2025, el año más caluroso: récords de temperatura y eventos extremos

  • 2025 se consolida entre los años más calurosos jamás registrados a escala global, con Europa y Reino Unido batiendo marcas históricas.
  • El calentamiento impulsado por la actividad humana agrava olas de calor, sequías, incendios e inundaciones, con impactos muy desiguales entre regiones y grupos sociales.
  • Reino Unido registra en 2025 su año más cálido y soleado desde que hay datos, con una media anual de 10,09 ºC y 1.648,5 horas de sol.
  • Científicos del WWA y organismos como Copernicus y la Met Office urgen a combinar adaptación y recortes drásticos de emisiones ante el límite de los sistemas de respuesta.

Mapa del año más caluroso

El 2025 se cierra como uno de los años más calurosos jamás registrados en el planeta, encadenando una sucesión de récords que refuerza la señal del calentamiento global. Los datos de organismos como el programa europeo Copernicus, la Organización Meteorológica Mundial y servicios meteorológicos nacionales apuntan a un escenario en el que los años excepcionales empiezan a convertirse en la nueva normalidad, como muestran los registros continuos de temperatura.

Esta anomalía térmica no se limita a las medias globales: Europa y, en particular, el Reino Unido han vivido un año sin precedentes, con registros históricos de temperatura y horas de sol. Paralelamente, el aumento del calor ha amplificado la intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, sequías, incendios forestales extremos e inundaciones, con impactos especialmente severos en las poblaciones más vulnerables.

2025, entre los años más calurosos del planeta

Según el sistema europeo de monitorización Copernicus, 2025 se perfila como el segundo año más cálido a escala global, solo por detrás de 2024 y en niveles muy similares a 2023. Las temperaturas medias se han situado claramente por encima de los valores preindustriales, consolidando una tendencia al alza que se viene observando desde hace décadas.

Las últimas estimaciones científicas muestran que el promedio de calentamiento de los últimos tres años ha superado temporalmente el umbral de 1,5 ºC fijado en el Acuerdo de París como referencia crítica. Aunque esto no implica que el límite se haya traspasado de forma permanente, muchos expertos interpretan este comportamiento como una señal de alarma clara sobre la velocidad del cambio climático.

El grupo científico World Weather Attribution (WWA), integrado por investigadores de universidades europeas como el Imperial College de Londres, ha analizado durante 2025 un total de 22 eventos meteorológicos extremos con alto impacto social en África, América, Asia, Europa y Oceanía. En 17 de ellos determinaron que el cambio climático causado por el ser humano los hizo más probables o más intensos; en los cinco restantes, las limitaciones de datos y modelos impidieron conclusiones firmes.

Entre los episodios con huella clara del calentamiento se incluyen olas de calor récord, grandes incendios forestales, lluvias torrenciales e inundaciones. Para los investigadores, el patrón es inequívoco: un clima más cálido incrementa el riesgo de fenómenos extremos y eleva el coste humano, económico y ambiental de cada episodio.

Calor extremo y cambio climático

Europa, olas de calor y un Mediterráneo cada vez más vulnerable

En el ámbito europeo, las olas de calor de 2025 han sido especialmente mortíferas. El WWA recuerda que la mayoría de las muertes asociadas al calor no aparecen con precisión en las estadísticas oficiales, pero un estudio reciente estima que solo una ola de calor veraniega habría causado alrededor de 24.400 fallecimientos en Europa.

Las investigaciones de atribución climática señalan que episodios de calor extremo en países como Noruega, Suecia o Inglaterra fueron significativamente intensificados por el cambio climático de origen humano. En latitudes tradicionalmente más templadas, la población, las infraestructuras y los sistemas sanitarios siguen sin estar totalmente preparados para lidiar con periodos prolongados de temperaturas muy elevadas.

En el entorno del Mediterráneo, los incendios forestales han vuelto a situarse en el centro de la preocupación. El verano de 2025 dejó una oleada de grandes fuegos en distintas zonas del Mediterráneo oriental y del sur de Europa, alimentados por una combinación de altas temperaturas, déficit de humedad en el suelo y episodios de viento intenso.

Los científicos del WWA subrayan que el calor excepcional crea condiciones ideales para los incendios, pero recuerdan que la magnitud final de los desastres depende también de factores humanos como la gestión del territorio, el urbanismo y el nivel de preparación. La falta de planificación en áreas de interfaz urbano-forestal agrava los riesgos para la población y dificulta las labores de extinción.

Este desequilibrio se refleja también en la capacidad de respuesta de cada país: los sistemas de alerta temprana, la calidad de las infraestructuras y los recursos de protección civil marcan la diferencia entre un evento extremo con daños acotados y una catástrofe de gran escala.

Reino Unido: año más cálido y más soleado desde que hay registros

Récord de calor en Reino Unido

En el ámbito europeo, uno de los ejemplos más claros del 2025 es el del Reino Unido, que ha registrado su año más caluroso y soleado desde que existen datos. Las cifras publicadas por la Met Office, la agencia meteorológica nacional, sitúan la temperatura media anual en 10,09 ºC, por encima del anterior récord de 10,03 ºC alcanzado en 2022.

Se trata de la segunda vez desde 1884 que la temperatura media anual británica supera la barrera de los 10 grados, un umbral simbólico que refleja la magnitud del cambio. De hecho, los diez años más cálidos del registro se concentran en las dos últimas décadas, y cuatro de los últimos cinco años figuran entre los cinco más calurosos de toda la serie.

El 2025 también ha sido el año con más horas de sol jamás medido en el Reino Unido desde el inicio de los registros en 1910. Se contabilizaron unas 1.648,5 horas de insolación, lo que supone 61,4 horas más que el anterior máximo, establecido en 2003. Esta combinación de temperaturas altas y abundante sol ha marcado un antes y un después en la climatología del país.

La Met Office atribuye estos registros a una mezcla de factores: sistemas persistentes de alta presión y mares inusualmente cálidos que favorecieron la estabilidad atmosférica y el predominio de condiciones secas y despejadas durante buena parte del año. Para los expertos británicos, la frecuencia creciente de años récord encaja plenamente con lo que cabía esperar de un clima que se calienta por la acción humana.

Responsables científicos del organismo, como Mark McCarthy, destacan que las observaciones y los modelos climáticos coinciden en que el calentamiento global antropogénico está influyendo de forma clara en el clima del Reino Unido. Eso no significa que cada año vaya a batir un récord, pero sí que las probabilidades de años extremadamente cálidos son cada vez mayores.

Eventos extremos, límites de adaptación y desigualdad climática

Impactos de las olas de calor

Más allá de los promedios de temperatura, lo que más preocupa a la comunidad científica es cómo este calentamiento se traduce en eventos extremos más dañinos. En 2025, el WWA documentó un total de 157 fenómenos relevantes a nivel mundial, entre ellos olas de calor extremas, inundaciones repentinas, sequías prolongadas, incendios de gran intensidad y ciclones tropicales devastadores.

Las olas de calor se confirmaron como el tipo de evento más letal del año. En varias regiones, los análisis de atribución climática concluyen que episodios de calor extremo habrían sido hasta diez veces menos probables sin el calentamiento causado por la actividad humana. El impacto sobre la salud pública, especialmente en personas mayores y con patologías previas, sigue infravalorado por los sistemas estadísticos.

Los ciclones tropicales y grandes tormentas también dejaron un rastro de destrucción, con miles de víctimas y pérdidas económicas multimillonarias en Asia y el sudeste asiático. Casos como el huracán Melissa, que golpeó con fuerza a Jamaica y a otras islas caribeñas, ilustran que incluso con altos niveles de preparación es imposible evitar todos los daños cuando la intensidad de las tormentas supera ciertos umbrales.

Los investigadores insisten en la necesidad de invertir de forma decidida en medidas de adaptación: sistemas de alerta temprana, planes de evacuación, infraestructuras más resilientes, ordenación del territorio y refuerzo de los servicios sanitarios ante olas de calor o inundaciones. A su juicio, muchas muertes y daños podrían haberse evitado con actuaciones oportunas y bien planificadas.

Sin embargo, figuras como el investigador Theodore Keeping recuerdan que la adaptación tiene límites. A partir de cierta intensidad de los fenómenos, incluso las sociedades mejor preparadas sufren pérdidas humanas y materiales significativas. Por eso, los científicos recalcan que la reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo esencial para frenar el calentamiento y contener los peores impactos.

Desinformación, polarización y justicia climática

La profesora de Ciencias del Clima Friederike Otto, cofundadora del WWA, advierte de que 2025 no solo ha sido un año devastador en términos climáticos, sino también en términos de desinformación. El auge de movimientos negacionistas y de fuerzas políticas ultraconservadoras ha convertido el cambio climático en una especie de “guerra cultural” en varios países.

Según Otto, la información falsa o manipulada sobre el clima tiene consecuencias muy tangibles. En algunos desastres recientes registrados en Estados Unidos, parte de la población ignoró las órdenes de evacuación y las advertencias de los sistemas de alerta porque no creía en la gravedad del problema, con resultados trágicos. En esos casos, la desconfianza alimentada por bulos terminó costando vidas.

El informe anual del WWA también pone el acento en la injusticia climática. Los impactos más severos recaen con frecuencia sobre los países del Sur Global, que tienen menos responsabilidad histórica en las emisiones y un acceso más limitado a recursos para adaptarse. A esto se suma la falta de datos meteorológicos de calidad en muchas regiones, lo que complica la elaboración de estudios robustos.

Esta asimetría se traslada incluso al ámbito científico: los modelos climáticos utilizados se han desarrollado mayoritariamente para condiciones del Norte Global, lo que introduce incertidumbres adicionales cuando se aplican a otras zonas. Para los autores del informe, esta base desigual en la ciencia del clima refleja las mismas inequidades estructurales que atraviesan toda la crisis climática.

Dentro de las sociedades, las mujeres y los niños a menudo soportan una carga desproporcionada. Las responsabilidades de cuidado no remunerado, la menor presencia en puestos de decisión y la interrupción de la educación por cierres escolares durante olas de calor o inundaciones refuerzan las brechas de género y limitan las oportunidades a largo plazo.

En paralelo, 2025 también estuvo marcado por un hecho relevante en el plano jurídico internacional: el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas dejó claro en un pronunciamiento histórico que los Estados tienen la obligación legal de adoptar medidas para limitar el calentamiento global. Este tipo de decisiones refuerzan el marco normativo que presiona a gobiernos y empresas a acelerar la transición energética.

Todo este conjunto de datos, récords y advertencias científicas dibuja un panorama en el que los años excepcionalmente calurosos dejan de ser una rareza para encadenarse uno tras otro, especialmente en Europa y sus alrededores. El 2025 se suma así a una lista creciente de años de calor récord, con Reino Unido como uno de los ejemplos más claros, y pone sobre la mesa la urgencia de combinar adaptación, reducción de emisiones y mejor información pública para afrontar un clima que ya ha cambiado de forma apreciable.

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