Artemis II despega con éxito rumbo a la Luna: así ha comenzado el nuevo gran viaje espacial

  • Artemis II ha despegado con éxito desde el Centro Espacial Kennedy y ya orbita la Tierra con cuatro astronautas a bordo de la nave Orion.
  • La misión, de unos diez días, realizará un sobrevuelo de la Luna sin alunizar, alcanzando más de 400.000 kilómetros de distancia.
  • El vuelo sirve para comprobar en condiciones reales los sistemas de soporte vital y el módulo de servicio europeo de Orion antes de futuras misiones con alunizaje.
  • Europa y la Agencia Espacial Europea tienen un papel clave en el programa, con el Módulo de Servicio Europeo y tecnología desarrollada también en España.

despegue de Artemis II

La madrugada del 2 de abril, a las 00:35 hora española, el cohete SLS de la NASA despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, marcando el inicio de la misión Artemis II. A bordo viajan cuatro astronautas que, si todo sale según lo previsto, completarán un viaje de unos diez días alrededor de la Luna y regresarán a la Tierra, en el primer vuelo tripulado hacia el entorno lunar en más de medio siglo.

El lanzamiento se produjo con apenas 11 minutos de retraso sobre el horario previsto, después de solventar a contrarreloj varios avisos técnicos. Con este despegue, la NASA y sus socios internacionales, entre ellos la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA), dan un paso decisivo para volver a enviar personas a la superficie lunar en las próximas misiones del programa Artemis.

Un despegue histórico tras minutos de máxima tensión

cohete Artemis II rumbo a la Luna

En los instantes previos al lanzamiento, la calma aparente en la plataforma 39B contrastaba con la tensión en las salas de control. Cuando el reloj se acercaba a T-00:10, la cuenta atrás se detuvo para realizar el chequeo final antes de entrar en la fase terminal. El director de lanzamiento, Charlie Blackwell-Thompson, pidió entonces la votación definitiva a cada responsable de área.

Uno a uno, los equipos de propulsión, navegación, sistemas eléctricos, comunicaciones y seguridad fueron respondiendo con un escueto pero crucial “GO” que autorizaba continuar. Ese sí colectivo, fruto de años de pruebas, simulaciones y retrasos, permitió reanudar el reloj y encaminó la misión hacia los últimos diez minutos previos al encendido de motores.

Las últimas horas no habían sido, precisamente, tranquilas. Aproximadamente dos horas antes del despegue, se detectó una anomalía en el Flight Termination System (FTS), el sistema encargado de destruir el cohete de forma controlada en caso de desviación grave de la trayectoria. La incidencia obligó a una revisión urgente de este auténtico “botón de emergencia” que protege a la población en caso de fallo catastrófico.

Ya dentro de la última hora, surgió un segundo problema: una lectura de temperatura fuera de rango en una de las baterías del sistema de aborto de lanzamiento (LAS), el cohete de escape que permitiría separar la cápsula de la punta del SLS si algo fuese mal en los primeros minutos de vuelo. Los ingenieros determinaron finalmente que se trataba de un fallo en los sensores, no en la batería, y mantuvieron el estatus de “Go”.

A pesar de estos sustos de última hora, los equipos de la NASA resolvieron las incidencias a tiempo, manteniendo abierta la ventana de lanzamiento. Selladas las escotillas de Orion, con los cuatro astronautas abrochados y los sistemas comprobados, el reloj volvió a correr. A las 00:35, la cuenta atrás llegó a su fin.

El rugido del SLS: 180 decibelios y ocho minutos críticos

Con el clásico conteo regresivo llegando al cero, los motores RS-25 del SLS se encendieron y, segundos después, hicieron lo mismo los dos enormes propulsores laterales de combustible sólido. El empuje combinado, superior a los 4 millones de kilos, levantó al cohete de casi 100 metros de altura del complejo 39B, en un despegue que superó los 180 decibelios en la plataforma, por encima del umbral de dolor humano.

En cuestión de segundos, el vehículo realizó el giro programado para colocarse en la trayectoria correcta, alcanzó velocidad supersónica en menos de un minuto y atravesó el punto de máxima presión aerodinámica, uno de los momentos más exigentes para la estructura. Desde la sala de control, se sucedían las confirmaciones de parámetros dentro de los márgenes previstos.

Pasados algo más de dos minutos, llegó el primer hito del ascenso: la separación de los dos propulsores sólidos laterales, responsables del mayor porcentaje de empuje inicial. Estas estructuras caen de forma controlada en el océano, en una zona previamente restringida a la navegación. Las imágenes mostraban ya a la Tierra curvándose bajo la trayectoria del cohete.

Poco después se desprendieron las carenas protectoras de la nave y el cohete de escape, ya innecesario una vez superada la fase más peligrosa del lanzamiento. La etapa central del SLS continuó quemando hidrógeno y oxígeno líquidos hasta completar aproximadamente ocho minutos de vuelo, momento en el que se produjo el apagado de motores principales y la separación de Orion.

Para entonces, la cápsula y su módulo de servicio se encontraban en una órbita segura alrededor de la Tierra. Uno de los momentos más silenciosos pero clave llegó justo después: el despliegue de los paneles solares de Orion, imprescindibles para generar la energía eléctrica que sustentará la misión durante los próximos días.

Artemis II: un viaje de diez días alrededor de la Luna

Artemis II es la segunda misión del programa Artemis y la primera con tripulación. Después del vuelo no tripulado de Artemis I en 2022, que sirvió para validar el rendimiento del SLS y de Orion sin personas a bordo, la NASA afronta ahora el paso decisivo: probar todos los sistemas de la nave en un entorno de espacio profundo con cuatro astronautas dentro.

La misión tiene una duración prevista de unos diez días y un recorrido aproximado de 1,1 millones de kilómetros. Tras varias órbitas iniciales alrededor de la Tierra, la etapa superior del cohete dará a Orion el impulso necesario para entrar en una órbita altamente elíptica. Durante esta fase, la tripulación y los equipos en tierra verificarán el comportamiento de los sistemas antes de autorizar el salto hacia la Luna.

Una vez completadas las comprobaciones, el Módulo de Servicio Europeo proporcionará el empuje definitivo para situar a Orion en una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna, una órbita que llevará a la nave a volar unos 7.500 kilómetros más allá del satélite natural y a pasar por su cara oculta. Allí, la propia masa de la Luna bloqueará durante un tiempo las comunicaciones con la Tierra.

Si no se producen cambios de plan, la tripulación alcanzará el punto más lejano de la misión a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, superando la distancia que recorrieron las misiones Apolo. Aunque en esta ocasión no se intentará el alunizaje, el sobrevuelo servirá para recabar datos, afinar la navegación y acumular experiencia de cara a Artemis III, que sí prevé posar astronautas sobre la superficie.

Tras rodear la Luna, la nave aprovechará la gravedad lunar y la trayectoria de retorno libre para encarar el viaje de vuelta. El itinerario está diseñado para que, incluso en caso de problemas de propulsión, Orion pueda regresar de forma pasiva al entorno terrestre.

Una tripulación de “primeras veces”

A bordo de Orion viajan Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Los tres primeros pertenecen a la NASA, mientras que Hansen forma parte de la Agencia Espacial Canadiense, lo que convierte a la misión en un esfuerzo claramente internacional.

Wiseman, comandante de la misión, es un veterano de la Marina estadounidense y antiguo ingeniero de vuelo en la Estación Espacial Internacional. A su lado, el piloto Victor Glover, también con experiencia previa en la EEI tras la misión SpaceX Crew-1, se convertirá en la primera persona afroamericana en viajar al entorno lunar si se completan todas las fases del vuelo.

Christina Koch, especialista de misión, será la primera mujer en volar hasta la órbita lunar. Koch ostenta el récord del vuelo espacial de mayor duración realizado por una mujer y ha participado en varias caminatas espaciales, incluida la primera totalmente femenina.

Completa el grupo el canadiense Jeremy Hansen, que será el primer astronauta no estadounidense en realizar una misión hacia la Luna. Su presencia refleja la participación de Canadá en el programa y el enfoque colaborativo con el que la NASA quiere abordar la exploración lunar y, en el futuro, marciana.

En los días previos al lanzamiento, los cuatro insistieron en que, aunque estos hitos personales puedan destacarse hoy, el objetivo a largo plazo es que viajar a la Luna deje de ser algo extraordinario y pase a considerarse parte habitual de la exploración humana del espacio.

El papel clave de Europa y del Módulo de Servicio Europeo

Detrás de Orion hay también una importante aportación europea. La mitad de la nave, incluido el Módulo de Servicio Europeo (ESM), ha sido desarrollada bajo liderazgo de la Agencia Espacial Europea. Esta sección, acoplada bajo la cápsula tripulada, es la responsable de proporcionar propulsión, energía y control térmico durante gran parte de la misión.

El ESM incorpora paneles solares desplegables que generan la electricidad necesaria para los sistemas de a bordo, tanques de agua potable y depósitos de oxígeno y nitrógeno que se utilizan para controlar la atmósfera de la cabina. Además, alberga los motores principales y de maniobra que permiten a Orion ajustar su órbita, realizar correcciones de trayectoria y ejecutar las maniobras críticas en el entorno lunar.

Europa, y en particular varios países de la Unión Europea, han aportado también tecnología y componentes para los sistemas de soporte vital, incluyendo unidades con sello español asociadas a la regulación de temperatura y al suministro de recursos básicos para la tripulación, y la misión lleva instrumentos como el microsatélite Atenea. Esta participación refuerza el papel de la ESA como socio de referencia en las grandes misiones tripuladas del futuro.

A diferencia del Transbordador Espacial, Orion es más compacta, pero está diseñada para salir de la órbita baja terrestre y operar durante semanas en el espacio profundo. Solo la cápsula donde viajan los astronautas regresará a la Tierra; el módulo de servicio europeo se desprenderá antes de la reentrada y se desintegrará en la atmósfera.

El interior habitable de Orion tiene un volumen de unos 9,34 metros cúbicos, aproximadamente el espacio de dos monovolúmenes. Es una mejora notable respecto al módulo de mando del Apolo, que ofrecía alrededor de 5,95 metros cúbicos para tres astronautas, lo que se traduce en algo más de comodidad y margen de maniobra para la actual tripulación.

Verificación de sistemas de soporte vital y vida a bordo

Al tratarse del primer vuelo tripulado de Orion más allá de la órbita terrestre, uno de los objetivos fundamentales de Artemis II es comprobar el comportamiento real de los sistemas de soporte vital en un entorno mucho más exigente que la órbita baja. Estos sistemas se encargarán de proporcionar aire respirable, eliminar dióxido de carbono, controlar la presión y gestionar la humedad a lo largo de toda la misión.

La nave debe además garantizar una temperatura adecuada en el interior, proteger a la tripulación frente a la radiación y permitir la gestión de residuos en condiciones de microgravedad. Para ello, incorpora un inodoro específicamente diseñado para vuelos de larga duración (Sistema de Gestión Universal de Residuos, UWMS) y una pequeña “cocina” que incluye calentador de alimentos y dispensador de agua caliente.

Durante los primeros días en órbita, los astronautas realizarán maniobras para probar la capacidad de pilotar Orion de manera manual, en particular las operaciones de proximidad y las correcciones de trayectoria utilizando los motores del Módulo de Servicio Europeo. Estas pruebas serán determinantes para las futuras misiones en las que será necesario acoplarse a otros vehículos o estaciones en el entorno lunar.

La NASA ha dejado claro que todas las decisiones se tomarán con tres prioridades en este orden: seguridad de la tripulación, seguridad del vehículo y cumplimiento de los objetivos de la misión. Durante las primeras 24 horas se evaluarán los datos con detalle antes de autorizar definitivamente el encendido que enviará a Orion rumbo a la Luna.

Si los sistemas se comportan como se espera, la experiencia de Artemis II servirá para ajustar procedimientos, validar tiempos de operación, perfeccionar protocolos de emergencia y, en definitiva, sentar las bases prácticas de las próximas misiones con alunizaje, en las que cada fallo potencial deberá haberse identificado y corregido previamente.

Reentrada, amerizaje y lo que viene después

Una vez completado el sobrevuelo lunar y encarado el retorno, la tripulación afrontará uno de los momentos más delicados del viaje: la reentrada a la atmósfera terrestre. Orion llegará a velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora, generando temperaturas en el escudo térmico de hasta unos 2.760 °C.

El correcto funcionamiento de ese escudo será absolutamente crítico para la supervivencia de los cuatro astronautas. Tras atravesar las capas más densas de la atmósfera y reducir drásticamente la velocidad, la cápsula desplegará una secuencia de paracaídas que la guiarán hasta un amerizaje en el océano Pacífico, donde un equipo conjunto de la NASA y del Departamento de Defensa se encargará de la recuperación.

Artemis II no solo supone un hito tecnológico, sino también un alivio para el propio programa. El conjunto Artemis y SLS acumula un presupuesto estimado de unos 93.000 millones de dólares desde 2012, con un coste superior a los 2.000 millones por lanzamiento. Cada retraso y cada incidencia suponen un impacto económico y político considerable, en un contexto en el que potencias como China avanzan con rapidez en su propio programa lunar.

Los planes actuales de la NASA contemplan un alunizaje con Artemis III y la consolidación de una presencia sostenible en la Luna en torno a finales de esta década, con la vista puesta en utilizar el satélite como plataforma para futuros viajes a Marte en la década de 2030. Como siempre en el espacio, las fechas están sujetas a cambios, pero el camino pasa inevitablemente por el éxito de Artemis II.

Mientras la nave Orion completa sus órbitas iniciales y se prepara para el impulso que la llevará hacia la Luna, cuatro personas viajan ahora mismo más lejos de lo que lo ha hecho nadie en más de 50 años. Su misión es comprobar que todo funciona como debe, demostrar que el sistema es seguro y abrir la puerta a una nueva etapa de exploración humana en la que la Luna dejará de ser un destino excepcional para convertirse, poco a poco, en un lugar al que volver con regularidad.

costes de ir a la luna
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