
La zona de Las Cañadas del Teide, en Tenerife, ha vuelto a situarse en el punto de mira de la vigilancia volcánica española tras un fin de semana marcado por un incremento de la sismicidad de baja magnitud. Los sensores distribuidos por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) han recogido decenas de microsismos que, pese a su número, no han sido perceptibles para la población.
De acuerdo con los informes oficiales, se trata de una actividad sismovolcánica inusual pero de baja intensidad, que da continuidad al episodio iniciado en febrero bajo la isla de Tenerife. Los especialistas subrayan que este comportamiento entra dentro de los escenarios previstos para un sistema volcánico activo como el del Teide y que, por ahora, no implica cambios en el nivel de riesgo para la ciudadanía.
84 terremotos detectados y 59 localizados en Las Cañadas
Durante el último fin de semana, el Instituto Geográfico Nacional ha contabilizado 84 eventos sísmicos en la parte occidental de Las Cañadas del Teide. De todos ellos, los equipos de análisis han podido localizar con precisión 59 terremotos, gracias al sistema automático de detección y al posterior tratamiento manual de los datos.
Las señales registradas presentan magnitudes inferiores a 1,8 mbLg, es decir, se sitúan en el rango de los microsismos, imposibles de notar sin instrumentación avanzada. Por este motivo, no se han recibido avisos de población que haya percibido temblores asociados a esta actividad, algo coherente con los valores de energía liberada.
En cuanto a la localización en profundidad, los focos sísmicos se encuentran entre los 8 y los 21 kilómetros bajo la superficie. Este intervalo es muy similar al observado en semanas anteriores, lo que indica que el proceso continúa desarrollándose en niveles intermedios de la corteza y no en zonas muy someras donde la vigilancia se volvería todavía más estrecha.
El propio IGN puntualiza que, debido a la debilidad de muchas de las señales, los valores publicados por ahora tienen carácter provisional. Una revisión más detallada, con métodos de análisis más finos, podría elevar el número de eventos interactuados y ajustar ligeramente el rango de magnitudes, sin que ello suponga cambios relevantes para la interpretación general del fenómeno.
Las cifras difundidas se encuadran en el seguimiento continuo del episodio que comenzó en febrero, y se interpretan como una prolongación de la misma fase sismovolcánica, donde predominan los registros débiles y dispersos en el tiempo.
Pulsos de baja frecuencia concentrados en el fin de semana
Dentro del conjunto de eventos detectados, los especialistas destacan dos pulsos bien definidos de actividad sísmica durante el fin de semana. Estos pulsos se caracterizan por eventos de baja frecuencia (conocidos como LP) acompañados por decenas de fenómenos híbridos que se intercalan con ellos.
El primer intervalo de mayor actividad tuvo lugar en la madrugada del sábado, aproximadamente entre la 1:30 y las 5:30 horas. En ese tramo se concentró un número significativo de señales de baja frecuencia bajo la zona de Las Cañadas del Teide.
El segundo pulso se registró durante la mañana del domingo, entre las 7:30 y las 10:30 horas, siguiendo un patrón similar: predominio de sismos LP y eventos híbridos, todos ellos de carácter débil y a profundidades comprendidas entre los 8 y los 21 kilómetros.
Los técnicos del IGN señalan que, pese a haberse detectado decenas de eventos de este tipo, las señales no muestran periodicidad clara ni rasgos comunes suficientes como para clasificarlas como enjambres sísmicos repetitivos. Es decir, se trata de episodios puntuales, concentrados en el tiempo, pero sin la organización típica de un enjambre asociado a un proceso eruptivo inminente.
Esta forma de comportamiento, con pulsos alternos de actividad y pausas, encaja con un escenario de reactivación moderada del sistema sismovolcánico bajo la isla, en el que pueden darse variaciones de intensidad de una semana a otra sin que eso signifique necesariamente un empeoramiento del nivel de amenaza.
Actividad sismovolcánica inusual pero más débil que días atrás

El episodio actual forma parte de la actividad sismovolcánica inusual bajo Tenerife que comenzó en febrero de 2026. Desde entonces, la isla se mantiene bajo una vigilancia reforzada por parte de los organismos científicos, que han ido informando de fluctuaciones en la intensidad de los registros.
Los datos de estos últimos días indican que la sismicidad se mantiene, pero a un nivel más débil que la semana anterior. Es decir, el número de eventos y la energía liberada son algo menores, aunque la situación sigue siendo objeto de seguimiento diario para detectar cualquier cambio significativo.
En el intervalo comprendido aproximadamente entre el 13 y el 16 de marzo, los sistemas automáticos han identificado decenas de eventos híbridos y pulsos de baja frecuencia centrados sobre todo en Las Cañadas del Teide. Estos registros completan el mapa de actividad que los científicos utilizan para modelizar el comportamiento del sistema volcánico en el subsuelo de la isla.
Los terremotos detectados se consideran microsismos por su escasa magnitud, reforzando la idea de que nos encontramos ante un episodio que, aunque anómalo en comparación con otros periodos de calma, se desarrolla en un rango energético moderado. Hasta el momento no se han observado señales que apunten a un cambio brusco en la dinámica interna que pudiera reflejar un ascenso rápido del magma hacia la superficie.
El IGN recuerda que los valores de magnitud facilitados, todos ellos inferiores a 1,8 mbLg, encajan dentro de los niveles que se consideran habituales en muchas áreas volcánicas activas, especialmente cuando se atraviesan fases de reorganización interna del sistema.
Sin indicios de aumento del riesgo de erupción a corto o medio plazo
Uno de los mensajes en los que el IGN ha sido más claro es que esta actividad sísmica no implica un incremento del peligro de erupción en el corto o medio plazo, es decir, en semanas o meses. Los eventos LP e híbridos registrados forman parte de la dinámica interna del sistema volcánico, pero no muestran por ahora patrones compatibles con una erupción inminente.
Los expertos explican que, para considerar que el riesgo eruptivo está aumentando de manera significativa, sería necesario observar cambios simultáneos en distintos parámetros: un incremento sostenido de la sismicidad, modificaciones notables en la deformación del terreno, variaciones en la composición de los gases volcánicos y alteraciones térmicas, entre otros indicadores.
En la situación actual, las observaciones se reducen principalmente a pulsos de microsismos de baja frecuencia a cierta profundidad, sin acompañarse de deformaciones anómalas ni de señales geoquímicas que apunten a una intrusión magmática superficial. Esto permite a los responsables de la vigilancia mantener los niveles de alerta en un estadio informativo, sin necesidad de activar medidas extraordinarias.
Aun así, el organismo insiste en la importancia de continuar monitorizando la zona de forma constante, puesto que los sistemas volcánicos pueden mostrar cambios en su comportamiento en periodos relativamente cortos. La experiencia en otras regiones volcánicas de Europa y del mundo demuestra que la detección temprana de cualquier variación es clave para poder anticipar posibles escenarios de riesgo.
De momento, las autoridades recomiendan a la población mantenerse informada a través de canales oficiales y fuentes científicas, evitando rumores o interpretaciones alarmistas que no se correspondan con los datos disponibles.
Red de más de 100 estaciones para vigilar el Teide en tiempo real
Como responsable de la vigilancia volcánica en todo el territorio español, el IGN cuenta en Tenerife con una infraestructura técnica especialmente densa. En la isla está desplegada una red de más de 100 estaciones, equipos y puntos de muestreo fijos que permiten controlar de forma continua la actividad del sistema del Teide y su entorno.
Estas estaciones registran parámetros como la sismicidad, las deformaciones del terreno y la geoquímica, incluyendo mediciones de gases y otros indicadores relacionados con la dinámica volcánica. La información se transmite en tiempo real a los centros de análisis, donde los técnicos pueden valorar rápidamente cualquier anomalía que pudiera sugerir un cambio en el nivel de peligro.
La combinación de esta red instrumental con los modelos científicos disponibles hace posible llevar a cabo un seguimiento exhaustivo en tiempo real de lo que ocurre bajo la isla. De este modo, cualquier variación significativa en el comportamiento del sistema podría ser identificada con rapidez, permitiendo a las autoridades activar protocolos de protección civil si fuera necesario.
España se sitúa así en la línea de otros países europeos con sistemas volcánicos activos, donde la inversión en redes de observación densas y tecnológicamente avanzadas se considera fundamental para reducir la vulnerabilidad frente a posibles erupciones. En el caso de Tenerife, esta capacidad de vigilancia resulta especialmente relevante, dado el peso turístico y demográfico de la isla dentro del conjunto del archipiélago.
En estos momentos, toda la información recabada por la red de estaciones refuerza la idea de que el episodio actual responde a una fase de ajuste interno del sistema volcánico, sin señales que obliguen a modificar los niveles de alerta ni las recomendaciones generales a la población.
Con el balance de los últimos días sobre la mesa, el panorama que dibujan los científicos es el de una actividad sismovolcánica persistente pero moderada bajo Las Cañadas del Teide: 84 eventos detectados, 59 terremotos localizados, magnitudes por debajo de 1,8 mbLg y focos entre 8 y 21 kilómetros de profundidad, concentrados en dos pulsos de baja frecuencia. Todo ello, bajo la supervisión de una red de más de 100 estaciones que confirma que, pese a la anomalía respecto a periodos de calma, no hay indicios de un aumento del riesgo de erupción a corto o medio plazo y que la situación continúa encuadrada dentro de los escenarios previstos para un volcán activo como el Teide.


