Actividad reciente y emisión de ceniza del volcán Puracé mantiene la alerta

  • El volcán Puracé continúa en alerta Naranja por su intensa actividad sísmica y la emisión recurrente de ceniza.
  • Se han registrado múltiples columnas de ceniza de hasta 1.000 metros, generando avisos a la Aeronáutica Civil por riesgo para la navegación aérea.
  • Los monitoreos muestran valores importantes de dióxido de azufre (SO₂), dispersado a cientos de kilómetros y acompañado de aumento de temperatura en el cráter.
  • Las autoridades insisten en no acercarse al cráter ni a sus alrededores y seguir exclusivamente los boletines oficiales del SGC y los organismos de gestión del riesgo.

emisión de ceniza del Volcán Puracé

El volcán Puracé, en la cadena volcánica Los Coconucos (Cauca, Colombia), atraviesa un periodo de marcada inestabilidad que se refleja en la emisión de ceniza del Volcán Puracé y en una intensa actividad sísmica interna. Los últimos boletines del Servicio Geológico Colombiano (SGC) coinciden en que la dinámica eruptiva del sistema se mantiene activa y sin señales claras de retorno a la normalidad.

Esta situación ha llevado a las autoridades a conservar el estado de alerta Naranja, que implica un escenario de alta inestabilidad, con posibles variaciones bruscas en la actividad. Aunque algunos días se perciba un ligero descenso en la intensidad de los fenómenos, los especialistas insisten en que el Puracé sigue lejos de un comportamiento estable.

Emisiones de ceniza: columnas de hasta 1.000 metros y riesgo para la aviación

columna de ceniza del Volcán Puracé

En los últimos días se han documentado varios episodios de emisión de ceniza desde el cráter del Puracé, algunos de ellos de especial relevancia por la altura alcanzada y por su impacto potencial sobre la navegación aérea. Los informes técnicos hablan de diferentes eventos en los que se han contado entre cuatro y diez expulsiones de ceniza en un solo periodo de observación.

Entre los episodios más destacados figura una columna registrada alrededor de las 11:39 de la mañana de un sábado reciente, que se elevó más de 700 metros por encima de la cima del volcán. En otros momentos, como en un evento sucedido hacia las 6:01 de la mañana de otra jornada, la pluma de ceniza llegó a alcanzar aproximadamente 1.000 metros de altura, lo que obligó a emitir avisos especiales para las autoridades aeronáuticas.

Estas emisiones no solo suponen un riesgo directo para las rutas aéreas cercanas, por la abrasión que la ceniza puede causar en motores y fuselajes, sino que también afectan a las poblaciones ubicadas bajo la trayectoria de la nube. La dirección predominante de los vientos ha sido clave: se han registrado dispersiones preferenciales hacia el nororiente, oriente, suroriente e incluso suroeste, dependiendo del día y del régimen de vientos en altura.

En varios boletines se menciona que cada pulso de tremor volcánico, es decir, la vibración continua generada por el movimiento de fluidos, ha ido acompañado de la salida de ceniza. Esta combinación de sismicidad y expulsión de material fino ha motivado la activación de alertas preventivas para la Aeronáutica Civil, que ajusta sus procedimientos de vigilancia y rutas según la información emitida por el SGC.

Para las comunidades cercanas, muchas de las cuales no habían presenciado emisiones de ceniza en décadas, la presencia visible de columnas grises sobre el cráter ha sido motivo de inquietud. Los registros históricos indican que no se veía un comportamiento similar desde hace 48 años, con las últimas emisiones documentadas en torno a 1977, lo que da una idea de la relevancia del episodio actual.

Sismicidad interna, tremor continuo y fracturamiento de roca

La actividad eruptiva del Puracé está íntimamente ligada a la dinámica interna de los fluidos (gases, vapor y otros componentes) en el sistema volcánico. Los aparatos del SGC han detectado, de forma sostenida, sismos de tipo Largo Periodo (LP) y episodios de tremor (TR), así como un tremor continuo que se prolonga en el tiempo, signo claro de que el interior del edificio volcánico se encuentra en plena agitación.

La mayoría de estos eventos sísmicos se localizan bajo el cráter principal del Puracé, con profundidades que oscilan entre 1 y 3 kilómetros. El patrón observado sugiere el paso de fluidos presurizados a través de fracturas y conductos internos, lo que a su vez favorece la salida de gases y ceniza a la superficie.

Junto a la sismicidad asociada al movimiento de fluidos, los especialistas también han identificado señales de fracturamiento de roca de baja magnitud, tanto bajo el cráter como en los flancos oriental y suroccidental del volcán. Estas roturas en el interior del macizo son normales en contextos de presión elevada, pero confirman que el sistema sigue ajustándose y que la estructura volcánica está sometida a un esfuerzo constante.

Este “zumbido” interno, conocido como tremor volcánico, no se percibe como un temblor puntual, sino como una vibración sostenida que evidencia circulación de gases y fluidos en las entrañas del volcán. Su persistencia en el tiempo es uno de los factores que respalda la decisión de mantener la alerta Naranja, ya que indica que la actividad está muy lejos de apagarse.

Los informes subrayan que, incluso cuando los registros muestran pequeños descensos temporales en el número de eventos sísmicos o en la energía liberada, no puede interpretarse como un retorno inmediato a la calma. Para considerar un cambio de tendencia sólido, el SGC exige un periodo prolongado de observación en el que todos los parámetros —sismicidad, gases, deformación y temperatura— se mantengan dentro de rangos claramente más bajos y estables.

Gases volcánicos, dióxido de azufre y olores a azufre en el entorno

Otra pieza fundamental en la vigilancia del Puracé es el monitoreo de gases volcánicos, en particular del dióxido de azufre (SO₂). Los satélites y equipos de medición en tierra han detectado valores importantes de este gas, con variaciones en la dirección y el alcance de la pluma según las condiciones atmosféricas de cada jornada.

En los periodos más recientes, se han reportado dispersiones de SO₂ que han alcanzado radios de entre 150 y 300 kilómetros desde el cráter. En algunos casos, la pluma se ha extendido preferentemente hacia el nororiente; en otros, hacia el suroeste, duplicando incluso la distancia recorrida respecto a días anteriores. Este comportamiento refuerza la idea de una emisión sostenida y vigorosa.

Sobre el terreno, los habitantes de veredas cercanas, como la vereda Chapío (municipio de Puracé), han notado con claridad la presencia de fuertes olores a azufre. Estas percepciones coinciden con las mediciones que muestran un incremento en la temperatura de la zona del cráter, posiblemente asociado a la expulsión de gases calientes procedentes del interior del sistema volcánico.

El SGC puntualiza que, si bien la cantidad de dióxido de azufre podría situarse en el rango de valores observados en semanas previas en determinados momentos, el conjunto de la información —incluida la dispersión a gran distancia— confirma que la actividad gaseosa sigue siendo significativa. Esta liberación continua de gases es uno de los marcadores más claros de que existe un aporte energético constante desde las profundidades.

El seguimiento de estos gases no solo permite evaluar la intensidad del proceso eruptivo, sino también valorar los posibles impactos sobre la calidad del aire en áreas potencialmente afectadas. Aunque la mayor parte de la atención está puesta en el entorno inmediato del Puracé y en el departamento del Cauca, la dispersión a cientos de kilómetros demuestra que la pluma de SO₂ puede alcanzar zonas alejadas, algo relevante también para los sistemas de vigilancia atmosférica de otros países y, por extensión, para el ámbito europeo, que acostumbra a monitorizar este tipo de episodios globales por su influencia en la aviación y la meteorología.

Alerta Naranja: qué implica y por qué no se pasa aún a alerta Amarilla

Desde finales de noviembre, y reforzado por los episodios más recientes de ceniza y gases, el volcán Puracé permanece oficialmente en estado de alerta Naranja. Esta categoría indica un nivel de inestabilidad considerable, con posibilidad de incrementos súbitos de la actividad y de nuevas emisiones de material volcánico.

El SGC ha recordado en varias ocasiones que la alerta Naranja admite fluctuaciones temporales en los niveles de actividad. En otras palabras, puede haber días con aparente alivio, menos sismos o columnas de ceniza más bajas, pero eso no significa que el sistema se esté apagando. Para regresar a alerta Amarilla es necesario un periodo de tiempo prudencial en el que se observen tendencias claras de descenso simultáneo en todos los parámetros monitorizados.

Entre estos parámetros se incluyen la cantidad y tipo de sismos, la presencia o ausencia de tremor continuo, la evolución en la emisión de dióxido de azufre, la deformación del edificio volcánico y los cambios de temperatura en el cráter y sus alrededores. Sólo cuando el conjunto de datos muestre una estabilidad suficientemente prolongada, los expertos considerarán una reducción en el nivel de alerta.

Mientras tanto, la recomendación oficial es mantener un alto nivel de precaución en el área de influencia del volcán. La experiencia de otros sistemas eruptivos en América Latina y en diferentes regiones del mundo, incluida Europa, ha demostrado que pasar demasiado rápido a un estado de calma aparente puede ser engañoso si persiste un aporte de magma o gases en profundidad.

En este contexto, la alerta Naranja del Puracé sirve también como referencia para otras redes de observatorios vulcanológicos, incluidas las que operan en territorio europeo, acostumbradas a comparar comportamientos, patrones de tremor y niveles de emisión de gases para afinar modelos de pronóstico y protocolos de seguridad en volcanes activos de Canarias, Italia, Islandia o Grecia.

Impacto en la población local y recomendaciones de las autoridades

El repunte de actividad del Puracé ha generado preocupación entre las comunidades indígenas y campesinas que viven en su entorno, muchas de las cuales no habían sido testigo directo de una emisión de ceniza en casi medio siglo. El hecho de ver nuevamente el cielo cubierto por columnas grises y de percibir olores intensos a azufre ha provocado una mezcla de inquietud, respeto y curiosidad hacia el volcán.

Ante este escenario, el Servicio Geológico Colombiano, junto a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y a las autoridades locales y departamentales, ha reiterado una serie de recomendaciones básicas. La principal, repetida en todos los comunicados, es clara: no acercarse al cráter del volcán ni a sus alrededores inmediatos, precisamente las zonas con mayor exposición a posibles explosiones súbitas, caída de ceniza y gases concentrados.

Además, se insiste en la importancia de informarse sólo a través de canales oficiales, como los boletines extraordinarios del SGC, las páginas web institucionales y las comunicaciones de los organismos de gestión del riesgo. En un contexto de alta sensibilidad social, evitar rumores y datos sin contrastar es clave para no generar pánico injustificado ni, en el extremo contrario, una falsa sensación de seguridad.

Las recomendaciones se extienden también a la planificación de actividades al aire libre en los municipios cercanos, así como a la preparación de medidas sencillas de autoprotección en caso de caída de ceniza, como proteger ojos y vías respiratorias, y resguardar depósitos de agua y sistemas de captación. Aunque estos consejos se dirigen sobre todo a la población colombiana, los protocolos son muy similares a los que se aplican en otros países con volcanes activos, tanto en América como en Europa.

En paralelo, las autoridades de transporte y aviación civil mantienen una coordinación constante con el SGC para ajustar rutas, altitudes de vuelo y procedimientos de seguridad cuando se detectan columnas de ceniza significativas. Este tipo de coordinación, ya habitual en episodios volcánicos en Islandia o en el Mediterráneo, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de compartir información en tiempo real entre los servicios geológicos y los sistemas de control aéreo a escala internacional.

La situación actual del Puracé refleja un volcán en plena actividad, con emisiones frecuentes de ceniza, liberación sostenida de gases y una sismicidad interna compleja. Aunque por ahora el escenario se mantiene dentro de lo esperado para un estado de alerta Naranja, la combinación de tremor continuo, columnas de hasta 1.000 metros y valores importantes de dióxido de azufre obliga a no bajar la guardia. La vigilancia permanente, el seguimiento técnico detallado y el respeto a las indicaciones oficiales siguen siendo las mejores herramientas para convivir con este episodio eruptivo y reducir al mínimo los riesgos para la población y las infraestructuras, tanto en la región andina como en el sistema de aviación internacional que, desde Europa hasta América, permanece atento a la evolución de esta emisión de ceniza del volcán Puracé.

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