Una exposición prolongada al ozono aumenta el riesgo de morir por enfermedad respiratoria

Mapa de exposición al ozono

Mapa en el que se muestran las concentraciones medias de ozono durante el periodo 1977-2000 en las 96 regiones incluidas en el estudio.

Según un estudio elaborado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de España, centro aliado ISGlobal, y que se ha publicado en la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, las personas con una exposición prolongada al ozono tienen más riesgo de morir por enfermedades respiratorias.

A partir de los datos de un estudio estadounidense que se inició en 1982, los científicos descubrieron que por cada 10 partes adicionales por mil millones (ppb) en la exposición a largo plazo al ozono, el riesgo de muerte por problemas respiratorios aumenta en un 12%.

Pero además encontraron que el riesgo era mayor para la diabetes (16%), seguido de arritmias, problemas del corazón, insuficiencia cardiaca y paro cardíaco (15%), y por enfermedad pulmonar obstructiva (14%).

Si bien la contaminación por ozono ha disminuido en los Estados Unidos, ”cerca de 130 millones de personas vivan en áreas que exceden la norma nacional ambiental de calidad del aire”, explica Michael Jerrett, investigador de la Universidad de California y coautor del estudio.

Los investigadores analizaron los datos de los casi 670.000 registros del Estudio de Prevención del Cáncer de la Sociedad Americana del Cáncer, y equipararon la causa de muerte de la muerte de personas de más de 22 años con los datos de la calidad del aire de los Centros para el Control de Enfermedades, teniendo en cuenta las partículas finas de contaminación (PM2.5) que es una casa de mortalidad prematura y el dióxido de nitrógeno (NO2) que procede de la contaminación.

Coches

Los resultados los sorprendieron a todos, ya que descubrieron que las PM2.5 procedentes de fuentes cercanas, como las del tráfico, estaban más asociadas con muertes por problemas del corazón que las PM2.5 regionales atribuibles a la quema de combustibles fósiles, hasta el punto de que por cada aumento de 10ppb del primero, la tasa de mortalidad se elevó un 41%, en comparación el 7% del de origen regional.

Estos resultados ”nos dan una imagen más clara sobre los efectos dañinos de la contaminación del aire”, dijo Michelle C. Turner, autora principal del estudio e investigadora en el Centro McLaughlin para le Evaluación de Riesgos en Salud Poblacional, en Ottawa (Canadá).

Así pues, quizás sea el momento de dar una oportunidad a las energías renovables para no empeorar la calidad del aire.

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