
La posible edad extrema del cometa interestelar 3I/ATLAS está obligando a los astrónomos a cambiar por completo la escala mental con la que miran a estos objetos. Este visitante, procedente de otro sistema estelar y detectado en 2025, podría haberse formado cuando la Vía Láctea apenas empezaba a tomar forma, lo que lo convertiría en uno de los cuerpos más antiguos que hemos observado nunca.
Lejos de ser un simple punto de luz, 3I/ATLAS se ha revelado como una auténtica cápsula del tiempo cósmica: su composición química, su velocidad y su comportamiento al pasar cerca del Sol ofrecen pistas directas sobre cómo se construyeron los primeros sistemas planetarios de la galaxia. En Europa, la participación de la ESA, el centro NEOCC de Frascati y la misión Juice ha sido clave para exprimir al máximo este fugaz encuentro.
Un visitante interestelar descubierto en 2025
3I/ATLAS fue identificado el 1 de julio de 2025 dentro de la red de vigilancia ATLAS, un sistema concebido para localizar objetos en movimiento que puedan acercarse a la Tierra. Con las primeras observaciones se comprobó que su órbita no encajaba con la de un cometa típico del Sistema Solar: se trataba del tercer objeto interestelar conocido, tras ‘Oumuamua y 2I/Borisov.
Las imágenes posteriores confirmaron que no estábamos ante una roca inerte. 3I/ATLAS exhibe una coma bien definida y colas activas, señal inequívoca de que el Sol está calentando y sublimando su hielo. Esa actividad, lejos de ser un simple detalle estético, permite a los científicos analizar sus gases con mucha más precisión y, de paso, reconstruir mejor su historia. Imágenes y capturas posteriores han ayudado a perfilar esa actividad.
Desde el primer momento llamó la atención su velocidad respecto al Sol, cercana a los 58 km/s. Esta cifra, muy alta incluso para un objeto interestelar, ya apuntaba a un pasado largo y agitado, marcado por incontables encuentros gravitatorios con estrellas y planetas en distintas zonas de la galaxia.
Frente a otros visitantes de paso, 3I/ATLAS ha sido observado por telescopios terrestres, espaciales y por una sonda en ruta a Júpiter, lo que lo convierte en uno de los objetos interestelares mejor monitorizados hasta la fecha. Esta combinación de datos ha permitido pasar de simples conjeturas sobre su origen a estimaciones bastante detalladas de su antigüedad. Entre las observaciones destacadas están las capturas tomadas por Juice durante el paso.
Cómo se calcula la edad de un cometa interestelar
La gran pregunta que se hacen los investigadores es cuántos años tiene realmente 3I/ATLAS. Las primeras aproximaciones se basaron en su movimiento: si un objeto viaja muy rápido por el espacio interestelar, se asume que ha sufrido numerosas interacciones gravitatorias que lo han ido acelerando con el tiempo.
Aplicando ese razonamiento, los astrónomos Aster G. Taylor y Darryl Z. Seligman estimaron una «edad cinemática» de entre 3.000 y 11.000 millones de años. El rango era amplio y con bastante incertidumbre, pero ya situaba al cometa como un candidato claro a reliquia de la Vía Láctea temprana.
Para afinar estas cifras, un equipo liderado por Martin Cordiner en el Centro Goddard de Vuelo Espacial de la NASA recurrió a una técnica muy distinta: leer en detalle la firma isotópica de los gases del cometa. En vez de fijarse solo en cómo se mueve, estudiaron de qué está hecho y qué proporciones de ciertos isótopos contiene. Este enfoque queda recogido en análisis y comunicados recientes sobre los datos del cometa. Informes con nuevos datos han explicado parte de esta metodología.
La huella isotópica que delata un origen muy antiguo
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Cordiner utilizó el espectrómetro de infrarrojo cercano NIRSpec del Telescopio Espacial James Webb, una colaboración entre NASA, ESA y la Agencia Espacial Canadiense. La clave estaba en descomponer la luz infrarroja procedente de la coma del cometa y medir con precisión qué isótopos están presentes. Estudios divulgativos y técnicos han detallado estas observaciones y su importancia.
Los resultados mostraron que 3I/ATLAS contiene mucho más carbono-12 que carbono-13 en moléculas como el monóxido de carbono (CO) y el dióxido de carbono (CO2). Las relaciones 12C/13C, con valores que van aproximadamente de 141 a 191 en CO2 y de 123 a 172 en CO, se salen claramente de lo típico para cometas y cuerpos del entorno solar. Estos hallazgos conectan con reportajes sobre la liberación de compuestos orgánicos detectados en el paso del cometa. Análisis de compuestos orgánicos
Al mismo tiempo, el agua del cometa presenta un enriquecimiento muy elevado en deuterio (D/H de alrededor del 0,95 %), más de un orden de magnitud por encima de lo que se observa en cometas formados cerca del Sol. Esta combinación apunta a que el hielo de 3I/ATLAS se originó en un entorno muy frío (en torno a 30 K o menos) y pobre en metales, característico de las etapas tempranas de la galaxia. Estudios sobre estructuras heladas y posibles volcanes de hielo en el cometa han explorado escenarios similares. Investigaciones sobre hielo y actividad
Cuando se comparan estas proporciones isotópicas con modelos de evolución química galáctica, encajan mejor con un escenario en el que el material del cometa se condensó hace entre 10.000 y 12.000 millones de años, tras un periodo temprano de intensa formación estelar. Es decir, estamos viendo hielo y compuestos de carbono que se formaron cuando la Vía Láctea era todavía un lugar muy diferente al actual.
Los investigadores insisten en que se trata de resultados preliminares y que el artículo aún debe superar una revisión por pares completa. Aun así, distintos trabajos coinciden en señalar a 3I/ATLAS como un objeto excepcionalmente antiguo y químicamente distinto a cualquier cometa del Sistema Solar observado hasta ahora.
Qué nos dice su composición sobre los primeros sistemas planetarios
Si las estimaciones son correctas, la edad de 3I/ATLAS lo sitúa por encima de los 10.000 millones de años, muy por delante de los 4.600 millones del Sistema Solar. Eso implicaría que se formó poco después de que naciera la Vía Láctea, probablemente en el llamado disco grueso galáctico o en una región muy primitiva de la galaxia.
Los cometas se consideran bloques de construcción planetaria, restos helados del material que no llegó a formar planetas. En ese sentido, 3I/ATLAS sería un fragmento prácticamente intacto de uno de los primeros sistemas planetarios de la galaxia, preservado mientras el resto de su entorno original cambiaba, evolucionaba o incluso desaparecía.
Su química refuerza esta idea. Las proporciones inusuales de carbono-12 y carbono-13, junto con el exceso de deuterio en el agua, apuntan a que el cometa se originó en nubes muy frías y pobres en elementos pesados, condiciones típicas del universo temprano. Estudios adicionales también señalan abundancias elevadas de metanol y otras moléculas orgánicas, en cantidades superiores a las de muchos cometas locales.
Todo ello sugiere que, incluso en esas épocas remotas, ya se estaban formando hielos ricos en carbono y agua, ingredientes clave para la química orgánica compleja. 3I/ATLAS se convierte así en una prueba directa de que los procesos capaces de dar lugar a cometas y, potencialmente, a planetas y atmósferas, estaban en marcha desde muy pronto en la historia de la Vía Láctea.
Para la comunidad científica europea y española, disponer de un objeto así cruzando nuestro vecindario cósmico supone una oportunidad irrepetible de estudiar material de otro sistema estelar sin viajar a años luz de distancia. Cada espectro obtenido y cada medición de su actividad ayudan a reconstruir esa etapa de la galaxia a la que, de otro modo, solo podríamos acceder de manera indirecta. Además, se publicaron guías y recursos para el seguimiento y observación del cometa. Guía de observación
El papel del James Webb y de la misión Juice de la ESA
La estimación precisa de la edad de 3I/ATLAS no habría sido posible sin el Telescopio Espacial James Webb (JWST), que ha permitido medir con una sensibilidad sin precedentes las líneas espectrales de sus gases. Su instrumento NIRSpec ha sido la pieza central a la hora de desentrañar la composición isotópica del cometa.
En paralelo, Europa ha aportado una pieza muy valiosa con la misión Juice de la ESA. Aunque su objetivo principal es el estudio de Júpiter y sus grandes lunas (Ganímedes, Calisto y Europa), la sonda aprovechó su trayectoria para observar a 3I/ATLAS durante su paso por el Sistema Solar interno.
En noviembre de 2025, poco después de que el cometa pasara por su punto más cercano al Sol, Juice activó varios de sus instrumentos para monitorizar su actividad. Los datos, enviados a la Tierra meses después y analizados con calma, revelaron que el cometa estaba expulsando del orden de 2.000 kilogramos de vapor de agua por segundo, una cifra equivalente a llenar unas 70 piscinas olímpicas al día.
Esa tasa de producción, aunque elevada, encaja dentro de lo esperable para un cometa activo que pasa cerca del Sol. Para hacerse una idea, el famoso cometa Halley llegó a generar unos 20.000 kg/s en sus máximos, mientras que el cometa 67P (visitado por Rosetta) rondaba los 300 kg/s. 3I/ATLAS se sitúa, por tanto, en una franja alta pero razonable de actividad.
Los instrumentos de Juice también mostraron que gran parte del vapor de agua no parece salir directamente del núcleo, sino de partículas de polvo helado que rodean al cometa. Además, se detectó una enorme nube de gas y polvo —la coma— con una extensión superior a los 5 millones de kilómetros, formada principalmente por hidrógeno, oxígeno y carbono.
Un cometa exótico con un comportamiento familiar
A pesar de su origen tan lejano en el espacio y en el tiempo, 3I/ATLAS se comporta de manera bastante similar a los cometas del Sistema Solar. Presenta una coma luminosa y al menos dos colas bien diferenciadas, una de polvo y otra de gas, moldeadas por la radiación solar y el viento procedente de nuestra estrella.
Desde el punto de vista de la observación, muchos se preguntan por qué no disponemos de imágenes tan detalladas de 3I/ATLAS como las que vemos de galaxias lejanísimas. La respuesta tiene más que ver con el tamaño y el brillo que con la distancia: el núcleo sólido del cometa probablemente tiene solo unos pocos kilómetros de diámetro y, aunque la coma es extensa, su luz está muy diluida.
Incluso usando telescopios espaciales, el cometa ocupa apenas unos píxeles en el detector. Además, se desplaza rápidamente frente al fondo de estrellas, lo que limita el tiempo de exposición útil antes de que la imagen se vea borrosa. Fotografiar una galaxia, grande y relativamente luminosa, es un reto muy distinto a intentar resolver un objeto tan pequeño, tenue y en movimiento.
En lo dinámico, las observaciones de su paso por las cercanías de Júpiter el 16 de marzo de 2026 han servido para refinar su órbita y comprobar que, aunque viene de muy lejos, su interacción con los planetas se ajusta a lo que la mecánica celeste ya preveía. Esto es especialmente relevante para la defensa planetaria, ya que permite probar y mejorar las herramientas con las que se monitoriza la trayectoria de objetos difíciles de detectar desde Tierra.
Tanto el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOCC) de la ESA, ubicado en Frascati (Italia), como otros grupos europeos y estadounidenses están aprovechando este caso para afinar modelos y protocolos de seguimiento. Aunque 3I/ATLAS no supone una amenaza, su estudio sirve de ensayo general para futuros visitantes, interestelares o no, que puedan representar un riesgo real. De hecho, varias iniciativas de ensayo y coordinación quedan recogidas en análisis sobre defensa planetaria. Campañas de defensa planetaria
Entre la edad estimada de entre 10.000 y 12.000 millones de años, su firma isotópica tan peculiar y las mediciones de actividad realizadas por el James Webb y la misión Juice, 3I/ATLAS se ha ganado un lugar destacado en la astronomía moderna: es un mensajero de una época en la que la Vía Láctea apenas despertaba, un trozo de hielo y polvo que ha vagado miles de millones de años por el espacio interestelar y que, durante un breve instante, nos ha permitido asomarnos a los primeros capítulos de la historia galáctica.




