El balance climático del último año ha dejado un mensaje rotundo: 2025 se situó como el tercer año más cálido desde que hay registros instrumentales, con temperaturas récord en buena parte del planeta y un contexto de calentamiento global que continúa acelerándose. Los datos proceden de los servicios climáticos europeos, que integran observaciones de satélites, estaciones en superficie y modelos avanzados.
Lejos de tratarse de un dato aislado, 2025 encaja en una serie de años excepcionalmente calurosos que confirman la tendencia de un clima cada vez más cálido. Los expertos subrayan que la importancia del informe no reside solo en una cifra concreta, sino en la coincidencia de múltiples indicadores (temperatura del aire, océanos, hielo marino, incendios o estrés térmico) que apuntan todos en la misma dirección.
Un año de récords: tercer más cálido del registro mundial

Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), que opera los servicios de Cambio Climático y Vigilancia Atmosférica de Copernicus para la Comisión Europea, la temperatura media global en 2025 alcanzó los 14,97 ºC. Esto supone 0,59 ºC más que la media del periodo 1991-2020 y consolida el nivel de calentamiento observado en la última década.
En la clasificación histórica, 2025 fue el tercer año más cálido, quedando apenas 0,01 ºC por debajo de 2023 y 0,13 ºC por debajo de 2024, que continúa a la cabeza de la serie. A escala de anomalía respecto a la era preindustrial (1850-1900), el año se situó 1,47 ºC por encima de esos niveles de referencia, lo que lo convierte en el segundo más cálido si se usa ese criterio concreto.
Los datos de Copernicus muestran que enero de 2025 fue el enero más cálido jamás registrado a nivel mundial. Además, marzo, abril y mayo ocuparon el segundo lugar entre los más cálidos de sus respectivas series. Salvo en febrero y diciembre, todos los meses del año batieron los registros previos para esos mismos meses en comparación con cualquier año anterior a 2023.
Los responsables de Copernicus recuerdan que los últimos 11 años han sido, uno tras otro, los más cálidos de la serie histórica. Este encadenamiento de años extremos refuerza la evidencia de un calentamiento continuado, impulsado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano.
En una de las tablas del informe se resume la posición de 2025: temperatura media de 14,97 ºC, anomalía de +0,59 ºC respecto a 1991-2020, desviación de +1,47 ºC frente a la era preindustrial y clasificación como tercer año más cálido desde que hay registros sistemáticos.
Europa y España: un año muy cálido con impactos visibles

En el caso europeo, el informe señala que 2025 también fue el tercer año más cálido para el continente, con una temperatura media de 10,41 ºC. Esta cifra quedó 0,30 ºC por debajo del récord de 2024, pero se situó 1,17 ºC por encima de la media de referencia, consolidando una tendencia de años sucesivos con temperaturas claramente elevadas. Estos cambios tienen consecuencias en clima, océanos, turismo y ciudades del continente.
El documento cita que en el extremo oriental y noroeste de Europa se registraron valores anuales sin precedentes, con situaciones especialmente cálidas en zonas atlánticas y en partes de Asia central. Este patrón incluye, entre otras regiones, sectores del noreste del Atlántico cercanos a Europa y áreas continentales donde las anomalías positivas fueron muy marcadas.
Aunque el informe global detalla en tablas específicas las anomalías de temperatura media anual en España, así como las variaciones de precipitación, el mensaje general para nuestro país es claro: 2025 se catalogó como un año muy cálido en la España peninsular. Las series muestran un aumento sostenido de la temperatura media desde principios de los años sesenta, con los últimos años concentrando la mayoría de los valores más altos.
En cuanto a la lluvia, el texto hace referencia a tablas de precipitaciones medias en los distintos ámbitos geográficos de España, con el porcentaje de precipitación respecto a la media 1991-2020. Aunque los detalles numéricos no se desgranan en el resumen global, se apunta al análisis del “carácter de la temperatura y de la precipitación en 2025 en España” para evaluar cómo el calentamiento interactúa con episodios de sequía o lluvias intensas.
Los escenarios más extremos incluyeron olas de calor prolongadas, especialmente en el verano, y incendios forestales relevantes en distintas zonas de la península. España aparece mencionada expresamente entre las regiones afectadas por grandes fuegos, junto a otros puntos de Europa y América del Norte.
Trienio 2023-2025: por primera vez tres años por encima de +1,5 ºC

Uno de los datos que más preocupa a la comunidad científica es que el periodo 2023-2025 constituye el primer tramo de tres años consecutivos en el que la temperatura global media supera los +1,5 ºC respecto al nivel preindustrial. Se trata del umbral que el Acuerdo de París estableció como referencia para limitar los impactos más graves del cambio climático a largo plazo.
De acuerdo con el ECMWF, el calentamiento global a largo plazo se sitúa actualmente en torno a +1,4 ºC, medido como media sobre periodos más prolongados que un solo año. Sin embargo, los valores anuales más recientes indican que la superación persistente de +1,5 ºC podría llegar hacia finales de esta década, es decir, aproximadamente diez años antes de lo que se contemplaba cuando se firmó el Acuerdo de París en 2015.
Los expertos recuerdan que el umbral de 1,5 ºC no es una línea rígida, sino una referencia aproximada vinculada al riesgo creciente de impactos graves. Aun así, el hecho de que un promedio de tres años ya lo haya superado se interpreta como un síntoma claro de la aceleración del calentamiento y de la dificultad creciente para mantenerlo dentro de los márgenes previstos.
El periodo 2023-2025 fue excepcionalmente cálido por varias razones. En primer lugar, la acumulación continuada de gases de efecto invernadero en la atmósfera, unida a la reducción de la capacidad de absorción natural de CO₂ por parte de bosques y suelos, océanos y otros sumideros, ha incrementado el forzamiento radiativo del sistema climático.
En segundo lugar, se registraron temperaturas de la superficie del mar inusualmente elevadas en prácticamente todos los océanos, asociadas tanto a un episodio de El Niño en los años precedentes como a otros factores de variabilidad oceánica. Aunque en 2025 predominó un patrón cercano a condiciones neutras o de La Niña débil en el Pacífico ecuatorial, los termómetros oceánicos se mantuvieron muy por encima de la media, lo que indica el peso del calentamiento de fondo inducido por la actividad humana.
Océanos al límite y polos en niveles extremos

El informe destaca que la temperatura media global de la superficie del mar alcanzó en 2025 los 20,73 ºC, el tercer valor más alto registrado, solo por detrás de 2024 y 2023. Este calentamiento oceánico persistente tiene consecuencias sobre las pautas meteorológicas, la subida del nivel del mar y los ecosistemas marinos.
En las regiones polares, el año fue especialmente significativo. La Antártida registró su temperatura anual más alta desde el inicio de los registros, mientras que el Ártico alcanzó la segunda más alta. Estas anomalías térmicas se tradujeron en una reducción histórica del hielo marino, con mínimos sin precedentes en algunos momentos del año; la Antártida aparece especialmente afectada.
En febrero de 2025, la cobertura combinada de hielo marino en el Ártico y la Antártida cayó al nivel más bajo observado desde que comenzaron las mediciones por satélite a finales de los años setenta. En el Ártico, la extensión mensual de hielo fue la más baja para esa época del año en enero, febrero, marzo y diciembre, y la segunda más baja en junio y octubre. En el caso antártico, los valores de extensión se mantuvieron igualmente deprimidos, en consonancia con las temperaturas excepcionalmente altas de la región.
Este comportamiento polar refuerza un patrón ya conocido: el calentamiento es especialmente intenso en las altas latitudes, una amplificación que tiene repercusiones en la circulación atmosférica, el nivel del mar y el equilibrio de los grandes mantos de hielo.
Además de las zonas polares, se registraron temperaturas anuales récord en el noroeste y suroeste del Pacífico, así como en el noreste del Atlántico. Parte de estas áreas oceánicas se encuentran en las inmediaciones de Europa, lo que ayuda a explicar algunas de las anomalías observadas en el continente durante 2025.
Estrés térmico, salud y calidad del aire
Más allá de las cifras globales, el informe subraya las consecuencias directas del calor sobre la población. Aproximadamente la mitad de la superficie terrestre mundial experimentó en 2025 más días de lo normal con estrés térmico intenso, definido como una temperatura percibida igual o superior a 32 ºC. La Organización Mundial de la Salud identifica este estrés térmico como la principal causa de mortalidad relacionada con el clima a escala global.
En Europa, las olas de calor fueron especialmente persistentes en algunas zonas, con noches tropicales frecuentes y valores diurnos que se mantuvieron muy por encima de la media. En países mediterráneos como España, estas condiciones se tradujeron en aumentos de la demanda energética para refrigeración, impactos en la salud de colectivos vulnerables y complicaciones adicionales para sectores como la agricultura y la gestión del agua.
Las altas temperaturas combinadas con ambientes secos y ventosos favorecieron también la aparición de incendios forestales excepcionales. El Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS) señala que partes de Europa, incluida España, registraron sus mayores emisiones anuales totales por incendios, en paralelo a episodios muy intensos en América del Norte.
Estos fuegos emitieron grandes cantidades de carbono y contaminantes atmosféricos tóxicos, como partículas en suspensión finas y ozono troposférico. El resultado fue una degradación significativa de la calidad del aire, con efectos potencialmente nocivos para la salud humana tanto a nivel local como a escala regional, debido al transporte de humo a largas distancias.
El informe recuerda que estos episodios se enmarcan en un año con fenómenos extremos frecuentes: olas de calor récord, tormentas severas en Europa, Asia y América del Norte, e incendios de gran magnitud en áreas como España, Canadá o el sur de California. Todo ello contribuye a un cuadro climático cada vez más volátil.
Ciencia, datos y margen de incertidumbre
Los servicios climáticos europeos insisten en que los resultados se basan en los mejores datos disponibles y en sistemas avanzados de monitorización. Copernicus se ha consolidado como una de las principales herramientas científicas a escala global para seguir la evolución del clima, especialmente tras la interrupción o limitación de algunos programas en otros organismos internacionales.
Las instituciones que participan en el programa -entre ellas el ECMWF y centros académicos y científicos europeos– señalan que el grado de fiabilidad de las estimaciones actuales es muy elevado, tanto en términos de tendencias como de anomalías anuales. Aun así, subrayan que todo análisis climático está sujeto a un margen de error e incertidumbre, ya que nunca es posible muestrear el planeta de forma totalmente perfecta.
En el plano técnico, el informe menciona el concepto de sensibilidad climática terrestre, es decir, el grado de calentamiento que se produce por cada unidad de CO₂ emitida a la atmósfera. Los próximos años, y en particular la próxima década, se consideran clave para acotar mejor ese valor y comprender cómo responden los distintos componentes del sistema climático (atmósfera, océanos, criosfera, biosfera) de forma individual y en cascada.
Responsables de Copernicus, como Carlo Buontempo y Laurence Rouil, insisten en que la actividad humana sigue siendo el factor dominante detrás de las temperaturas extremas observadas. Los gases de efecto invernadero atmosféricos han aumentado de manera constante durante la última década, reforzando la señal de calentamiento. La atmósfera, apuntan, “está enviando un mensaje que conviene escuchar” a la hora de diseñar políticas climáticas y de calidad del aire.
En palabras de los responsables europeos, el mundo “se está acercando rápidamente al límite de temperatura a largo plazo del Acuerdo de París”. Asumen que el rebasamiento de ese umbral resulta ya difícil de evitar, y que la cuestión clave pasa a ser cómo gestionar ese sobrepaso y sus consecuencias para las sociedades y los ecosistemas, mediante medidas de mitigación y adaptación fundamentadas en la evidencia científica.
Con todos estos elementos sobre la mesa -tercer año más cálido, océanos en máximos, polos en mínimos de hielo, estrés térmico creciente y un trienio por encima de +1,5 ºC-, el balance que dejan los datos de 2025 es el de un sistema climático que sigue calentándose de forma sostenida y en el que cada décima de grado y cada año cuentan para definir el futuro climático de Europa, España y el conjunto del planeta.