enlace con Houston cuando la comunicación estaba disponible.

Uno de los objetivos prioritarios fue el Mare Orientale, una enorme cuenca de impacto situada entre la cara visible y la oculta de la Luna. Esta estructura, de unos 930 kilómetros de diámetro, se ve desde la Tierra como un “ojo de buey”, pero nunca había podido ser observada en su conjunto por una tripulación humana. Los vuelos Apolo, más bajos y con otras condiciones de iluminación, solo permitieron ver fragmentos dispersos.

La observación directa permitió a los astronautas identificar variaciones de color más allá del gris habitual. Describieron tonos verdes, marrones y azulados, matices que pueden ayudar a inferir la composición mineral de las rocas y su antigüedad. Según explican responsables científicos de la NASA, los ojos y el cerebro humanos detectan cambios sutiles de color y relieve que, a veces, pasan desapercibidos para las cámaras automáticas.

Mientras sobrevolaban la cara oculta, los tripulantes registraron también cráteres de impacto, antiguos flujos de lava, grietas y crestas superficiales que dan pistas sobre la evolución geológica de la Luna. Toda esa información, unida a los datos recogidos por sondas y orbitadores en las últimas décadas, contribuirá a perfilar mejor los futuros lugares de aterrizaje y las áreas con mayor interés para la exploración científica.

Un eclipse solar total visto desde el espacio profundo

Uno de los fenómenos más llamativos que ha vivido la tripulación tuvo lugar poco después de recuperar la comunicación con la Tierra. Gracias a la posición exacta de Orión en su órbita de retorno, los cuatro astronautas pudieron presenciar un eclipse solar total que no era visible desde ningún punto de la superficie terrestre.

El evento comenzó alrededor de las 2:35 (hora peninsular española), cuando el Sol empezó a quedar oculto detrás de la Luna. Tal y como se hace en cualquier eclipse observado desde la Tierra, la tripulación utilizó gafas especiales durante la fase de parcialidad. Pero en este caso el fenómeno fue más largo de lo habitual: la totalidad se prolongó cerca de una hora, con cifras que oscilan entre los 53 y los 57 minutos según los distintos partes de la misión.

Durante ese tiempo, la Luna apareció como un disco casi completamente oscuro, rodeado por la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol. Los astronautas aprovecharon esta alineación perfecta entre Orión, la Luna y el Sol para analizar en detalle la forma y el brillo de esa corona, así como posibles irregularidades asociadas a la actividad solar.

En la fase de oscuridad, la tripulación estuvo atenta a fenómenos poco frecuentes que solo pueden observarse cuando una parte de la superficie lunar no recibe luz directa. Informaron de varios destellos de luz, al menos seis, atribuidos a meteoritos impactando contra el suelo del satélite a gran velocidad, un tipo de suceso que interesa especialmente a los investigadores que estudian la tasa de impactos en la Luna.

El piloto de la nave, Victor Glover, describió la escena como una de las vistas más extrañas del viaje, con el brillo de la Tierra iluminando tenuemente la mayor parte de la Luna mientras el Sol quedaba oculto. Para los responsables del programa, este tipo de observaciones combinan la experiencia humana directa con la recogida de datos en condiciones que difícilmente podrían replicarse solo con sondas automáticas.

Imágenes icónicas y reacción desde la Tierra

Las imágenes tomadas durante el sobrevuelo lunar ya han empezado a circular en todo el mundo. La Casa Blanca ha difundido fotografías en las que se ve la Tierra desde la cara oculta de la Luna, así como una instantánea del eclipse solar observado desde el espacio. El mensaje que acompañaba a una de estas imágenes, “La humanidad desde el otro lado”, resume bien el simbolismo del momento.

Entre las secuencias más llamativas destacan la puesta y la salida de la Tierra desde el horizonte lunar, capturadas mientras Orión completaba su recorrido por detrás del satélite. Esas escenas han sido comparadas con las icónicas fotografías de la “Tierra alzándose” de la era Apolo, aunque ahora con una calidad de imagen muy superior y una perspectiva ligeramente distinta gracias a la órbita escogida.

Desde España y Europa se ha seguido con atención el desarrollo de esta fase de la misión, tanto por el interés científico como por el impacto tecnológico e industrial. Diversas empresas y centros de investigación europeos participan en la construcción y el soporte técnico de Orión y de otros elementos del programa Artemis, lo que convierte a la región en un socio relevante dentro de la nueva arquitectura lunar.

La misión también ha tenido su vertiente política y mediática. En una llamada retransmitida por la NASA, el presidente de Estados Unidos agradeció a la tripulación su papel pionero en el retorno humano a la Luna y subrayó la intención de convertir la presencia estadounidense en una presencia más estable en el satélite, más allá de simples visitas puntuales.

Al mismo tiempo, la NASA prepara ya la difusión ordenada de todos los datos de la misión. Se espera que las imágenes, el audio y los registros científicos del sobrevuelo estén disponibles para la comunidad investigadora en las próximas semanas, una vez completado el regreso y verificada la integridad de la información almacenada a bordo de la nave.

Un regreso exigente: amerizaje y validación de sistemas

El tramo final de Artemis II será tan delicado como espectacular. Tras varios días de viaje en dirección a la Tierra, está previsto que la cápsula Orión americe en el océano Pacífico, frente a la costa de California, al término de una misión de unos diez días de duración. Algunas estimaciones sitúan el punto de caída cerca de San Diego, donde equipos de recuperación militares y civiles ya están preparados.

Antes de tocar el agua, la nave deberá superar una de las fases más críticas del vuelo: la reentrada en la atmósfera terrestre. En ese momento, el escudo térmico tendrá que soportar temperaturas extremas generadas por la fricción con el aire a velocidades muy elevadas. Solo después de superar esa barrera se desplegará el sistema de paracaídas que frenará de forma progresiva la cápsula hasta el amerizaje.

Los ingenieros de la NASA subrayan que este regreso es fundamental para validar tecnologías que se utilizarán de forma rutinaria en las próximas misiones. Durante el trayecto de vuelta, se monitorizarán todos los sistemas de a bordo: propulsión, comunicaciones, soporte vital, gestión de energía y control térmico, entre otros. El objetivo es confirmar que no se han producido anomalías significativas y que el diseño responde a lo esperado.

La trayectoria actual implica varios días de vuelo relativamente tranquilos, en los que la tripulación continuará realizando comprobaciones, experimentos y tareas de mantenimiento, además de atender a comunicaciones con el equipo de tierra. De cara a próximas expediciones con alunizaje, esta experiencia servirá para ajustar procedimientos, tiempos de trabajo y protocolos de seguridad.

Una vez recuperada la cápsula tras el amerizaje, se procederá a un análisis detallado de la estructura, los materiales y los equipos internos. Este proceso de inspección será clave para entender cómo se han comportado el escudo térmico, el módulo de tripulación y las interfaces de comunicación en un entorno real de vuelo lunar, información que no puede replicarse al cien por cien en pruebas en tierra.

Puente hacia las próximas misiones lunares

Artemis II actúa como un peldaño imprescindible dentro de la estrategia más amplia de la NASA y sus socios internacionales, mientras la NASA trabaja para adelantar el lanzamiento y coordina los siguientes pasos hacia Artemis III. El éxito de este vuelo tripulado alrededor de la Luna es condición necesaria para avanzar hacia Artemis III, la misión que tiene como objetivo llevar de nuevo astronautas a la superficie del satélite.

Mientras que el programa Apolo se centró en una serie de alunizajes de corta duración, el planteamiento actual apuesta por una presencia más sostenida en el entorno lunar. Incluye la futura estación en órbita llamada Gateway, módulos de superficie, sistemas de logística y, a largo plazo, infraestructuras que permitan realizar estancias más prolongadas e incluso servir de trampolín hacia misiones a Marte.

En este contexto, lo que está haciendo ahora la tripulación de Artemis II —validar controles, estudiar la respuesta del cuerpo humano, experimentar operaciones prolongadas en el espacio profundo— se interpreta como un ensayo general de los viajes que vendrán después. Cada maniobra, cada observación y cada dato recogido durante esta misión se incorpora a un aprendizaje acumulativo que debe reducir riesgos en el futuro.

Europa, y España en particular, siguen con interés esta evolución, no solo por la fascinación que despierta la exploración espacial, sino porque una parte importante de la tecnología de Orión y de los sistemas asociados se desarrolla en territorio europeo gracias a acuerdos con la Agencia Espacial Europea (ESA). Esto refuerza el papel del continente en la exploración humana más allá de la órbita terrestre.

Con el inicio del regreso de Artemis II, queda claro que la frontera lunar ha dejado de ser un recuerdo del pasado para convertirse de nuevo en un escenario activo de exploración. El vuelo de Orión alrededor de la Luna, la experiencia de la tripulación durante el silencio de radio, las observaciones científicas en la cara oculta y el eclipse solar visto desde el espacio profundo configuran una misión que combina tecnología, ciencia y simbolismo a partes iguales, y que prepara el terreno para que las próximas generaciones de astronautas vuelvan no solo a pisar la Luna, sino a permanecer en ella durante más tiempo.

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